
Twisted Ink Productions &
Broken Heart Memories Presents:
L.O.V.E.
By Chebing
“[…] Todo esto me sirvió para darme cuenta que cuando estás triste, yo también lo estoy, y que cuando te lastimo, no hago más que lastimarme a mi mismo. ¿Aceptarías las más sinceras disculpas de este tonto que se ha equivocado tanto? Eres el mundo para mí, lástima que tardé en darme cuenta”
Lagrimas caían por el rostro de Cecilia, no podía evitar emocionarse ante tal demostración de amor. Esto no era desaprovechado por Alejandro, quien utilizaba la situación como una excusa para abrazarla. Era la tercera vez que veían la película y el resultado era siempre el mismo, ella lloraba y él la abrazaba.
Cecilia era una mujer que disfrutaba de la rutina, le tenía miedo a las cosas nuevas y una vez que encontraba algo que le gustaba, se quedaba con eso. Ale también disfrutaba de la rutina, pero de vez en cuando necesitaba algo nuevo para no aburrirse de hacer siempre lo mismo. Esta es, probablemente, la raíz del problema que inspiró este relato.
En un lluvioso día de invierno, Cecilia se sentía mal, le dolía la panza (o por lo menos, eso decía), mientras que Ale estaba ansioso por ir a una fiesta que celebraba su mejor amigo, Carlos, por el estreno de su casa nueva. Cecilia también estaba invitada, sin embargo, su salud no le permitía asistir. Ale, conocedor de estas excusas, se enojó con Cecilia y le dijo que él iba a ir solo si así fuese necesario, que él no se perdería la fiesta, y que ella tampoco debería hacerlo.
Como era un hombre de palabra, Ale se vistió, le dio un beso a su pareja, le deseó una rápida recuperación y se fue a la fiesta. Cecilia se quedó en cama pensando en lo que había dicho Ale, hasta que el sueño la venció y se quedó dormida.
Ale la estaba pasando genial, sin embargo, no podía dejar de pensar que tal vez los dolores de panza de Cecilia eran ciertos, y por eso, no podía disfrutar de la fiesta. Decidió que lo mejor era volver a su casa, no sin antes comprar unas flores en el camino, para esto, fue al cuarto de Carlos a buscar su abrigo.
Cecilia se despertó, miró el reloj, eran las dos de la mañana y Ale no había vuelto. Decidió ir a la fiesta, haciendo caso omiso a sus dolores de panza, si es que éstos eran ciertos. Se vistió, maquilló y pidió un taxi.
Ale estaba bastante desinhibido, el alcohol había empezado a hacer efecto. Es curioso el poder que tienen las mujeres en los hombres, además de la increíble habilidad de hacer que ellos hagan lo que ellas quieren, y ésta no había sido la excepción. Resulta que cuando Ale estaba subiendo las escaleras, se encontró con una hermosa mujer sentada en los primeros escalones, con un trago en la mano y una expresión de tristeza en su rostro. Nuestro caballero le preguntó si pasaba algo malo, y la mujer respondió que nadie quería hacerle compañía.
Los demonios en la cabeza de Ale empezaron a debatir, pensamientos sobre Cecilia invadían su mente como si fueran evidencia en el juicio de un asesinato. Y de pronto, no quiso pensar más, no quiso obedecer a la razón, no quiso dejar sola a esta hermosa mujer.
Se sirvieron varios tragos mientras conversaban sobre ellos mismos. Él le contó que trabajaba en el sector finanzas de una mediana empresa, ella era la dueña de un bar en una zona céntrica de la ciudad.
A medida que pasaban los tragos, la conversación se volvía más privada, él se enteró que a ella la había dejado el marido por una mujer más joven y hermosa. Ale no pudo entender esto, ya que consideraba a esta extraña mujer como una de las más lindas que había conocido. A ella le cautivó el hecho de que Ale la tratara con respeto, escuchándola y sin querer conquistarla, algo que ella encontraba imposible en otros hombres.
Cecilia se bajó del taxi y entró en la casa, la música estaba bastante alta y el lugar lleno de gente. Buscó con la vista a Ale y no lo encontró por ningún lado, empezó a recorrer la casa pero tampoco tuvo suerte. Cuando lo vio a Carlos lo felicitó por su nueva casa, por la fiesta y le preguntó dónde estaba Ale, él no supo responder esta pregunta y a paso nervioso empezó a subir las escaleras.
Cecilia era una mujer inocente pero no tonta. Rápidamente entendió que había algo fuera de lugar y lo siguió a Carlos, quien había corrido hasta la puerta de una habitación. Éste abrió la puerta pero no entró, solo dijo unas palabras acompañadas de unas señas y se fue. Cecilia no se movió de su lugar y a los pocos minutos, su espera fue recompensada.
Alejandro y la extraña mujer salieron de la habitación y Cecilia salió de su escondite. Ella les gritó, se enfureció, rompió algunas cosas y le pegó una cachetada al hombre. Luego, sujetando su abrigo y dejando caer algunas lágrimas en el camino, se fue corriendo a la salida. Ale no intentó detenerla.
Durante semanas ninguno de los dos intentó hablar con el otro, Ale necesitaba un tiempo para darse cuenta de lo mucho que la quería y ella necesitaba un tiempo para saber hasta dónde era capaz de llegar por su amado. Esta incomunicación fue interrumpida por un llamado de él en donde la invitaba a cenar a su lugar preferido. Ella le dijo que si él quería verla, que tendría que ser en su casa. Ale aceptó de inmediato y le dijo que esa misma noche él estaría por allí.
Ella fue a buscar la cena y las bebidas. Había preparado su comida preferida acompañada de su vino favorito. Él estaba muy feliz de tener una cena a la luz de las velas tal cual como la había soñado.
Ale le había dedicado tres páginas de su propio puño y letra a Cecilia, quien lloraba con cada renglón que leía, quien perdía el control de sus manos que temblaban con cada gota de tinta plasmada en el papel. La carta, además, tenía fragmentos de su película preferida. Sin embargo, el párrafo que más le gustó es el que decía: “Espero que me perdones, no solo eso, que aceptes un pequeño regalo que tengo para vos, un anillo, que simboliza nuestra unión y mi compromiso hacia vos, mi, quizás, futura esposa”
Las lágrimas siguieron bajando por la cara de Cecilia, estaba muy emocionada y sabía que tenía que ir en busca de su amado. Se acercó a él y tocó su hombro, no podía parar de llorar. Antes de hablar, tomó un trago del vaso de Ale y le dijo:
“Gracias por todo, mi amor. He estado muy equivocada y necesito tu perdón, solo espero que no sea demasiado tarde”
Al decir esto, se sentó en su regazo y lo abrazó a la altura del cuello. Inmediatamente se puso el anillo en el dedo, solo quedaban unos segundos antes de que el veneno haga efecto en ella también.
3 comentarios:
L. O. V. E. ?
como la cancion de ashlee simpson ? jajajaajaa
pero qué vengativa esta la gente hoy en dia.
y claro :
- aaah, maldito, te vas de joda y me dejas a mi sola con dolores de estómago ? aaah no way.
- y encima me metes los cuernos con una minita ?? no wayyy
estan buenos esos finales. muy romeo y julieta, pero sin pedir permiso, claro.
hay una novela de agatha christie que tiene una vuelta similar al final.
y bueno, hombres... be careful
algo mas.. adonde fue a parar la otra flaca ?
muy bueno, todo los relatos hasta el momento tiene unos finales que podrian ser predicibles pero la forma en que estan escritos no los ves venir. los voy a poner los link en mi blog ya que entre otras cosas me dedico a la literatura. Exitos
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