
Twisted Ink Productions Presents:
La Invasión
By Chebing
Desperté en la selva, mi paracaídas se había atorado en un árbol. Lo último que recordaba eran los gritos de terror de mis compañeros mientras saltaban al vacío en un intento desesperado de salvar su vida. No estaba seguro cómo me las había arreglado para escapar con vida, pero lo había hecho. El cohete nos sorprendió a todos, Inteligencia había dicho que no iban a haber alienígenas en, por lo menos, cincuenta kilómetros más al norte, así que estábamos confiados, demasiado confiados como para reaccionar a tiempo.
Con mi cuchillo corté las sogas del paracaídas y caí sobre el pasto, me reincorporé y revisé mi equipamiento. El arma funcionaba y tenía todos los cargadores, pero la brújula y el transmisor se habían roto, iba a ser un largo camino a casa. Fui en busca de más sobrevivientes, pero no encontré nada más que escombros y restos del helicóptero. Ahora mi principal preocupación era llegar a la base.
No sabía dónde estaba, pero sabía que, antes del accidente, habíamos viajado durante treinta minutos aproximadamente, así que la distancia era de unos cincuenta kilómetros de regreso. Era conciente de que en un día podía llegar a mi objetivo, el único obstáculo era saber qué camino tomar. Sabía que la entrada a la selva se encontraba a tres kilómetros de la base, y que era visible desde la misma, así que decidí llegar hasta el final de la selva y luego darle vueltas hasta ver mi objetivo.
Empecé mi recorrido por esos lugares desconocidos, me pareció raro no encontrar ningún animal extraño. El sol me acompañó en todo mi viaje, gracias a él pude determinar a grandes rasgos la cantidad de horas que había estado caminando. Según mis cálculos, hacía diez horas que había empezado con mi viaje, pero claro, era difícil de determinar a ciencia exacta, y más aún bajo esas condiciones. Debía alcanzar uno de los extremos de la selva antes del anochecer, para lo cual, no faltaba mucho.
En todo el recorrido había parado sólo para descansar y tomar agua, por lo cual el hambre se sentía cada vez más. No había llevado provisiones porque estaba en una misión de asalto, pero sí sabía cómo cazar mi comida, sólo debía alcanzar el final de la selva primero, no podía estar mucho más lejos. Seguí caminando, la mochila y el arma cada vez se sentían más pesadas, estaba cansado, desde el comienzo de la guerra que no había podido dormir bien, lo único que me daba fuerzas para continuar era la esperanza de las personas, que no querían quedarse sin lugar para vivir.
Muchos pasos después, pude distinguir el final de la selva y el principio de la llanura, lo había conseguido. Con unos troncos y mucho esfuerzo, logré construir una carpa muy precaria, la cual me ayudaría a pasar la noche. Antes de acostarme fui a conseguir un poco de comida, la cual la cociné en una fogata que dejé ardiendo toda la noche, faltaba poco para el amanecer, debía descansar tanto como pudiera.
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Me desperté, salí de la improvisada carpa a tomar un poco de aire fresco. Revisé mis cosas, preparé todo y rayé una vez más mi arma. Ya habían pasado cientovientinueve días desde la caída del helicóptero, y todavía no había podido encontrar mi base. Estaba cansado de bordear la selva, de no poder cambiarme de ropa, de no comer algo decente, de no poder bañarme tranquilo, mi paciencia se estaba acabando.
Estaba cantando canciones del ejército cuando mi corazón empezó a palpitar con una fuerza que hacía mucho tiempo no había tenido, a lo lejos podía ver la torre de control de la base, mi objetivo estaba a tan sólo unos kilómetros, por fin había llegado. Me desesperé y empecé a correr, tiré la mochila y los cargadores, sólo me quedé con mi arma y cuchillo.
Estuve corriendo mucho tiempo, demasiado, necesitaba sentarme unos minutos. Mientras descansaba no podía quitar mis ojos de la base, no podía creer que después de cuatro meses finalmente llegara a destino. Sin embargo, no estaba del todo bien, había algo extraño. Presté atención, intenté descifrar qué estaba fuera de lugar, y luego, me di cuenta, había una fuga de humo que contaminaba los cielos encima de la torre, sin embargo, todavía estaba muy lejos para estar seguro de mis observaciones.
Empecé a correr nuevamente, tenía el presentimiento de que necesitaban mi ayuda, corrí y corrí, con cada paso la imagen se tornaba más nítida, los alienígenas estaban atacando las instalaciones con sus naves, mientras que nosotros nos intentábamos defender con nuestras inferiores armas, la derrota estaba cerca. Para complicar aún más las cosas, llegó la nave madre de los enemigos, era gigante, cuatro o cinco veces más grande que nuestra base.
Llegó la noche, había estado observando el espectáculo y corriendo para ayudar a mis amigos durante horas, casi no sentía las piernas. La pelea entre los alienígenas y nosotros estaba llegando a su fin, la base estaba en ruinas, incendiándose, mientras que muchas de sus naves todavía estaban intactas, es sorprendente la resistencia que brindamos.
Ya estaba cerca, pude distinguir a lo lejos una nave detrás de la torre a punto de despegar, lo supe de inmediato; estaban ejecutando el plan de retirada. Corrí aún más rápido, todavía no sé cómo pude hacerlo, me infiltré por detrás del campo de batalla, no debían verme, y fui a buscar la nave. Pasé por todos los corredores, dormitorios, salas, pasillos, alas, etc. de la base y llegué hasta el final, escuché la voz del general ordenando la retirada por los parlantes, todos debíamos abordar la nave de inmediato. Cientos de hombres aparecieron detrás de mí corriendo por sus vidas, cansados, lastimados, todos dirigiéndose hacia la nave.
Sin dudarlo y haciendo uso de nuestras últimas fuerzas, fuimos hacia nuestro destino, a la retirada, a la momentánea salvación. Pero no todo estaba resuelto, con la base hecha pedazos y a punto de colapsar y sin nadie en los puestos de control, el enemigo apareció por nuestras espaldas, y comenzó a disparar a discreción.
Incontables hombres cayeron muertos, habían estado tan cerca de salvarse, yo seguí mi camino hacia el transbordador, nadie evitaría que me suba en él. Llegué, subí las escaleras, me puse en la puerta y empecé a disparar contra nuestros enemigos, los alienígenas eran aún más feos de lo que los recordaba. Una mano tiró de mi ropa y caí de espaldas al suelo de la nave, luego, dieron la orden de partir.
Me senté rápidamente en una silla y abroché el cinturón, el despegue siempre era la peor parte. Empezamos a propulsarnos, el sonido de los disparos y los cohetes se perdían con los del lanzamiento, sentía que mis oídos iban a estallar. Pasó una eternidad llena de nervios y ansiedad, pero finalmente logramos huir, estábamos a salvo.
Se acercó el general, me preguntó en dónde había estado en todo ese tiempo y yo le conté sobre el accidente del helicóptero, él me dijo que habían buscado por sobrevivientes pero que luego habían dado a todos por muertos. Le pregunté qué había pasado con la base, me respondió que los alienígenas habían encontrado un arma mortal contra nosotros, además de desarrollar escudos contra nuestras balas, luego de eso, la batalla ya estaba perdida. Nuestra base había sido la última en ser destruida, lo cual aseguraba la victoria de nuestros enemigos. Por último le pregunté a dónde estábamos yendo, y me dijo: “A casa, debemos prepararnos para invadir otro planeta o preparnos para morir, pero los días de la Tierra están contados, ya lo sabes” – “Si, general, lo sé” me limité a responder.
1 comentarios:
Es sensacional "!!! MUy, muy bueno.
A mì me parece uno de los mejores.
Te refelicito
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