miércoles, 5 de diciembre de 2007

Hombre en Llamas

Twisted Ink Productions Presents:

Hombre en Llamas
By Chebing



El gran incendio fue hace treinta y cinco años y sin embargo, lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Yo tenía tu edad, era un cálido día de verano y nadie hubiera podido siquiera imaginar los eventos que sucederían esa tarde. Pero antes de hablarte sobre eso, quiero empezar desde el principio, para que luego, opines sobre lo que quizás haya pasado, ya que nadie lo sabe a ciencia exacta y al parecer, nadie lo sabrá. Estos treinta y cinco años no sirvieron para nada más que para crear más dudas y misterio alrededor de la figura del pianista.

Todo comenzó hace cincuenta años, yo no era más que un bebe en la panza de mi madre cuando el pianista se mudó al pueblo. Al principio todos lo conocían como “el nuevo” y con el pasar de los años, ese sobrenombre cambió para dar origen al actual. Él era un hombre correcto, de pocas palabras, educado y muy talentoso. No hay persona en el pueblo que haya tenido alguna discusión con él y los pocos que lo conocían decían que era un gran hombre.

Él se mudo en busca de una casa para su nueva familia que estaba compuesta de su mujer y su niño de cuatro años. Compraron una gran casa en las cercanías del bosque, en los alrededores del pueblo. Esto había sido así porque él tocaba el piano todo el día, y no quería molestar a los vecinos. Además, dicen que era un hombre que disfrutaba de su espacio, le gustaba estar tranquilo sin molestar a nadie y sin que nadie lo moleste a él.

Al poco tiempo, empezó a dar clases de piano a los hijos de los vecinos, y cuando se corrió la voz, tenía tantos aprendices que tuvo que empezar a cobrar para ensañarles. Sin embargo, su mejor alumno era su propio hijo, quien había empezado a tocar desde los tres años.

Así pasó el tiempo, y pronto todo el pueblo le había tomado cariño a él y a su familia, que se encontraba entre las más respetadas del pueblo. La vida del pianista era perfecta, o por lo menos así lo parecía.

Al poco tiempo de cumplir los dieciocho, su hijo dejó de tocar el piano. Mucha gente dice que esto fue la base para el colapso psicológico del pianista. Luego, él también dejó de tocar el piano, y su hijo se tuvo que hacer cargo de los aprendices. Gradualmente, éstos dejaron de asistir a su casa, hasta que solo quedaron los amigos de su hijo, que iban en dos grupos de tres personas cada uno.

Es en este punto de la historia que no podemos saber exactamente qué pasó. Lo que estoy a punto de relatar es el resultado de años de investigación policial sumado a los rumores que corrían sobre el pianista y su familia. La extraña sucesión de eventos que derivó en el incendio es resultado de la personalidad de este último y de los secretos que escondía el pueblo, secretos demasiados oscuros para que el pianista pueda vivir con ellos.

Todo empezó con los amigos de su hijo, ellos eran los únicos alumnos que quedaban en todo el pueblo, e iban a practicar una vez por semana a su casa. Lo raro es que ninguno de ellos parecía tener el más mínimo conocimiento de música y menos aún, de piano. Esto despertó la curiosidad del pianista, quien un día decidió bajar a espiar la clase que llevaba adelante su hijo.

Al parecer no había nada fuera de lo normal, sin embargo algo llamó su atención. Al principio no supo qué era, por lo cual necesitó espiarlos durante un par de semanas para descubrir qué no encajaba en esa situación.

Con mucha paciencia descubrió qué estaba fuera de lugar, se dio cuenta que el primer y último alumno acomodaban demasiado la silla del piano, pero que no lo hacían cuando eran los segundos o terceros, solo cuando era primero y ultimo. Además, esta costumbre de sobre-acomodar la silla la hacían todas las clases, todas las semanas, sin importar cuál de ellos sea el primero en sentarse a tocar.

Cuando descubrió esto, esperó hasta que la casa esté vacía y fue a revisar la silla del piano. Al principio no parecía haber nada extraño en ella, era una silla común y corriente sin nada sospechoso. No fue hasta que tocó el soporte de la misma cuando se dio cuenta de lo qué estaba pasando.

Los amigos del hijo usaban como excusa las prácticas en su casa para traficar droga, más precisamente marihuana, la cual era escondida en la parte inferior de la silla. Además, le daban parte del dinero del tráfico de drogas a su hijo, quien no debía decir nada del asunto. El método era bastante simple, el primer alumno era el encargado de retirar la droga y el último de dejar el dinero. Luego, en el transcurso de la semana, venía el segundo grupo que hacía un trabajo parecido. El primer integrante sacaba el dinero mientras que el último volvía a dejar la bolsa de marihuana.

El pianista, completamente sorprendido por lo descubierto, llamó inmediatamente a la policía y le contó lo que estaba pasando, como era de esperarse, también dijo que su hijo era cómplice. Rápidamente las sirenas despertaron a todo el pueblo, que moría de intriga por saber lo qué estaba pasando. Estas sirenas se detuvieron en la casa del pianista, lo cual era impensado para la mayoría de los habitantes. Mayor fue su sorpresa cuando vieron al hijo del pianista siendo arrestado.

En un pueblo tan pequeño, las noticias viajan muy rápido, más aun que la policía. Esto les permitió a los traficantes esconderse en las cercanías hasta idear algún plan para escapar. El lugar elegido fue el bosque, cerca de la casa del pianista.

Hasta este punto de la historia, todo el pueblo está de acuerdo en que así sucedieron los hechos, sin embargo, de aquí en adelante, las opiniones están muy divididas en dos grandes teorías, de las cuales, nunca sabremos cuál es la correcta.

La policía había encerrado al hijo del pianista y ahora estaba buscando a los traficantes, pero no sabían el escondite de los mismos. La orden que se esparció por el pueblo fue la de estar cada uno en su casa, para facilitar el trabajo de los representantes de la Ley y avisar si veían algo sospechoso.

A las horas, llegada la noche, se escucharon las sirenas de los bomberos atravesando el pueblo a toda velocidad, yendo directo a la casa del pianista. Todos empezamos a salir a la puerta de nuestras casas, para ver qué estaba sucediendo cuando de repente alguien gritó que se incendiaba la casa del pianista. Todos fuimos corriendo a ver el incendio, pero más impresionante que éste era la imagen macabra que se desprendía de la casa. Pronto las llamas serían lo menos importante.

Reunido a metros de la casa del pianista se encontraba todo el pueblo, presenciando la destrucción ocasionada por el fuego, que rápidamente empezó a consumir el bosque cuando la casa no le alcanzó para saciar su apetito. Más cerca que nosotros se encontraba la policía que trabaja en conjunto con los bomberos y que había apresado a los traficantes, quienes, al parecer, habían salido corriendo del bosque antes que éste se prenda fuego, con temor por sus vidas pero a la vez placer por la venganza que se estaba cobrando el fuego contra su delator, contra quien los traicionó.

Pero sin duda lo que nadie jamás olvidará de ese trágico día era la melodía que se escuchaba desde la casa. El pianista y su mujer todavía estaban adentro, y todos los intentos de rescatarlos eran en vano. Mientras el fuego consumía la madera, los muebles, la casa, el pianista tocaba por primera vez en meses pero por última vez en su vida. La melodía era Sonata Luz de Luna, su canción preferida.

Recuerdo la gente llorando, nerviosa, gritándole al pianista para que abandone la casa, los bomberos intentando apagar el fuego, y por sobre todas las cosas, el paisaje que hacían las llamas, el humo, la luna, la casa y el sonido del piano, hermoso, pero a la vez cargado de tristeza. Todo esto formaba la imagen más armoniosa que he visto hasta el día de hoy. Todos los elementos se fusionaban en uno, en la voluntad del pianista de no abandonar la casa, de no salvarse, y en vez de eso, de regalarnos sus últimas notas.

Al poco tiempo, el sonido se detuvo junto con la vida del pianista, junto con las cenizas que pronto quedarían del piano y de la casa, junto con la tristeza de una de las personas más nobles que el pueblo haya conocido.

La policía nunca pudo probar que el incendio fuera ocasionado por los traficantes, tampoco habían pruebas suficientes para declararlo como accidente. Mucha gente dice que fueron los criminales en busca de venganza, los más optimistas dicen que fue un accidente y los más retorcidos opinan que el pianista fue el responsable de prender fuego su casa.

Sin importar cuál haya sido el causante del incendio, el pueblo tampoco sabe por qué no intentó escapar, si bien porque era demasiada la vergüenza de que su hijo sea cómplice de tráfico de drogas o si bien porque no podía soportar que quien estaba destinado a seguir sus pasos, a hacer inmortal su nombre, le haya dado la espalda a su legado, a lo que significaba el mundo para él; su piano.

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Este relato es un homenaje a una de las mejores series de todos los tiempos; Detective Conan