domingo, 30 de diciembre de 2007

Burning Boy


Twisted Ink Productions
Presents
:

Burning Boy
By Chebing

¿Papá, no ves que me estoy quemando?

Me desperté sobresaltado, esa pesadilla nuevamente atacaba mi cerebro, hacía días no me dejaba dormir. Me levanté de la cama y estuve unos minutos intentando calmar mis nervios, era esencial para mi misión. Tomé todo lo necesario, lo desperté y emprendimos nuestro viaje, debíamos llegar al campo de batalla antes del amanecer. Esta vez la fuerza de los soldados se mediría en territorios ajenos a los nuestros, en tierras neutrales, así que debía ir a asegurarme de que aquellas tierras no estuvieran encantadas y además era mi trabajo realizar hechizos protectores sobre nuestros hombres.

En cuanto llegamos empezamos con nuestro trabajo, pude notar la cara de alivio que tenían nuestras tropas y la gran confianza que tenían en la victoria. Por suerte mi hijo me ayudaba y el trabajo se hacía el doble de rápido. El sol lentamente se iba avecinando por lo lejos, la batalla estaba por comenzar. Cuando terminamos nuestro trabajo, recibimos las instrucciones del comandante, yo debía esperar a que la pelea estuviera casi terminada para luego infiltrarme en las líneas enemigas y secuestrar a su líder militar.

De pronto escuchamos un ruido, era más bien un grito, un grito de guerra, nuestros enemigos habían llegado. Nuestro comandante dio la orden y nuestras tropas avanzaron a toda velocidad a través del campo hasta encontrarse cara a cara con la muerte. Mi hijo y yo nos quedamos atrás, observando la pelea.

Rápidamente, los adversarios conformaban una pila de cadáveres esparcidos por las tierras en las que habían fallecido, era un paisaje terrible. Mi momento había llegado, debía llevar a cabo mi misión. Le pedí a mi hijo que se encargue de curar a nuestras tropas y partí hacia mi destino. Pasé entre soldados muertos, moribundos, heridos, y ninguno hizo nada para detenerme, luego, me volví uno con las sombras y llegué hasta el bunker donde estaba alojado el “premio”.

Me sorprendió la desolación en la cual se encontraba el lugar, era obvio que habían mandado a todos sus soldados al ataque y habían quedado indefensos ante la menor de las amenazas, tenía el camino libre, y esa era una oportunidad que no debía desperdiciar.

Me abrí camino hacia el edificio principal, en donde debía estar esperando el objetivo, encontré tan solo dos guardias protegiendo la puerta, fue fácil carbonizarlos con el más básico de mis hechizos de fuego. Seguí mi camino hacia el salón principal, no había nadie más vigilando, abrí la puerta y encontré a su líder, junto a él estaba un sólo soldado, el cual quedó congelado por otro de mis hechizos a los pocos segundos.

Volví a conjurar las palabras una vez más, esta vez para que el objetivo caiga desmayado ante mis pies, lo tuve que cargar en mis hombros y antes de que me diera cuenta, había cumplido mi misión. Abandoné el edificio, miré para todos lados, seguía estando desierto, procedí hacia el bosque, estaba a punto de escapar cuando escuché un disparo.

Miré hacia atrás, vi que a lo lejos había un guardia que había sido destrozado por magia negra, luego, me di cuenta que a mis pies estaba mi hijo, sangrando en el suelo, se había puesto en el camino de la bala y su padre. Tiré al hombre al suelo, sólo me preocupaba mi hijo, conjuré un hechizo para que deje de perder sangre y rápidamente hice una señal en los cielos para que vinieran en mi ayuda.

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Habían pasado cinco noches, estaba exhausto. Desde que le dispararon que no había podido conciliar el sueño, me la pasaba toda la noche yendo y viniendo con trapos húmedos para ponerle en la frente, para intentar calmar su fiebre, para intentar causar el milagro que lo salve de las manos del mundo de los muertos.

Ni siquiera el más avanzado de mis hechizos pudo hacer nada contra una bala envenenada por un basilisco, sólo quedaba esperar por su muerte, sin embargo, yo esperaba por el milagro, tenía fe en mi hijo, sabía que podía seguir adelante.

Pasaron tres días más, levanté el trapo seco de su hirviente cabeza y lo fui a mojar a la cocina, mis pasos eran lentos, torpes, mis ojos se cerraban, necesitaba un descanso. Mojé el trapo y volví a su habitación, una lágrima cayó por mi cara, apoyé el pañuelo en su frente, toqué su rostro y sentí que algo estaba mal. (*)

Su corazón había dejado de palpitar, debía apresurarme para salvarlo. Hice un círculo en el suelo, rodeado por velas rojas las cuales me llevó mucho tiempo encender, puse a mi hijo en el centro y empecé a recitar el más potente de mis hechizos, aquel que trae a la vida a los muertos.

Debía apresurarme, sólo funcionaba si el cuerpo había fallecido hace poco. Cada palabra que decía más sentía el cansancio, los parpados pesaban, cada vez era más difícil pronunciar el conjuro, me estaba quedando dormido.

Caí al suelo sobre mis rodillas, noté que las llamas de las velas estaban fuera de control, ya habían incendiado las cortinas y rápidamente se apoderarían del resto de la casa, pero no podía parar, no en ese momento, debía seguir, hasta el final pase lo que pase. Seguí con mi deber, las palabras se veían borrosas y apenas podía leerlas, mi conciencia me abandonaba.

Me desplomé en el suelo, apenas podía mantener el libro en mi mano, estaba tan cerca, sólo faltaban dos oraciones. El calor del fuego se sentía, no me dejaba respirar, pronuncié la anteúltima oración y se me cayó el libro, ya no tenía fuerza para levantarlo.

Sólo pude atinar a decir las palabras que recordaba, sin saber si eran las correctas. Al mismo tiempo recé para que aquellas sean las necesarias para devolverle la vida a mi hijo. Luego, caí dormido, o desmayado, o intoxicado por el humo, no lo sé, sólo sé que caí en el más profundo de los sueños.

Quizás lo soñé, quizás pasó en verdad, las llamas me obligaron a vivir con la duda por el resto de la eternidad, pero recuerdo abrir los ojos y ver a mi hijo de pie, a mi lado, sosteniendo mi brazo y diciendo: “Papá, ¿No ves que me estoy quemando?”.


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Final Alternativo:

(*)Su corazón había dejado de palpitar, el veneno del basilisco había hecho su trabajo, la resistencia de mi hijo se había acabado. Me dejé caer en el piso, sin fuerzas para nada, no sé si me dormí o si perdí la conciencia, sólo sé que desperté varias horas después.

Preparé todo lo más rápido que pude, elegí un buen sector en el bosque y un buen cajón en el cual sepultarlo, estuve horas cavando un pozo lo suficientemente profundo y llevando al cajón a la mitad de la noche hacia el lugar elegido.

Antes de enterrarlo, deje el improvisado ataúd en el suelo, puse muchas velas rojas a su alrededor, todas encendidas, formando un perfecto círculo. Empecé a recitar unas palabras, tanto de respeto como de homenaje. Luego, seguí con los rituales tradicionales de los hechiceros, para desearle al difunto una buena transición del mundo de los vivos al mundo de los muertos.

Mientras recitaba las palabras, sentía que perdían el sentido, sentía que perdía el dominio de mis labios, sentía que perdía mis fuerzas. Cada vez más débil seguía recitando las palabras de memoria, pero al poco tiempo, empecé a olvidarlas, a perder control sobre mi cuerpo, a caer en el más profundo de los sueños.

¿Papá, no ves que me estoy quemando?

Me desperté sobresaltado, esa pesadilla nuevamente atacaba mi cerebro, hacía días no me dejaba dormir. Me levanté y terminé con el ritual, las velas ardían junto al cuerpo de mi hijo, pero pronto no se quemaría nunca jamás.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El Tren a Pennsylvania


Twisted Ink Productions Presents:

El Tren a Pennsylvania

By Chebing

Estaba leyendo el diario cuando anunciaron que en cinco minutos saldría el tren con destino a Pennsylvania. Yo había llegado antes para poder guardar mi equipaje y acomodarme en mi asiento sin problemas, no quería tener que apresurarme y tampoco me podía dar el lujo de perder el tren, situación en la que había estado unos años atrás.

A la medianoche sonó la sirena y comenzamos nuestro viaje, todo estaba marchando según lo planeado. Estaba concentrado en mi lectura cuando de pronto escuché que el vagón restaurante había abierto sus puertas. Era la una y tenía bastante hambre, así que decidí hacer una pequeña visita a ese vagón. Ordené carne, un bife angosto término medio más bien tirando a crudo lo más jugoso posible. Estaba acostumbrado a la comida del tren, la cual no era la mejor sin embargo se dejaba comer. Al igual que siempre, habían muy pocos pasajeros, tengo que reconocer que no era el destino más popular.

Terminé de comer y volví con la panza llena y el corazón contento hacia mi asiento, a leer un poco más, sin embargo, apenas tomé asiento empezaron a pasar la película del día, la cual era una de mis preferidas. No pude resistirme ante tal tentación audiovisual así que me aparté del mundo de las noticias para contemplar semejante obra de arte.

Para cuando la película terminó, todavía faltaban seis horas para llegar a destino, así que me dirigí a mi camarote a dormir un rato, mientras iba caminando por los pasillos del tren escuché algo que me hizo perder mi tranquilidad; dos hombres pasaron al lado mío diciendo que “ellos” se encontraban en el último vagón, encerrados en cofres, durmiendo, esperando. Yo al principio no supe de quienes estaban hablando, pero lamentablemente, se trataba de mi peor pesadilla.

Desde que empecé a ser un pasajero usual de este viaje, muchas personas me habían advertido sobre los peligros de estas criaturas, pero yo siempre pensé que no era más que un rumor. Esa noche, descubrí que los rumores a veces son más ciertos que los hechos mismos.

Llegué a mi camarote, me acosté en la cama, no pude dormir, sólo pude pensar, pensar y asustarme. Cada vez que contemplaba la posibilidad de que fueran ellos, mi corazón latía más rápido y algo muy dentro de mí me decía que en cualquier momento despertarían de su sueño para atacarnos.

No pude resistir más, me levanté, me cambié y fui caminando hacia el último vagón muy tranquilamente para no despertar sospechas. Afortunadamente, había un baño cerca, así que esa sería mi excusa en el caso de un improvisado interrogatorio. Cada vez que pasaba un vagón notaba como la oscuridad se iba apoderando de los mismos, cada vez la luz era menor y no había señales de vida por ningún lado. El miedo llenaba mi corazón.

Llegué al duodécimo vagón, o sea, el anteúltimo. La luz era tan tenue que apenas podía ver un par de metros por delante de mí. Seguí caminando, ya nada podía detenerme de averiguar la verdad. En ese momento recordé que, según los rumores, cuando estas bestias te mordían te convertías en uno de ellos y a partir de ese momento estabas destinado a vagar durante la noche, esquivando los rayos del sol, mortales para semejantes criaturas de la noche.

Alcancé la puerta, la abrí, caminé hasta el último vagón, lo primero que noté fue la ausencia total de cualquier tipo de luz. Empecé a tocar las paredes, usándolas como guía para no perderme ni tropezarme. Después de algunos pasos, toqué un pedazo de madera, seguido por otro, seguido por otro más, no supe que era, luego, fue todo muy claro, la madera tapaba las ventanas, las tapaba para que no entre la luz solar, para que nada ni nadie despierte a las criaturas de su sueño profundo.

Estaba seguro de la presencia de estos monstruos pero a la vez estaba tan cerca que la idea de volver jamás fue contemplaba por mi mente, la cual estaba completamente concentrada en descubrir la verdad, pase lo que pase.

Seguí caminando con la ayuda de las paredes, me encontré con varias ventanas más, todas tapadas, pero eso indicaba que el final del vagón se acercaba. Efectivamente, toqué la pared del fondo, la última del tren, la última por revisar. Seguí caminando, luego de dar pocos pasos sentí nuevamente madera, pero no eran pedazos de madera puestos en la pared, esta madera tenía forma, estaba trabajada, era mucho más abundante que la madera en la ventana y era independiente de la pared. Estaba tocando un ataúd.

Caí al suelo, no pude resistir la impresión ni el miedo. Lentamente empecé a pararme, no veía nada, sabía que estaba cerca del ataúd pero no sabía exactamente cuánto. Una vez que me pude recobrar empecé a buscar la pared nuevamente.

No llegué a la pared, pero si encontré más madera, excepto que esta era angosta, fina, era sólo un pedazo pequeño de madera, a la izquierda no había nada, a la derecha tampoco. A la izquierda la madera era normal, sin embargo, a la derecha, estaba forrada. Una loca idea cruzó mi mente, debía saber si era cierto, llevé mi mano izquierda al costado de la madera, a ver hasta donde llegaba. Mis miedos se confirmaron, a unos cuantos centímetros de la madera se encontraba la pared, decidí hacer lo mismo del otro lado, encontré más madera forrada. Ahora todo era muy claro, tenía las manos en el mismísimo ataúd, el cual estaba abierto.

No supe qué hacer, estaba nervioso, asustado, pero a la vez lleno de adrenalina, me animaba a intentar cualquier cosa. Estaba tan cerca que no podía huir, no en ese momento. Lentamente llevé mi mano al ataúd, sentí que estaba tocando un hombro, vestido con telas muy finas.

Seguí mi recorrido hasta el cuello, parecería ser alguien normal, ninguna criatura. Rápidamente posicioné mis manos alrededor de su cuello, y muy despacio, empecé a tocar su rostro. Ya todo tenía sentido, no eran ningunas criaturas, todo había sido una mentira, no estaba tocando ninguna bestia, era simplemente ataúdes en donde los que habían pasado a mejor vida descansaban.

Este cuerpo, inmóvil, inconsciente, dormido, descansaba en el más profundo de los sueños, sin pulso, sin respiración, y el ataúd era para el entierro. Además, ¿Cómo pude ser tan tonto? Pennsylvania es famosa por sus cementerios. Estaba avergonzado por dejarme llevar por una historia de niños de siete años.

Di media vuelta, a lo lejos podía notar una pequeña luz, lo cual significaba que estaba contemplando al anteúltimo vagón. Decidí ir caminando sin la ayuda de la pared. Hice un paso y luego sentí manos en mis hombros, sentí una mordida en mi cuello, sentí el piso chocando contra mi mentón.

Me estaba desmayando, sabía que despertaría siendo uno de ellos, empezaba a sentir los efectos de su mordida, de su beso mortal. La conciencia me abandonaba, al igual que mi constante e insaciable deseo por consumir sangre.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Dark Ritual - El Cementerio


Twisted Ink Productions Presents:

Dark Ritual - El Cementerio
By Chebing

La primera vez que escuché la historia no lo pude creer, desde entonces, la he contado tantas veces que de vez en cuando pienso que me pasó a mi.

Su nombre era Rusty, él era un hombre alto y fuerte, se ejercitaba a diario, y más impresionante que su determinación era el hecho de que no le tenía miedo a nada.

La historia nos remonta hace 5 años cuando él fue a un cementerio a visitar a un querido viejo amigo suyo, quien había muerto en la Guerra, peleando a su lado. Esto era normal en Rusty, quien iba varias veces al año a saludar al muerto en batalla.

Ese día se desató una feroz tormenta, el cielo estaba gris y lleno de nubes, se podía oler el miedo en el aire.

Una vez en el cementerio, Rusty fue directamente a la tumba de su amigo, no sin antes notar la ausencia del cuidador del cementerio, con quien había charlado un par de veces. Mientras Rusty estaba diciendo unas palabras, escuchó un forcejeo proveniente de la casa del cuidador, el cual quedó silenciado por los truenos que comenzaron en ese preciso momento. Rusty siguió diciendo palabras en honor a su amigo, pero su mente estaba situada en la casa y en los forcejeos, intentando descubrir qué había causado ese ruido, al poco tiempo la curiosidad lo venció y decidió ir a ver qué estaba pasando.

Golpeó la puerta de la casa varias veces, pero nadie respondió, así que la abrió y entró. En la casa había más oscuridad que afuera, intentó prender las luces pero al parecer se había cortado la electricidad, así que tuvo que usar su encendedor. Esto fue difícil puesto que el encendedor producía poca llama y no iluminaba lo suficiente, así que tuvo que caminar pasándolo por encima de los muebles y a veces acercándolo al suelo. Notó que el suelo estaba sucio y que habían muchas cosas tiradas, además que estaba todo sucio. Mientras caminaba, tropezaba con platos rotos, sintiendo como se rompía el vidrio bajo sus pies.

Apagó el encendedor que ya se estaba sobrecalentando y caminó en la más absoluta de las oscuridades. Mientras caminaba pensaba qué le podía haber pasado al cuidador del cementerio, puesto que la casa estaba tan desordenada que seguramente algo malo había pasado. De repente, sus pensamientos se vieron interrumpidos por un ruido, el cual se escuchaba muy bajito y que parecía venir del otro lado de la casa. Rusty intentó identificarlo pero no tuvo éxito, tampoco se imaginaba qué lo estaría causando. Era un ruido difícil de reconocer por los rayos que interrumpían constantemente y producían gran estruendo, así que Rusty decidió encontrar la habitación de donde provenía.

A medida que se acercaba al ruido, éste cada vez se escuchaba más fuerte, pero aun así, Rusty no podía determinar con exactitud qué era. Lo primero que pensó fue que algún animal salvaje lo estaba haciendo. Al haber recorrido toda la casa, sólo le quedaba un cuarto por mirar, era el cuarto del dueño de la casa. Antes de entrar, apoyó su oreja en la puerta, para escuchar a través de ella. Efectivamente el ruido provenía del otro lado, y sin pensarlo dos veces, abrió la puerta.

Por más que Rusty no le haya temido a nada, debería haberlo pensado dos veces antes de abrir la puerta, ya que jamás podría estar preparado para lo que iba a encontrarse ahí adentro. El cuarto era largo y ancho, todo sumergido en la más profunda de las oscuridades, excepto por un rincón en el lado opuesto del cuarto donde la luz de la luna se colaba entre las nubes y la lluvia y entraba por la ventana.

Fue en ese rincón donde vio el cuerpo. El cuidador del cementerio estaba muerto, alguien o algo lo había mordido a muerte y estaba demasiado oscuro para determinar qué había sido. Rusty sólo pudo confirmar que era una especie de criatura salvaje. Esta bestia había escuchado a Rusty abrir la puerta e inmediatamente fue a su encuentro, corriendo a toda velocidad, sin dejar que él reaccione. Rusty puso su brazo izquierdo entre su pecho y la bestia y luego sintió dos dientes rompiendo su brazo, penetrando su piel, aunque por suerte, ésta lo soltó y retrocedió para prepararse para un nuevo ataque.

Rusty tenía que pensar rápido, esta criatura lo iba a atacar nuevamente en cualquier segundo y él no tenía ningún arma para defenderse. Miró a su alrededor, todo era oscuridad, no podía ver nada, excepto el cuerpo del cuidador del cementerio, y fue ahí donde vio su única oportunidad de sobrevivir, un hacha en la mano izquierda del cadáver. Pero el problema es que el cuerpo estaba del otro lado de la habitación, detrás de la bestia.

Entonces se preparó para golpear a la bestia y luego ir a buscar el hacha pero estaba demasiado oscuro para saber los movimientos de ésta, que casi no emitía sonido. Espero hasta el momento propicio, y cuando la criatura fue hacia él, la golpeó con su puño, dejándola en el suelo lastimada. Aprovechó el momento y sin dudarlo fue corriendo a buscar el hacha.

Mientras corría por la larga habitación y la bestia yacía en el suelo, Rusty no pudo evitar pensar que había algo raro en la bestia, algo que notó recién cuando la golpeó, pero no sabía qué era, debido mayormente a la gran oscuridad que envolvía la habitación. Agarró el hacha y trató de encontrar a la bestia pero estaba escondida entre las sombras, pensó en sacar su encendedor pero sabía que no iba a iluminar lo suficiente y que lo mejor era estar preparado con el arma en ambas manos.

Una vez más, tuvo que esperar a que la bestia ataque. Él estaba listo, sabía que no podía desperdiciar esta oportunidad, esperó alrededor de un minuto, pero pareció un año, y de pronto, la bestia salió de las sombras a gran velocidad lanzándose sobre Rusty, quien no dudó y le cortó la cabeza, la cual salió rodando por el suelo y se perdió entre las sombras.

Por suerte se había terminado, la bestia había muerto. Rusty se tomó un minuto para recobrar el aliento, el final había estado muy cerca. Mientras se dejaba caer en la pared recordó la extraña sensación al golpear a la criatura y, por segunda vez en la noche, la curiosidad le ganó, y quiso saber qué era esa bestia tan extraña.

Sacó su encendedor en un intento fallido de buscar la cabeza, entonces, empezó a caminar dando pocos pasos, hasta tropezarse con la misma. Afortunadamente, no había rodado tanto y estaba relativamente cerca de Rusty, quien tardó un poco más de 5 minutos en encontrarla.

Tomó la cabeza de la bestia con una mano, sentía el pelaje mojado entre sus dedos, y decidió llevarla hasta la ventana para verla mejor. Se tropezó con varias cosas en el camino, como lo había estado haciendo toda la noche, pero por fin llegó a la ventana. A medida que la luz se reflejaba en la cabeza, Rusty se asustó por primera vez en su vida, se asustó tanto que la dejó caer y huyó del cementerio tan rápido como sus piernas lo permitieron.

En cuanto llegó a su departamento me llamó y me pidió que vaya a visitarlo. Hice lo más rápido que pude pero igual me tomó 2 horas llegar a su hogar. Toqué timbre, al poco tiempo Rusty abrió la puerta, el departamento era un desastre, estaba más sucio que de costumbre, había sangre en todas partes y carne tirada en la cocina. Él me contó la historia y me mostró la herida en el brazo, intenté convencerlo de ir a un hospital ya que era una herida grave, pero sin embargo, Rusty no era el tipo de hombre que fuera con facilidad a un hospital, así que no me extrañó que no lo hiciera aquella vez. Lo que si me pareció muy raro era su cara que se veía deforme, con los ojos más grandes que de costumbre y la mandíbula, que dejaba ver unos grandes y afilados colmillos que jamás había visto, además, toda la contextura física de Rusty había cambiado, hasta su forma de caminar, hasta su carácter. Recuerdo que estaba tan violento que hasta me rasguñó un par de veces con las uñas, sin embargo, no le dije nada porque no parecía el momento para enfocarse en esos detalles.

Muchas veces le pregunté qué animal lo había atacado, pero sin embargo no me quiso decir la cabeza de que criatura había encontrado, al poco tiempo, abandoné el departamento y volví a mi casa.

Estuve toda la noche acostado, mirando al techo, pensando en lo que Rusty me había contado, en la historia, en la cabeza, en la herida, en lo cambiado que él estaba, en las cosas que había dicho, como la inexplicable necesidad de comer carne o la increíble capacidad de oler la sangre humana, esto nunca le había pasado sino hasta después del incidente en el cementerio.

Sin embargo, el teléfono sonó y rompió mi trance, era Rusty, con quien hablaría por última vez esa lluviosa noche de verano. Simplemente me dijo: “Era humana”

Lo encontraron muerto en su departamento al día siguiente, la policía dijo que había sido un suicidio. Fue hace 5 años, pero todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer, y como si me hubiera pasado a mí, más aun, muchas veces, a la mitad de la noche, me despierto y voy a la heladera a buscar un poco de carne cruda que pueda saciar mi apetito.

martes, 18 de diciembre de 2007

Esclavo de Poder


Twisted Ink Productions
Presents
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Esclavo de Poder
By Chebing




Estaba dormido, o desmayado, no lo sé, estaba durmiendo, estaba descansando, estaba inconsciente, estaba en paz. Pero todo cambió en un segundo, me despertó, me lastimó, pero estaba acostumbrado a los golpes, estaba acostumbrado al maltrato, pero no estaba acostumbrado a no tener dignidad, a vivir sin orgullo.

Me ordenó levantarme, si no lo hacía recibiría otro latigazo. Lo hice lo más rápido que pude, pero, al parecer, no fue lo suficientemente rápido, la tierra hacía arder mi piel al rojo vivo. Cargué el bloque en mi hombro y seguí caminando hacia la pirámide, adelante mío había nada más que una fila de esclavos encadenados haciendo un trabajo inhumano mientras que hombres con látigos, con poder, con tranquilidad, con vida y, sobre todo con libertad, los controlaban, los castigaban, los torturaban, los humillaban.

El atardecer se hacía esperar, cada día llegaba más tarde, cada día las horas se hacían más largas, cada día el peso se hacía mayor y las piernas más débiles. Pero siempre llegaba, y cuando eso pasaba, el trabajo terminaba, el descanso esperaba y las cadenas se aflojaban, era la mejor parte del día. La noche pasaba rápida, desapercibida, como el viento en la más profunda de las oscuridades.

El amanecer llegaba, las heridas seguían igual, el piso era áspero, rígido y frío para dormir, lo cual hacía difícil que descansemos, pero no nos podíamos quejar. No había mucho tiempo para despertarse o siquiera prepararse para la tortura a la cual éramos sometidos. El ruido de los bombos sonaba implacable, asustando, alertando, amenazando, el trabajo había comenzado una vez más.

Las cadenas se sentían frías en el cuello, pero ya estábamos acostumbrados a su olor. Las piedras en el piso molestaban, pero después de tantos años, ni siquiera las sentíamos. Era un infierno, quería escapar hacia mi libertad, pero era imposible, un sueño que moriría en el desierto, que moriría junto conmigo. Estaba condenado a estar condenado.

Todos los meses llegaban cargamentos de nuevos esclavos para reemplazar a los que morían, para reemplazar a los que se escapaban, para reemplazar a los que ya no trabajaban tanto como antes. Ese era, probablemente, uno de mis mayores incentivos a trabajar. Fue aquel día cuando él llegó como un esclavo más, fue aquel día cuando mi esperanza regresó.

En cuanto lo vi noté que había algo distinto en él, no sólo por su actitud, sino por el trato que recibía de los demás. Era obligado a usar el doble de cadenas y siempre había un ejecutador (así llamábamos a los hombres con látigo) a su lado, custodiándolo, vigilándolo, controlando cada uno de sus movimientos, pero a su vez temiéndole, respetándolo, odiándolo.

Pasaron cuatro días hasta que me habló, la conversación fue rápida, silenciosa, en código, desesperada. Me proponía una rebelión, una batalla, una victoria, un sueño. Yo acepté de inmediato, no fue difícil convencerme. Era extraña pero a la vez increíble la rapidez con la cual había planeado todo. Nuestro ataque sería al atardecer, cuando las cadenas se aflojaban, cuando los emperadores menos lo esperaban, cuando los guardias estaban de cacería buscando más esclavos.

Tardamos diez días para reunir los soldados y el coraje necesarios para atacar. Repasamos el plan en la más absoluta de las oscuridades y en el más tenebroso de los silencios, sólo quedaba actuar. Llegó el amanecer, el último amanecer en esclavitud, el último amanecer para muchos soldados. Trabajamos como todos los días, un poco más nerviosos y ansiosos, pero sin que el enemigo, sin que el amo, sin que ellos se dieran cuenta. El atardecer se acercaba condenado a presenciar la más sangrienta de las noches.

El trabajo terminó, los pocos guardias se apresuraron a soltar nuestras cadenas, los esclavos nos miramos por última vez como esclavos y por primera vez como soldados. Nos levantamos bajo el grito de nuestro líder, los guardias jamás podrían haber estado preparados para enfrentar la ira que se había alimentado desde que habíamos llegado allí y que se escondía dentro de nosotros en las profundidades de nuestras entrañas.

Rápidamente nos hicimos con sus armas y los reducimos, luego, más guardias llegaron, esta vez con lanzas y mayor experiencia en combate, pero igual, nosotros ganábamos en número y en deseo de pelear, no íbamos a volver a ser esclavos, la victoria o la muerte eran las únicas opciones.

La pelea fue intensa y larga, estábamos agotados y fue un milagro terminar en pie, pero la victoria se sintió dulce en nuestras bocas llenas de tierra, se sintió reconfortante en nuestras heridas infectadas, se sintió placentera en nuestros corazones llenos de venganza. La tierra estaba infestada de sangre, sangre de nuestros enemigos, de los derrotados, de los que no verían la luz del sol de nuevo.

Sólo quedaba la cabeza del Supremo Emperador, e íbamos tras de ella. El líder se adelantó, pero me llamó para que lo alcance. El objetivo estaba cerca, en su trono, esperándonos pero deseando que nunca lleguemos, sin miedo pero a la vez asustado, queriendo escapar pero sin ir a ningún lado, arrepentido pero capaz de hacerlo todo de nuevo si tuviera la oportunidad, vivo pero muerto.

Su cabeza rodó por las escaleras, su sangre se apoderó del que había sido su lugar, la victoria era total. Me paré delante del trono, de espaldas al líder, de frente a los soldados. Empezó a hablar, dijo: “El reinado de terror al cual éramos sometidos ha terminado, a partir de hoy empieza una nueva sociedad, justa para algunos, injusta para otros, diferente para nosotros, igual para ellos. Desde este momento tenemos nuevo rey para este nuevo imperio, desde este momento, yo estaré al mando de la situación y daré las ordenes aquí, y desde este momento ordeno que haya control en el reinado; ¡Soldados! ¡Ejecuten la orden sesenta y seis!

Rápidamente los soldados se dividieron en dos, los que seguían siendo soldados y los que volvieron a ser esclavos. Mis pasivos ojos presenciaron la esclavización de aquellos que pelearon por su libertad y la ganaron, la ganaron para perderla nuevamente ante otros rivales, ante otros esclavos. Todo había sido una trampa.

Ya no podía distinguir la diferencia entre mi sangre y la del Supremo Emperador, ya no podía ver más allá de las escaleras, ya no podía escuchar los lamentos de mis compañeros, ya no podía sentir dolor, ya no podía ser un esclavo, sólo podía escuchar muy silenciosamente la risa del traidor, del genio, de aquel que nos uso, cada vez más despacio, cada vez más parecida a un murmullo, resonando en mi cabeza, en mi corazón, apretando mi cuello de la misma manera en la cual las cadenas lo habían hecho todos los días de mi vida.

jueves, 13 de diciembre de 2007

It Will Be Dark Before Dawn


Twisted Ink Productions Presents:

It Will Be Dark Before Dawn
By Chebing



Esta es una historia de amor, común pero a la vez extraña, igual a las demás, sin embargo tan diferente que merece su propia historia.

Al igual que las demás historias de amor, tenemos un chico y una chica, Frank y Juliet, ambos muy enamorados y dispuestos a hacer cualquier cosa por su amor.

Esta historia empieza con su romance, con su primer mirada, con su primer impresión, con su primer hola. Una historia que dura veinticuatro horas, una historia que quedó grabada en sus corazones por siempre.


Twisted Ink Productions Presents:

Estará Oscuro Antes Del Amanecer
By Chebing


Estaba corriendo por el parque como todas las mañanas, tenía un poco de calor, las tormentas de la semana pasada habían quedado en el olvido y el sol salía cada vez más temprano. Estaba pensando en la noche del sábado, ¿Cómo pude ser tan tonto? Era obvio que había tenido que ir a hablarle, me estaba mirando, la estaba mirando, me sonrió, le sonreí, se sonrojó, era perfecto, era ideal, era obvio. Sin embargo, mis demonios no me dejaron acercarme, demonios que hacía mucho tiempo ganaban todas las batallas dentro de mi mente.

Estaba arrepentido y disgustado con mi actitud, deseando urgentemente un cambio, convenciéndome a mi mismo de que la próxima vez sería diferente, sin embargo, no lo fue. Seguía sumergido en mi mar de pensamientos cuando la vi, cuando vi lo hermosa que era, cuando vi mi oportunidad de cambiar las cosas. Quise hacerme el importante, quise actuar con indiferencia, y pase por su lado sin siquiera mirarla, no se si funcionó, pero en cuanto pasé me llamó, resulta que quería saber cómo llegar a una avenida cercana al parque.

Fue fácil explicarle puesto que vivo allí, ella me agradeció, se sonrió y tocó mi antebrazo con su mano, yo demostré estar tranquilo cuando por dentro me estaba volviendo loco. Pensé en invitarla a salir, en preguntarle el nombre, en cambiar mi actitud, sin embargo, mis demonios ganaron una vez más, y ella se fue de mi vida tan rápido como entró en la misma.

Fui a casa, me duché, me cambié y fui para la oficina. No pude terminar ni siquiera la mitad del trabajo que tenía, en vez de eso, estuve pensando en ella, no en la chica del sábado, sino en la chica del parque y en lo mal que había estado. Esta vez, había tocado fondo, estaba cansado de arrepentirme e iba a hacer algo al respecto. Los chicos notaron mi mala tarde y me invitaron a tomar algo con ellos, dije que si simplemente para llevarle la contra a mi personalidad.

Pasaron tres cervezas antes de que la vuelva a ver, entró en el bar, noté que estaba aun más linda que en la mañana, miró a su alrededor, empezó a caminar y se sentó a mi lado en la barra. Los chicos estaban jugando al pool así que no tenía que preocuparme por ellos, solo debía preocuparme por mis demonios, a quienes les declaré la guerra. Intenté deshacerme de todas mis preocupaciones, de todas mis inseguridades, de todo aquello que no me había dejado actuar de otra manera en los últimos años, desde que Cinthia me dejó.

Mi mente estaba en plena discusión filosófica cuando ella me interrumpió, dijo que se acordaba de mí y que había llegado perfectamente con mis indicaciones, acto seguido, me quiso comprar un trago.

Solo pude decir que si, estaba muy nervioso, sin embargo me animé y empezamos a hablar, cada palabra que decía, más me enamoraba de ella, de ella y de sus ojos, ojos que si bien eran extraños, era como si los conociera de antes. La charla duró poco, rápidamente noté que ella estaba apurada y le pregunté qué le pasaba. No pude creer lo que me dijo.

Lo poco que entendí es que ella tenía una especie de maldición cuan Cenicienta, y que con el primer rayo de sol su cuerpo desaparecería. Todo esto me pareció muy raro, pero no pude evitar creerle, no pude evitar estar con ella. Preguntó si podía confiar en una desconocida, le dije que si, y luego, me tomó de la mano y dijo que nos vayamos. La seguí sin pensarlo.

Corrimos, nos reímos, nos enamoramos. De pronto estábamos en el bosque, o en el parque, o en un bosque parecido al parque, no lo sé, nunca lo sabré. Se tiró y me tiró en el suelo, boca arriba, mirando las estrellas, mirando y llorando. Dijo que no podía entender cómo la belleza solo se ve por primera vez, y luego se nubla en un ojo acostumbrado a su resplandor.

Yo entendía poco y nada, solo quería estar con ella, quería que no llegue ese amanecer, no porque creyera su historia, sino porque hasta el amanecer estaríamos juntos, pase lo que pase, y luego del amanecer, quizás si, quizás no, no lo sabía. Pero no podía darme el lujo de perderla.

Las horas pasaron, la luna fue nuestra confidente, las estrellas nuestras velas hasta que muy a lo lejos, el color naranja empezó a dominar los cielos. Ella empezó a repetir que no había tiempo, que no era suficiente, todo esto mientras yo me asustaba y empezaba a temer por ella. Me miró, dijo que por favor, pase lo que pase, que nunca jamás la olvide, que nunca jamás olvide la belleza que me rodea, que nunca jamás olvide que no se puede controlar el tiempo, que nunca jamás olvide que en un día se puede aprender más que en una vida.

Se paró, empezó a correr, la seguí, era muy rápida, más que yo. Empezó a correr entre los árboles del bosque, o del parque, entre los árboles y hacia la luz, hacia el sol, hacia su maldición. En la corrida dejó caer la cinta que usaba en su pelo, una cinta roja que le quedaba hermosa, miré abajo, la agarré y cuando miré hacia delante ella ya no estaba, solo quedaba su perfume en la cinta, su perfume y el sol, su perfume, el sol y la promesa de que jamás la olvidaría.

Y mantengo mi promesa hasta el día de hoy. Solo que, a veces, me pregunto si fue real.

domingo, 9 de diciembre de 2007

En presencia de enemigos


Twisted Ink Productions Presents:

En Presencia de Enemigos
By Chebing




Estaba durmiendo, soñando, imaginando un mundo sin guerras, donde la gente pueda vivir tranquila, un mundo que solo existía en mi mente. Estaba durmiendo cuando él llegó, en cuanto abrió la puerta me desperté pensando que había otra batalla en progreso. Lo miré, era un hombre alto, robusto, con mucha presencia, tenía un aspecto que me hacía temerle aun sin conocerle. Me miró y dijo: “Mi amigo, nuestro tiempo ha llegado, es nuestra oportunidad para dominar todo lo que nuestros ojos puedan ver, juntos podemos poner fin a esta guerra para luego convertirnos en los emperadores de la Tierra. No hagas preguntas, pronto llegará el tiempo para ello. Mi nombre es Destrucción”

Al mismo tiempo que terminaba de pronunciar su monólogo, estiraba la mano en señal de alianza. Yo acepté su proposición y rápidamente estábamos en camino al refugio. Teníamos que movernos rápido, Destrucción había preparado un escuadrón de batalla que nos hiciera de escudo humano mientras llegábamos al bunker, pero las fuerzas religiosas sabían de nuestros planes y estaban mandando ángeles con ordenes de matarnos.

Llegamos a destino, era un almacén abandonado con pocos muebles y mucha suciedad. Mi compañero se concentró, conjuro unas palabras en voz baja y luego estábamos descendiendo hasta el centro mismo del planeta, para formar el ejército más grande alguna vez conocido por el hombre.

Ríos de lava, árboles de fuego y criaturas sin alma eran algunas de las imágenes del cuartel secreto de las fuerzas infernales, lideradas por Destrucción, por él y por mí. Lo primero fue organizar un plan de contra ataque, estábamos perdiendo y debíamos movernos rápido. Yo sabía que los planes de Dios eran atacar a la brevedad, después de su victoria en el Coliseo Romano nuestras tropas se habían reducido a la mitad.

Nuestra primera orden fue ir a la superficie, al campo de batalla, a capturar más cuerpos para nuestros guerreros, cuando estuvieran listos, nuestro ejército tendría ventaja numérica. Tardaron cinco días pero nuestros esclavos consiguieron dos cientos mil nuevos cuerpos, frescos, sanos, de hombres fuertes, listos para la guerra.

La creación de un guerrero de los sombras era complicado y bastante asqueroso. Primero debíamos descuartizar el cuerpo recién muerto, segundo debíamos sacar su alma y con ella alimentar a los espíritus que generaban la energía que proveía a todo el infierno, el tercer paso era buscar los mejores espectros para que ocupen sus nuevos cuerpos y por último, teníamos que insertar a estos últimos en su nuevo hogar.

El sistema consistía en tomar la esencia del espectro y verterla en la boca del cadáver, pronto los resultados serían visibles, desde el corazón y hasta los miembros, abarcando cada centímetro de su piel, un color negro se esparcía, pudriendo todo a su paso, irradiando un aroma que asustaría a la Muerte en persona y por sobre todas las cosas consumiendo los órganos, endureciendo la piel, eliminando todo rastro de humanidad. Sabíamos que el proceso había terminado cuando los ojos se tornaban rojos, rojos como el fuego que había a su alredor.

Una vez que nuestro ejercito estuvo listo, nuestros planes se concentraron en el campo de batalla y en la estrategia a utilizar. Si queríamos terminar la guerra de una vez por todas, el lugar a atacar y destruir era el mismísimo Cielo, por ende, la batalla tomaría lugar en las puertas del mismo. Para ello debíamos utilizar el portal escondido en el Jardín del Edén, donde se hallaban dos de las cinco tropas más poderosas de las fuerzas religiosas. Para triunfar en un solo ataque sorpresa, era de vital importancia contar con más fuerzas de las que teníamos, pero no del mismo tipo, sino que necesitábamos otras criaturas diferentes para conseguir mayor ventaja. Afortunadamente, para nosotros, eso no era problema.

Un millón de orcos se presentaron a nuestros servicios, a cambio de dos millones de mujeres, las cuales nuestros esclavos consiguieron sin problema. Orcos, criaturas idiotas pero poderosas, vendieron su neutralidad cegados por su deseo sexual, pero lo que nunca supieron es que, en realidad, estaban vendiendo su alma.

Oferta similar fue la hecha a los árboles, luego de convencerlos de que los religiosos eran responsables de la destrucción de sus tierras, fue fácil ponerlos de nuestro lado, con la simple promesa de no volver a destruir aquello que ellos amaban tanto.

Los dragones fueron los terceros en aliarse con un ejército de ciento cincuenta mil de los más feroces de su especie. Su precio fue barato, querían que los volcanes hicieran erupción cuando la guerra haya terminado, y que sigan activos durante los próximos mil años. Los dragones eran criaturas oscuras, estaban de nuestro lado desde los principios de la historia misma, antes de que el mal y el bien se llamen así, antes de que la diferencia entre estos dos hermanos se note.

Los siguientes reclutas fueron los ejércitos de los mares y de los aires, encabezados por Poseidón y Thor, quienes deseaban el control absoluto de sus dominios, siendo los únicos responsables por ellos. Fue fácil para nosotros concederlo, sólo necesitábamos el Infierno y la Tierra, que luego sería conocido simplemente como el Imperio.

Las últimas fuerzas que se unieron a nuestra justa causa fueron las de los muertos vivos. Su rey, Nemesis, nos aseguró su lealtad en la guerra a cambio de libertad en el imperio del Infierno. Esta “libertad” consistía en poder alimentarse de cualquier cantidad de almas de cualquier persona que ellos encuentren en su camino. En otras palabras, pedían carta libre para asesinar a cuanta criatura se crucen. Estuvimos de acuerdo de inmediato.

Fue así como, después de quince días, Destrucción y yo habíamos formado el ejército más grande y mortal que haya conocido la historia del hombre, del mundo, del universo y del mismo Dios, cuya cabeza, ahora, era nuestro principal objetivo.

Las instrucciones habían sido dadas, los guerreros, soldados, bestias, criaturas tenían su armadura, escudo y arma de elección. También habían sido designados los comandantes, generales, sargentos y se habían realizado las divisiones entre los distintos pabellones. Era una victoria segura.

Antes de partir, Destrucción se acercó y me dijo: “Debes cuidarte en el campo de batalla, recuerda que a mí solo me puede matar Dios y que solo yo lo puedo matar a él, en cambio a ti te puede matar la más cobarde de las flechas”

Estábamos en camino a los jardines del Edén, Destrucción tuvo que concentrarse mucho para poder realizar la tele transportación de nuestro ejército que contaba con más de 3 millones de reclutas. Cuando llegamos a destino, encontramos soldados y ángeles encargados de la resistencia, pero eran muy pocos, no tenían protección ni nada que pudiera hacernos frente. La victoria fue rápida, mientras nuestros peones luchaban, Destrucción y el resto de los Dioses destruían todo a su paso, el Jardín del Edén quedó en ruinas.

Haciendo uso de los planos robados por el Ángel Gabriel hace miles de años, Destrucción encontró rápidamente el camino a las Puertas del Cielo. Antes de cruzar por el portal, repasamos los planes y descansamos un poco, tomándonos un tiempo para calmar nuestros nervios.

El silbato sonó y las tropas se pusieron en formación, era la señal de avanzar a la victoria, y nadie quería quedarse afuera.

Atravesamos el portal, se sintió extraño, era una sensación de calidez mezclaba con esperanza, seguramente era la influencia de Dios. Cuando llegamos a destino estábamos caminando sobre nubes, sin nada firme bajo nuestros pies. Adelante estaban las puertas que veníamos a conquistar.

Pronto vimos a las fuerzas religiosas, eran más de las que habíamos supuesto, sin embargo, seguían sin ser rival para nosotros. Dios encabezaba su ejército. Destrucción se acercó y dijo en voz alta: “No queremos aniquilarlos, solo su rendición y el dominio total y permanente de la Tierra” Nuestros reclutas festejaron al oír las palabras de su líder.

Dios respondió que no iba a permitir que eso suceda y que si así lo queríamos, que lo tendríamos que conseguir por la fuerza, Destrucción se dio vuelta y dio la señal de que ataquemos al mismo tiempo que conjuraba un hechizo contra los ángeles. Nuestro rival respondió y ataco a los dragones y los grifos, que peleaban contra los soldados alados. Los orcos se limitaban a destruir todo lo que encontraran en su camino, destruyendo el cielo y lanzando soldados enemigos a Dios y sus tropas.

Los muertos vivos hacían una gran diferencia, mordían a los soldados humanos que Dios había reclutado en un intento desesperado de aumentar su ejército y los transformaban en soldados nuestros, además que sus almas alimentaban nuestras fuerzas y obtenían mayor poder destructivo.

Los magos celestiales se reunían detrás de la línea de ángeles y conjuraban maldiciones en Poseidón y su ejército, que se veían disminuidos a medida que pasaban los segundos. Destrucción rápidamente le pidió a los orcos que arrojen soldados enemigos a los magos, la pelea era un caos, soldados cayendo, hechizos conjurados, fuego por todas partes, los árboles que se peleaban con los dragones, los orcos que a veces le pegaban a los grifos, nuestros soldados que hacían lo posible para matar a los Ángeles, pero estaban fuera de su alcance.

Las fuerzas religiosas estaban disciplinadas y bien entrenadas, lo cual hacía muy difícil su derrota, por ello, Destrucción fue a pelear solo contra Dios. Ambos desenfundaron sus armas. Mi socio utilizaba la Espada de los Ángeles, mientras que su oponente usaba el Báculo de la Esperanza. La pelea era estratégica, peleaban tanto con conjuros como cuerpo a cuerpo, en una excelente combinación de ataque defensa.

Yo asumí como comandante general de las fuerzas infernales que ahora parecían encontrar el buen camino. Además, las pocas fuerzas religiosas estaban exhaustas. Los orcos se aliaron con nuestros soldados, arrojándolos contra los ángeles, aprovechando su desconcierto y clavando sus espadas en la espalda de estos últimos. Los árboles dejaban inutilizables a sus tropas, haciendo uso de su fuerza descomunal y su excelente resistencia. Los grifos y los dragones eran las estrellas del ataque, utilizando el fuego y su capacidad para volar destruían magos, ángeles, soldados, arqueros, toda la resistencia que los enemigos pudieran poner.

Antes de darnos cuenta, la victoria era nuestra. Destrucción mientras tanto tenía acorralado a Dios, quien quería rendirse, pero que no lo haría jamás. Mientras tanto, nuestros soldados habían destruido todas las fuerzas religiosas y ahora estaban saqueando, incendiando y dejando en ruinas al Cielo y a todos los habitantes del mismo.

Una vez que sus bolsillos estuvieron llenos, cada uno quiso cobrar su favor y yo me encargué de cumplirlo. En un segundo, el mundo se vio envuelto en un mar de lava y magma, proveniente de cada volcán conocido y por conocer. Además, unas extrañas criaturas, mitad vivas, mitad muertas mordían todo lo que encontraban en su camino, causándole a la victima una mutación que las volvía parte de ellas. Pronto, en los cielos dejaron de existir las aves para dar lugar simplemente a una clase nueva de animal conocida como Grifos, que usualmente eran montados por un jinete. Los árboles cobraron vida, destruyendo a todo aquel que se atreva a acercarse a ellos. Luego, una masa de monstruos de dos metros de alto invadieron las ciudades, secuestrando mujeres y matando hombres. La Tierra era un caos, era un Infierno.

En el Cielo, o en lo que quedaba de él, Destrucción había triunfado y tenía a Dios tirado en el suelo, con la espada en su garganta, cortándolo un poco, disfrutando de la sensación. Dijo con un tono sádico: “Tu reinado de terror ha llegado a su fin, ahora es tiempo para nosotros de llevar las tinieblas a la luz, de eliminar todo recuerdo tuyo de los corazones de los humanos. Yo seré el nuevo Dios. Esto recién ha comenzado” y Dios respondió: “Si me matas, sufrirás las consecuencias”.

Mi socio esperó unos segundos, quiso disfrutar su momento de gloria, apretó más fuerte que nunca la espada, y luego la clavó en el pecho de Dios, la satisfacción era total, lo había hecho, había sido aquel que matara a Dios.

Su alegría duró poco, ya que cuando la última chispa de vida abandono el cuerpo de su enemigo, algo extraño sucedió. Algo que Destrucción no entendió a ciencia exacta en ese momento, pero que luego descubrió. La muerte de su adversario, de uno de los mayores ilustres en la historia del ser humano, el llamado creador de la vida, causó que absolutamente todas las criaturas de su creación mueran con él, dejando sin vida y sin alma a todos los seres que habitaban la Tierra, o lo que quedaba de ella.

Destrucción cayó sobre sus rodillas, estaba débil, ya no habían almas de que alimentarse ni hombres a quien robárselas, ya no había nadie que integre su Imperio, ya no había nada que reinar. Concentrado en su profundo mar de pensamientos no notó mi presencia, me acerqué, desenfundé mi espada y dije: “Mi amigo, tu tiempo ha llegado, es mi oportunidad para dominar todo lo que mis ojos puedan ver, juntos hemos puesto fin a esta guerra para convertirnos en los emperadores de la Tierra, pero ahora, debo matarte. No hagas preguntas, no hay tiempo para ello. Mi nombre es Hades” y corté su cabeza que cayó rodando por las nubes del, una vez, conocido como Cielo.

Volví a la Tierra, al fin se había terminado la guerra. Las fuerzas religiosas y las infernales ya no existían, la vida ya no existía, solo quedaban las sombras y las tinieblas, la lava y el fuego, la destrucción y la soledad, las penas y la desolación. Simplemente me acosté y dormí y soñé con un mundo donde no hubieran guerras, donde la gente pueda vivir tranquila. Un mundo que además de existir en mi mente, existía a mi alrededor. Mi objetivo estaba cumplido.

sábado, 8 de diciembre de 2007

La Ventana Abierta


Twisted Ink Productions Presents:

La Ventana Abierta
By Chebing



Todo empezó cuando el psicólogo le recomendó ir a pasar unos días a su casa en el campo. Framtom Nuttel tenía un problema de nervios y necesitaba algo que ayude a calmarlos. Decidió hacer uso del consejo que había escuchado y en menos de una semana ya estaba todo arreglado para volver a su casa en el campo. Era una lástima que en todos esos años no haya ido ni una sola vez.

Como Framtom era una persona tímida y poco sociable, habló con su hermana, quien había vivido allí durante unos meses, para pedirle unas cartas de presentación que lo ayuden en la difícil tarea de hacer amistades.

Durante la primer semana, Framtom estuvo muy ocupado recorriendo el pueblo, conociendo la zona, caminando por los bosques y, por sobretodo, calmando sus nervios. Por suerte la recomendación del doctor parecía dar resultado, y con el pasar de los días nuestro protagonista se sentía cada vez mejor. Luego de dos semanas, decidió conocer gente nueva haciendo uso de las cartas que tenía en su posesión. La que más llamó su atención fue la que estaba dirigida a la Sra. Sappleton, que casualmente, vivía bastante cerca de él.

Se subió al auto, manejó un par de minutos y llegó a destino sin ningún percance. Se acercó a la puerta, la golpeó y esperó a que lo reciban. Abrió la puerta una joven llamada Vera, quien le preguntó quién era y por qué estaba en su casa. Luego, lo invitó a pasar y le dijo que tendría que esperar en el salón hasta que su tía, la Sra. Sappleton, baje.

Framtom estaba impresionado por la excelente decoración de la casa, que tenía pisos de madera, muchos cuadros, la pintura era del mejor gusto posible y los muebles, absolutamente encantadores, todo esto en la más absoluta de las armonías. Sin embargo, sus observaciones se vieron interrumpidas por Vera, quien estaba cansada del silencio y le dijo que tendría que soportarla hasta que su tía baje.

Fue así que comenzó la pequeña charla, Framtom le dijo la razón de su viaje y le explicó cómo había recibido las cartas de presentación de su hermana, quien había vivido allí hacía cuatro años. Vera luego le preguntó si notaba algo extraño en la casa, Framtom usó la oportunidad para elogiar el excelente sentido de decoración que tenían sus dueños, sin embargo, eso no era lo que Vera quería escuchar.

Él siguió intentando descubrir qué había de extraño en la casa, pero sin éxito, así que Vera le tuvo que indicar una ventana en el medio del salón, la única abierta en toda la casa. Framtom le dijo que para ser un día de otoño, hacía el suficiente calor para tenerla abierta, pero por la cara de Vera, esa no era la respuesta correcta. Ella contestó que en ese caso, las demás no estarían cerradas, y le explicó el por qué de esa ventana abierta. Resulta que el marido, el hijo y el hermano de la Sra. Sappleton eran aficionados a la cacería, deporte que practicaban todos los días. Al parecer tenían tanta práctica que conocían los mejores lugares para cazar y que ya era una costumbre para ellos salir todas las tardes de cacería. Es por eso que con el pasar del tiempo, adquirieron la costumbre de dejar la ventana abierta, para que al regreso de los cazadores, éstos pudieran entrar por ahí y así no ensuciar ni la alfombra ni los pisos de madera de la Sra. Sappleton. Fue lo que contó Vera a continuación lo que hizo poner nervioso a Framtom.

Resulta que un día de verano, los tres cazadores partieron hacia su lugar preferido para cazar, dejando la ventana abierta como era costumbre. Lo que ellos no tuvieron en cuenta es que los senderos que antes eran seguros, se habían vuelto peligrosos debido a las inundaciones que había sufrido el pueblo durante dos semanas, en la conocida como la peor temporada de lluvias en los últimos cien años. Como resultado de esto, el pequeño grupo de tres cayó en un pantano y fue la última vez que alguien escuchó hablar de ellos, ni siquiera sus cuerpos fueron recuperados. A pesar de esto, lo más retorcido de la historia era que la Sra. Sappleton negaba su muerte y dejaba todos los días del año la ventana abierta, esperando el regreso de su esposo y los demás.

Ya se habían cumplido tres años desde la última vez que los habían visto, y sin embargo, no había pasado un día que la ventana no estuviera abierta, y tampoco había pasado un solo día sin que la Sra. Sappleton se pusiera a mirar a través de ella, esperando verlos llegar, esperando escucharlos cantar sus canciones y esperando tener a su familia una vez más, segura en su casa.

Antes de que Framtom pudiera decir cualquier cosa, la Sra. Sappleton bajó e interrumpió la charla, rápidamente, Vera abandonó el salón y subió las escaleras. Framtom estaba tan nervioso que necesitaba olvidarse del tema de la ventana y hablar de cosas más normales. Ambos se presentaron, la Sra. Sappleton parecía una mujer amable, sin embargo, había algo raro en ella, Framtom tenía la extraña sensación de que ella estaba loca.

Antes de que Framtom pudiera hablar, ella lo interrumpió para explicarle que su marido, hijo y hermano estaban por llegar y que por eso mantenían la ventaba abierta, para que entren sin ensuciar la casa. Esto no hizo más que alterar a Framtom que rápidamente contó sobre su enfermedad en un intento desesperado de cambiar de tema, sin embargo, la Sra. Sappleton casi no lo escuchaba y miraba exclusivamente hacia la ventana, esperando el regreso de los cazadores desaparecidos.

Framtom cada vez estaba más nervioso, sus manos estaban temblando, y no podía hacer más que hablar sobre él, necesitaba alejar sus pensamientos de esa ventana, pero la Sra. Sappleton no parecía escuchar nada, solo miraba a esta última y asentía con la cabeza.

De repente, se escuchó una canción que provenía de afuera, se escuchaba bajita, sin embargo, iba tomando fuerza. La Sra. Sappleton intentó descifrar la extraña melodía, hasta que con una sonrisa en su rostro dijo que al fin habían llegado. Framtom se tomó el pecho, su corazón latía como si no existiera un mañana, se paró y, al igual que la Sra. Sappleton, se acercó a la ventana. Antes de poder mirar a través de ella la vio a Vera, quien había bajado cuando escuchó la canción.

La primera en llegar a la ventana fue la Sra. Sappleton, que simplemente hizo un saludo con las manos y sonrió, dando la bienvenida a los desaparecidos cazadores. La segunda fue Vera, que en cuanto vio lo que pasaba abrió los ojos y la boca en señal de sorpresa, y cayó desmayada al suelo. Framtom fue el último en mirar. Se asomó y vio un grupo de tres sombras, caminando con escopetas en la mano, con un perro alrededor, cantando y saludándolo a él y a ella, saludándolos como una extraña ironía que le jugaba el destino. Acto seguido Framtom salió corriendo de la casa, para jamás volver, para jamás parar hasta que sus nervios se lo permitieran.

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Remake del relato The Open Window

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Hombre en Llamas

Twisted Ink Productions Presents:

Hombre en Llamas
By Chebing



El gran incendio fue hace treinta y cinco años y sin embargo, lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Yo tenía tu edad, era un cálido día de verano y nadie hubiera podido siquiera imaginar los eventos que sucederían esa tarde. Pero antes de hablarte sobre eso, quiero empezar desde el principio, para que luego, opines sobre lo que quizás haya pasado, ya que nadie lo sabe a ciencia exacta y al parecer, nadie lo sabrá. Estos treinta y cinco años no sirvieron para nada más que para crear más dudas y misterio alrededor de la figura del pianista.

Todo comenzó hace cincuenta años, yo no era más que un bebe en la panza de mi madre cuando el pianista se mudó al pueblo. Al principio todos lo conocían como “el nuevo” y con el pasar de los años, ese sobrenombre cambió para dar origen al actual. Él era un hombre correcto, de pocas palabras, educado y muy talentoso. No hay persona en el pueblo que haya tenido alguna discusión con él y los pocos que lo conocían decían que era un gran hombre.

Él se mudo en busca de una casa para su nueva familia que estaba compuesta de su mujer y su niño de cuatro años. Compraron una gran casa en las cercanías del bosque, en los alrededores del pueblo. Esto había sido así porque él tocaba el piano todo el día, y no quería molestar a los vecinos. Además, dicen que era un hombre que disfrutaba de su espacio, le gustaba estar tranquilo sin molestar a nadie y sin que nadie lo moleste a él.

Al poco tiempo, empezó a dar clases de piano a los hijos de los vecinos, y cuando se corrió la voz, tenía tantos aprendices que tuvo que empezar a cobrar para ensañarles. Sin embargo, su mejor alumno era su propio hijo, quien había empezado a tocar desde los tres años.

Así pasó el tiempo, y pronto todo el pueblo le había tomado cariño a él y a su familia, que se encontraba entre las más respetadas del pueblo. La vida del pianista era perfecta, o por lo menos así lo parecía.

Al poco tiempo de cumplir los dieciocho, su hijo dejó de tocar el piano. Mucha gente dice que esto fue la base para el colapso psicológico del pianista. Luego, él también dejó de tocar el piano, y su hijo se tuvo que hacer cargo de los aprendices. Gradualmente, éstos dejaron de asistir a su casa, hasta que solo quedaron los amigos de su hijo, que iban en dos grupos de tres personas cada uno.

Es en este punto de la historia que no podemos saber exactamente qué pasó. Lo que estoy a punto de relatar es el resultado de años de investigación policial sumado a los rumores que corrían sobre el pianista y su familia. La extraña sucesión de eventos que derivó en el incendio es resultado de la personalidad de este último y de los secretos que escondía el pueblo, secretos demasiados oscuros para que el pianista pueda vivir con ellos.

Todo empezó con los amigos de su hijo, ellos eran los únicos alumnos que quedaban en todo el pueblo, e iban a practicar una vez por semana a su casa. Lo raro es que ninguno de ellos parecía tener el más mínimo conocimiento de música y menos aún, de piano. Esto despertó la curiosidad del pianista, quien un día decidió bajar a espiar la clase que llevaba adelante su hijo.

Al parecer no había nada fuera de lo normal, sin embargo algo llamó su atención. Al principio no supo qué era, por lo cual necesitó espiarlos durante un par de semanas para descubrir qué no encajaba en esa situación.

Con mucha paciencia descubrió qué estaba fuera de lugar, se dio cuenta que el primer y último alumno acomodaban demasiado la silla del piano, pero que no lo hacían cuando eran los segundos o terceros, solo cuando era primero y ultimo. Además, esta costumbre de sobre-acomodar la silla la hacían todas las clases, todas las semanas, sin importar cuál de ellos sea el primero en sentarse a tocar.

Cuando descubrió esto, esperó hasta que la casa esté vacía y fue a revisar la silla del piano. Al principio no parecía haber nada extraño en ella, era una silla común y corriente sin nada sospechoso. No fue hasta que tocó el soporte de la misma cuando se dio cuenta de lo qué estaba pasando.

Los amigos del hijo usaban como excusa las prácticas en su casa para traficar droga, más precisamente marihuana, la cual era escondida en la parte inferior de la silla. Además, le daban parte del dinero del tráfico de drogas a su hijo, quien no debía decir nada del asunto. El método era bastante simple, el primer alumno era el encargado de retirar la droga y el último de dejar el dinero. Luego, en el transcurso de la semana, venía el segundo grupo que hacía un trabajo parecido. El primer integrante sacaba el dinero mientras que el último volvía a dejar la bolsa de marihuana.

El pianista, completamente sorprendido por lo descubierto, llamó inmediatamente a la policía y le contó lo que estaba pasando, como era de esperarse, también dijo que su hijo era cómplice. Rápidamente las sirenas despertaron a todo el pueblo, que moría de intriga por saber lo qué estaba pasando. Estas sirenas se detuvieron en la casa del pianista, lo cual era impensado para la mayoría de los habitantes. Mayor fue su sorpresa cuando vieron al hijo del pianista siendo arrestado.

En un pueblo tan pequeño, las noticias viajan muy rápido, más aun que la policía. Esto les permitió a los traficantes esconderse en las cercanías hasta idear algún plan para escapar. El lugar elegido fue el bosque, cerca de la casa del pianista.

Hasta este punto de la historia, todo el pueblo está de acuerdo en que así sucedieron los hechos, sin embargo, de aquí en adelante, las opiniones están muy divididas en dos grandes teorías, de las cuales, nunca sabremos cuál es la correcta.

La policía había encerrado al hijo del pianista y ahora estaba buscando a los traficantes, pero no sabían el escondite de los mismos. La orden que se esparció por el pueblo fue la de estar cada uno en su casa, para facilitar el trabajo de los representantes de la Ley y avisar si veían algo sospechoso.

A las horas, llegada la noche, se escucharon las sirenas de los bomberos atravesando el pueblo a toda velocidad, yendo directo a la casa del pianista. Todos empezamos a salir a la puerta de nuestras casas, para ver qué estaba sucediendo cuando de repente alguien gritó que se incendiaba la casa del pianista. Todos fuimos corriendo a ver el incendio, pero más impresionante que éste era la imagen macabra que se desprendía de la casa. Pronto las llamas serían lo menos importante.

Reunido a metros de la casa del pianista se encontraba todo el pueblo, presenciando la destrucción ocasionada por el fuego, que rápidamente empezó a consumir el bosque cuando la casa no le alcanzó para saciar su apetito. Más cerca que nosotros se encontraba la policía que trabaja en conjunto con los bomberos y que había apresado a los traficantes, quienes, al parecer, habían salido corriendo del bosque antes que éste se prenda fuego, con temor por sus vidas pero a la vez placer por la venganza que se estaba cobrando el fuego contra su delator, contra quien los traicionó.

Pero sin duda lo que nadie jamás olvidará de ese trágico día era la melodía que se escuchaba desde la casa. El pianista y su mujer todavía estaban adentro, y todos los intentos de rescatarlos eran en vano. Mientras el fuego consumía la madera, los muebles, la casa, el pianista tocaba por primera vez en meses pero por última vez en su vida. La melodía era Sonata Luz de Luna, su canción preferida.

Recuerdo la gente llorando, nerviosa, gritándole al pianista para que abandone la casa, los bomberos intentando apagar el fuego, y por sobre todas las cosas, el paisaje que hacían las llamas, el humo, la luna, la casa y el sonido del piano, hermoso, pero a la vez cargado de tristeza. Todo esto formaba la imagen más armoniosa que he visto hasta el día de hoy. Todos los elementos se fusionaban en uno, en la voluntad del pianista de no abandonar la casa, de no salvarse, y en vez de eso, de regalarnos sus últimas notas.

Al poco tiempo, el sonido se detuvo junto con la vida del pianista, junto con las cenizas que pronto quedarían del piano y de la casa, junto con la tristeza de una de las personas más nobles que el pueblo haya conocido.

La policía nunca pudo probar que el incendio fuera ocasionado por los traficantes, tampoco habían pruebas suficientes para declararlo como accidente. Mucha gente dice que fueron los criminales en busca de venganza, los más optimistas dicen que fue un accidente y los más retorcidos opinan que el pianista fue el responsable de prender fuego su casa.

Sin importar cuál haya sido el causante del incendio, el pueblo tampoco sabe por qué no intentó escapar, si bien porque era demasiada la vergüenza de que su hijo sea cómplice de tráfico de drogas o si bien porque no podía soportar que quien estaba destinado a seguir sus pasos, a hacer inmortal su nombre, le haya dado la espalda a su legado, a lo que significaba el mundo para él; su piano.

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Este relato es un homenaje a una de las mejores series de todos los tiempos; Detective Conan

lunes, 3 de diciembre de 2007

L.O.V.E.


Twisted Ink Productions &
Broken Heart Memories Presents
:

L.O.V.E.
By Chebing


“[…] Todo esto me sirvió para darme cuenta que cuando estás triste, yo también lo estoy, y que cuando te lastimo, no hago más que lastimarme a mi mismo. ¿Aceptarías las más sinceras disculpas de este tonto que se ha equivocado tanto? Eres el mundo para mí, lástima que tardé en darme cuenta”

Lagrimas caían por el rostro de Cecilia, no podía evitar emocionarse ante tal demostración de amor. Esto no era desaprovechado por Alejandro, quien utilizaba la situación como una excusa para abrazarla. Era la tercera vez que veían la película y el resultado era siempre el mismo, ella lloraba y él la abrazaba.

Cecilia era una mujer que disfrutaba de la rutina, le tenía miedo a las cosas nuevas y una vez que encontraba algo que le gustaba, se quedaba con eso. Ale también disfrutaba de la rutina, pero de vez en cuando necesitaba algo nuevo para no aburrirse de hacer siempre lo mismo. Esta es, probablemente, la raíz del problema que inspiró este relato.

En un lluvioso día de invierno, Cecilia se sentía mal, le dolía la panza (o por lo menos, eso decía), mientras que Ale estaba ansioso por ir a una fiesta que celebraba su mejor amigo, Carlos, por el estreno de su casa nueva. Cecilia también estaba invitada, sin embargo, su salud no le permitía asistir. Ale, conocedor de estas excusas, se enojó con Cecilia y le dijo que él iba a ir solo si así fuese necesario, que él no se perdería la fiesta, y que ella tampoco debería hacerlo.

Como era un hombre de palabra, Ale se vistió, le dio un beso a su pareja, le deseó una rápida recuperación y se fue a la fiesta. Cecilia se quedó en cama pensando en lo que había dicho Ale, hasta que el sueño la venció y se quedó dormida.

Ale la estaba pasando genial, sin embargo, no podía dejar de pensar que tal vez los dolores de panza de Cecilia eran ciertos, y por eso, no podía disfrutar de la fiesta. Decidió que lo mejor era volver a su casa, no sin antes comprar unas flores en el camino, para esto, fue al cuarto de Carlos a buscar su abrigo.

Cecilia se despertó, miró el reloj, eran las dos de la mañana y Ale no había vuelto. Decidió ir a la fiesta, haciendo caso omiso a sus dolores de panza, si es que éstos eran ciertos. Se vistió, maquilló y pidió un taxi.

Ale estaba bastante desinhibido, el alcohol había empezado a hacer efecto. Es curioso el poder que tienen las mujeres en los hombres, además de la increíble habilidad de hacer que ellos hagan lo que ellas quieren, y ésta no había sido la excepción. Resulta que cuando Ale estaba subiendo las escaleras, se encontró con una hermosa mujer sentada en los primeros escalones, con un trago en la mano y una expresión de tristeza en su rostro. Nuestro caballero le preguntó si pasaba algo malo, y la mujer respondió que nadie quería hacerle compañía.

Los demonios en la cabeza de Ale empezaron a debatir, pensamientos sobre Cecilia invadían su mente como si fueran evidencia en el juicio de un asesinato. Y de pronto, no quiso pensar más, no quiso obedecer a la razón, no quiso dejar sola a esta hermosa mujer.

Se sirvieron varios tragos mientras conversaban sobre ellos mismos. Él le contó que trabajaba en el sector finanzas de una mediana empresa, ella era la dueña de un bar en una zona céntrica de la ciudad.

A medida que pasaban los tragos, la conversación se volvía más privada, él se enteró que a ella la había dejado el marido por una mujer más joven y hermosa. Ale no pudo entender esto, ya que consideraba a esta extraña mujer como una de las más lindas que había conocido. A ella le cautivó el hecho de que Ale la tratara con respeto, escuchándola y sin querer conquistarla, algo que ella encontraba imposible en otros hombres.

Cecilia se bajó del taxi y entró en la casa, la música estaba bastante alta y el lugar lleno de gente. Buscó con la vista a Ale y no lo encontró por ningún lado, empezó a recorrer la casa pero tampoco tuvo suerte. Cuando lo vio a Carlos lo felicitó por su nueva casa, por la fiesta y le preguntó dónde estaba Ale, él no supo responder esta pregunta y a paso nervioso empezó a subir las escaleras.

Cecilia era una mujer inocente pero no tonta. Rápidamente entendió que había algo fuera de lugar y lo siguió a Carlos, quien había corrido hasta la puerta de una habitación. Éste abrió la puerta pero no entró, solo dijo unas palabras acompañadas de unas señas y se fue. Cecilia no se movió de su lugar y a los pocos minutos, su espera fue recompensada.

Alejandro y la extraña mujer salieron de la habitación y Cecilia salió de su escondite. Ella les gritó, se enfureció, rompió algunas cosas y le pegó una cachetada al hombre. Luego, sujetando su abrigo y dejando caer algunas lágrimas en el camino, se fue corriendo a la salida. Ale no intentó detenerla.

Durante semanas ninguno de los dos intentó hablar con el otro, Ale necesitaba un tiempo para darse cuenta de lo mucho que la quería y ella necesitaba un tiempo para saber hasta dónde era capaz de llegar por su amado. Esta incomunicación fue interrumpida por un llamado de él en donde la invitaba a cenar a su lugar preferido. Ella le dijo que si él quería verla, que tendría que ser en su casa. Ale aceptó de inmediato y le dijo que esa misma noche él estaría por allí.

Cecilia tenía que preparar todo en muy poco tiempo, la visita de Ale era inesperada y, si bien en su cabeza estaba todo listo, había que ir a comprar las cosas y preparar la casa, la comida, etc.

El timbre sonó a las 8 en punto, a la misma hora que Ale llegaba a la casa de trabajar. Cecilia le abrió la puerta, le pidió su abrigo y lo invitó a pasar. Había mucha tensión en el aire. Ambos se sentaron la mesa, faltaban unos minutos para que la cena estuviera lista. Ella empezó diciendo que había tomado en cuenta lo que él le había dicho todos esos años y que estaba lista para afrontar sus miedos y tomar su vida en sus manos, que era una mujer distinta. Él le dijo que en esas semanas sin hablar las cosas se habían vuelto mucho más claras y que no podía hacer más que simplemente pedirle perdón. Se notaba que estaba muy apenado.

Ella fue a buscar la cena y las bebidas. Había preparado su comida preferida acompañada de su vino favorito. Él estaba muy feliz de tener una cena a la luz de las velas tal cual como la había soñado.

Ella propuso un brindis antes de empezar la cena, sin embargo, no podía más que sonreír. Él quiso brindar por ellos y por su amor.

Antes de empezar a cenar, él le pidió que vaya hasta su abrigo y que busque una pequeña sorpresa que le había traído. Ella obedeció y encontró una carta en uno de los bolsillos. La abrió y la empezó a leer.

Ale le había dedicado tres páginas de su propio puño y letra a Cecilia, quien lloraba con cada renglón que leía, quien perdía el control de sus manos que temblaban con cada gota de tinta plasmada en el papel. La carta, además, tenía fragmentos de su película preferida. Sin embargo, el párrafo que más le gustó es el que decía: “Espero que me perdones, no solo eso, que aceptes un pequeño regalo que tengo para vos, un anillo, que simboliza nuestra unión y mi compromiso hacia vos, mi, quizás, futura esposa”

Las lágrimas siguieron bajando por la cara de Cecilia, estaba muy emocionada y sabía que tenía que ir en busca de su amado. Se acercó a él y tocó su hombro, no podía parar de llorar. Antes de hablar, tomó un trago del vaso de Ale y le dijo:

“Gracias por todo, mi amor. He estado muy equivocada y necesito tu perdón, solo espero que no sea demasiado tarde”

Al decir esto, se sentó en su regazo y lo abrazó a la altura del cuello. Inmediatamente se puso el anillo en el dedo, solo quedaban unos segundos antes de que el veneno haga efecto en ella también.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Escritor Inspirado


Twisted Ink Productions Presents:

Escritor Inspirado.
By Chebing


“El hombre lentamente fue perdiendo sus sentidos, sus sueños, sus ambiciones y su vida. Todo esto mientras el calor implacable del fuego hacía lo necesario, lo justo, lo correcto, lo inevitable, le conseguía al hombre una cita con la muerte”.

Ese era el párrafo final del último libro de John Sicker, que al igual que los anteriores, en la primer semana a la venta ya era uno de los más vendidos en todo el mundo. La literatura de este escritor era la envidia de todos los otros, sacaba dos o tres libros por año y terminaban siendo los que mayores ganancias producían. Según él, el secreto estaba en sus historias.

Sicker siempre contaba historias retorcidas, sobre personas matando o torturando a otras, desde el punto de vista tanto emocional como psicológico del asesino, sin darle mayor importancia a las víctimas. Este fue el concepto que revolucionó la literatura, porque Sicker re inventó la forma de escribir textos policiales, de suspenso, etc.

“Adam abandonó el lugar, sabía que pronto el trabajo estaría hecho. Se había asegurado más de una vez de que el plan salga a la perfección. No habían testigos, no había evidencia, sólo un pobre diablo en la peor de las torturas, atrapado sin salida con nadie más que él mismo"

Después de muchos libros y varios millones en su haber, Sicker tenía un contrato que renovar, y obviamente, estaba en el ojo de todas las editoriales. Los noticieros hablaban sobre los contratos millonarios que le proponían, algo sin precedentes en el mundo de la literatura. El mejor contrato era por cien millones de dolares anuales durante 5 años. Además, le daban 50 millones por cada libro que escribiera. La editorial encargada de tan jugoso contrato era Twisted Ink Productions.

Teddy Lamb era el representante de la editorial encargado de cerrar el trato con Sicker, la reunión se había pactado cerca de los muelles de la ciudad siguiendo los deseos del escritor. Teddy llegó a horario, quedaba mal ante el cliente llegar tarde, no vio a nadie en la entrada así que directamente entró al galpón 13, donde se tenían que encontrar.

“Presionó el silenciador contra la cara de su amante, lo paseó por toda su cara. El metal frío se mezclaba con las lágrimas calientes, mientras los lamentos de la mujer se escuchaban retumbando la habitación. La sangre manchó su ropa después de apretar el gatillo, sus ojos estaban perdidos en un mar de auto satisfacción, de orgullo, de locura. El psicótico había asesinado al último rastro de cordura en su mente”

- Buenas tardes Sr. Lamb, ¿Cómo le va? – Dijo Sicker mientras se acercaba al representante de la editorial.

- Muy bien, ¿y usted Sr. Sicker? Espero que no haya estado esperándome desde hace mucho tiempo

- No, para nada, despreocúpese. Espero que haya traído los papeles así terminamos con este asunto lo más rápido posible.

- Si, tengo todo aquí mismo. Su abogado ha aprobado el contrato, como verá, su firma está al pie de cada página.

- Muy bien, eso es perfecto, nada podría salir mejor. Sin embargo, antes de firmar, ¿Le molesta si le pregunto algo?

- En lo absoluto, pregunte nomás.

- ¿Por qué su editorial se interesó en mi humilde persona?

- Bueno, Sr. Sicker, eso es fácil de responder, usted es el escritor más popular con los mejores libros de los últimos 100 años, nos sentimos más que orgullosos de ser los responsables de poner en circulación sus maravillosos escritos.

- Muchas gracias, excelentes palabras Sr. Lamb, sin embargo, yo no sería nada sin mis lectores, me imagino que un hombre en su posición lo sabe. Ahora, la pregunta que a veces me hago es por qué los lectores eligen leer mis libros y no los de otros autores, qué es lo que diferencia mi escritura de las demás. ¿Usted lo sabe, Sr. Lamb?

- No con exactitud

- Bueno, yo tampoco, sin embargo tengo una excelente idea. Mire, antes de escribir yo había leído muchas obras de muchos autores, y me di cuenta que nunca tomaban una perspectiva real de los pensamientos del asesino, quien era atrapado sin excepción al final de cada texto. En cambio, en mis novelas, el asesino es el héroe, es el personaje principal y la gente responde a eso.

- Claro, usted le presentó algo nuevo al público y así se ganó su admiración.

- En pocas palabras, si, tiene mucha razón. Pero, yo no podría estar capacitado para escribir sobre el olor de la sangre humana si nunca la hubiera olido, no podría escribir sobre el ruido que hacen los huesos cuando se fracturan si no los hubiera escuchado, no podría describir la expresión de una persona ahogada en un grito y lágrimas si no la hubiera visto cara a cara, ¿verdad? Y resulta que en este preciso momento, necesito inspiración para mi próxima obra de arte.

- “La victima había sido amordazada y atada, al lado de la silla prisionera había una mesa de operaciones con toda clase de instrumentos de la muerte. Se colocó la bata, el barbijo, los guantes y empezó la operación. Primero utilizó el bisturí que sería el encargado de cortar el cuello de la victima, no mucho, pero si lo suficiente para que en el aire se sienta el olor a sangre que tanto le gustaba al asesino. Los instrumentos estaban ordenados según el daño que podían producir. Ahora era el turno del martillo. Con un rápido golpe en la rodilla se escuchó un grito ahogado en desesperación, ahogado en el pedazo de tela que cubría su boca. Era cuestión de tiempo hasta que llegara el turno de los instrumentos más diabólicos. Luego, el agua sería el amante del asesino, escondiendo todos sus secretos, no importa lo que pase”