martes, 1 de enero de 2008

For The Sake Of Revenge



Twisted Ink Productions
Presents
:


For The Sake Of Revenge
By Chebing



Estaba la manada durmiendo, recostados en la nieve, descansando después del agitado día. Los lobos mayores tendrían que ir temprano a buscar comida para alimentar a los recién nacidos, mientras que las lobas debían quedarse allí cuidando a los que todavía no se podían cuidar por sí mismos. Sólo se escuchaba el peculiar sonido de la nieve en el aire, sin edificios, casas, calles ni ningún otro indicio de civilización a kilómetros de distancia.

Era una noche normal, igual a las demás, hasta que una ráfaga blanca como la nieve y rápida como el viento se abalanzó sobre el lobo supremo. Éste reaccionó a tiempo y esquivó los feroces dientes del aspirante a su poder. La pelea había empezado, los otros lobos, exaltados por la pelea, formaron un círculo alrededor y los vieron pelear, como era costumbre en su manada.

El lobo supremo ya estaba viejo, le quedaban pocos días de gloria y el retador lo sabía, la pelea duró tan sólo diez minutos, terminó en un charco de sangre. El lobo supremo había mordido en el cuello al oponente, causando la perdida de sangre del mismo, quien corrió después de ser mortalmente herido. El lobo supremo cayó rendido a la nieve, a su cansancio, debía dormir.

Al día siguiente el sol llegó, despertando a los lobos, tenían un trabajo que cumplir. El líder de la manada estaba agotado y manchado de sangre, pero sí o sí debía ir a la cacería, ya que así lo habían establecido las tradiciones de esta sociedad. Volvieron horas más tarde, habían cazado dos venados que serían usados para alimentar a los más jóvenes y a las madres. Era sorprendente ver a los lobos machos cansados compartiendo la comida con los demás, dejando para lo último su apetito, siendo los últimos en comer.

Pasaron los meses, el lobo supremo se pudo recuperar de sus heridas y recobró fuerzas, nadie había vuelto a retarlo y parecía que nadie lo iba a hacer. Fue entonces cuando cayó la gran nevada, aquella que era digna de ser recordada en el más preciso de los jeroglíficos. El lobo supremo ordenó a los demás ir a un refugio, todos lo siguieron a él quien rápidamente encontró una cueva perfecta para pasar la noche. Lo que nadie podría haber imaginado es que la nevada duró varios días.

La manada moría de hambre, debían hacer algo, sin embargo, la nevada seguía afuera, tan amenazante como siempre, ya había logrado bloquear la salida de la cueva. Con mucho coraje y noción de su deber, el lobo supremo se abrió camino a través de la gruesa pared de nieva y salió al mundo exterior, al frío, a la nieve. Estuvo varias horas, pero afortunadamente pudo conseguir dos venados para sus protegidos, ambos habían muerto de frío y estaban sepultados en la nieve.

Llegó a la cueva, presentó la comida y rápidamente todos empezaron a comer, el estómago del lobo supremo rugía por alimento, pero él debía esperar a que los demás comieran lo suficiente. Luego de comer las migajas que le quedaron, fue a acostarse en la cueva, en el calor, para así, ir nuevamente al día siguiente en busca de alimentos. Empezó a dar vueltas buscando el lugar propicio para dormir, cuando su olfato sintió un aroma conocido, el lobo que lo había retado meses atrás había estado ahí, en su cueva, con su gente, con sus protegidos, en el momento en el que él abandonó la cueva en busca de alimentos para ellos. Sólo puedo aullar, aullar a la luna, a la luna y a su dolor.

Era de día y la nevada había terminado, con la ayuda de los demás lobos machos, abrió un camino hacia el afuera, hacia la nieve. Más tarde, fue en busca de nuevos alimentos. Todos los lobos machos estaban buscando más comida, cuando de repente escucharon un aullido proveniente del lugar donde estaba la manada, entonces, el lobo supremo ordenó a los demás excepto uno que vayan en su rescate, en su auxilio.

El lobo supremo y su compañero debían actuar rápido, habían cazado un alce y otro venado, y los debían llevar a su comunidad. En pleno recorrido, sintieron una presencia, alguien que los observaba, el olfato les decía que había alguien conocido. Ambos se pusieron en guardia, dejando las presas de lado, mostraron sus afilados dientes y empezaron a buscar con la vista al intruso, era el lobo que había retado al líder a duelo.

El lobo supremo mostró sus dientes, se acercó cautelosamente, irradiaba ira, enojo, odio, sentía el olor a la sangre en su boca, se podía imaginar morder nuevamente al lobo oponente.

Estaba ciego por sed de venganza, una vez que empiece la pelea, no pararía hasta ver muerto al otro lobo, esta vez, no lo dejaría escapar. Debía defender su honor y a los que protegía, debía luchar una vez más. Calculó sus pasos, se acercó, sus dientes afilados parecían navajas, el otro lobo parecía tranquilo, pero sabía que había sido un error presentarse allí, debía escapar.

En un movimiento precipitado atacó al lobo traidor, clavando sus dientes nuevamente en su cuello, podía sentir la herida que le había causado hace unos meses. La sangre estaba caliente, el lobo supremo apretó más, con toda su fuerza, con toda su furia. Apretó y apretó, hasta que el otro lobo lentamente fue cayendo, cada vez más y más cerca del suelo. Estaba perdiendo el conocimiento, sus segundos en esta vida estaban llegando a su fin. El lobo supremo siguió apretando, podía sentir los huesos del cuello en sus dientes, quebrándose, no pudiendo resistir tanta presión. Terminó de poner en el suelo al lobo y se alejó, todavía enojado, todavía iracundo, la traición era algo que no soportaba.

Sus huellas de sangre marcaban el camino hacia su campamento, como pequeños puntos rojos en un mar blanco, en un mar de frío, en una selva de hielo.

1 comentarios:

x Noelia x dijo...

aaa la perinolaa
muy bueno eh
te esmeraste en este
me gusta como lo escribiste
que enojo que hay en el ambiente


pff..
linda manera de empezar el año eh
besos