
Twisted Ink Productions &
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La Casa de los Horrores
By Chebing
Les dije que no podía quedarme, que debía ir en busca de nuestros amigos. Le pedí a Marcelo que se quede con las chicas y las cuide bien. Antes de irme me despedí con un abrazo de él y de Jazmín, a Sofía le di un beso, quizás nuestro último. Las instrucciones eran que en cuanto yo salga, ellos volverían a trabar la puerta lo más rápido posible, y que si llegaba a volver, que mi señal sería golpear tres veces, hacer una pausa y volver a golpear una vez más.
Quitamos las maderas, abrí la puerta, dije “chau” y sin mirar atrás corrí lo más rápido que jamás había corrido en mi vida. Por suerte la casa de Rodrigo estaba muy cerca. Aproveché para mirar lo que sucedía allá adelante, los malditos estaban destrozando las puertas de las casas de los vecinos y entrando a la fuerza. Se seguían escuchando estruendos y disparos por doquier, y ahora eran acompañados por pequeñas bombas molotov que eran preparadas en forma casera y a los apurones. Era un paisaje verdaderamente de la muerte, con gente suplicando por su vida, y con los pastizales prendidos fuego, no había mucha esperanza.
Llegué a la casa de Rodrigo, me metí por el patio e intenté abrir la puerta pero estaba trabada. Empecé a gritar y a tirarle piedras a las ventanas, rápidamente mis amigos me gritaron que en cuestión de segundos abrirían la puerta, que sólo debía resistir lo suficiente. Tardaron una eternidad pero al fin me dejaron entrar, me abracé con todos al verlos, lágrimas caían de mi cara, ellos me confesaron que pensaban que nosotros estábamos muertos, yo les dije que pensábamos lo mismo de ellos.
Recordamos que la puerta estaba abierta y pusimos unas maderas de inmediato, luego nos sentamos en el sillón y les pedí que relaten lo que había sucedido mientras los demás habíamos estado durmiendo. Al parecer en las noticias habían dicho que un virus muy peligroso, conocido con el nombre del T-Virus se había esparcido por la ciudad, y que ahora se encontraba en cuarentena. No podían decir mucho más por falta de datos, pero al parecer un par de infectados se habían escapado y estaban en los alrededores causando problemas a los vecinos. También decían que había que tener mucho cuidado, ya que los infectados eran muy peligrosos. Luego de escuchar eso, Gabriel y Javier llamaron a Rodrigo y le dijeron que vuelva de inmediato a su casa, que había un virus suelto y que era muy contagioso.
Entonces, una vez en la casa con los chicos, pusieron las noticias de nuevo, pero ningún canal funcionaba, como consecuencia intentaron llamarnos por teléfono para prevenirnos, pero las líneas estaban caídas. En un último intento por ayudarnos, Gabriel y Javier quisieron volver para la casa, pero cuando estaban a punto de salir vieron a los infectados comiendo al mismo vecino que habíamos visto nosotros. Entonces, por miedo y curiosidad, se quedaron viendo qué pasaba con él y el resultado fue escalofriante. Luego de comer todos sus intestinos, los infectados se fueron, y al poco tiempo, el vecino se levantó del suelo y empezó a caminar como ellos, balanceándose de un lado al otro, a poca velocidad y en una forma bastante torpe.
Fue ahí que comprendimos lo que estaba pasando. El virus se contagiaba a través de la mordida de una de esas criaturas, las cuales las bautizamos con el nombre de muertos vivos. Me levanté y fui hasta la ventana, no tenía mucha visión de lo que sucedía afuera, pero pude ver que habían dos o tres casas prendidas fuego, y que cada vez los muertos vivos eran más y más y no sólo eso, estaban a pocos metros de nuestra ubicación.
Miré a los demás, les dije que la casa no iba a soportar a tantos atacantes, y que en el transcurso de la noche, nosotros seríamos muertos vivos también. Le pregunté a Rodrigo si tenía armas en la casa, trajo una escopeta y dos cuchillos, yo tomé uno y Gabriel el otro, el dueño de la casa se quedó con el arma de fuego.
Estábamos contemplando un plan de acción cuando se escucharon golpes en las puertas y ventanas. Con cada minuto que pasaba los golpes aumentaban en cantidad y en fuerza, cada vez teníamos más muertos vivos circuncidando la casa. Javier fue a buscar a los niños, nos encontramos todos en la terraza. Fui a observar lo que pasaba alrededor, noté que había una forma de escapar, era por las cloacas que daban a unos metros afuera de la residencia de Rodrigo, pero para acceder a ellas debíamos ir a la planta baja y salir por el patio.
Comenté mi plan con el resto, todos estuvieron de acuerdo. Fuimos deprisa hacia el patio, mientras escuchábamos el ruido de la madera que ya no resistía más y se rendía ante los golpes desenfrenados de los muertos vivos. Estábamos a mitad de camino cuando se infiltraron en la casa, Rodrigo se paró y empezó a dispararles, nos dijo que nos apuremos, que él iba a ganar tiempo y después se encontraría con nosotros. Supe que era una mentira en ese preciso momento, pero también supe que no había tiempo para discutir, así que seguí con los chicos camino al patio.
Como el patio daba hacia el otro lado del ataque, ninguno de los muertos vivos había intentando entrar por ahí, así que la puerta estaba intacta. Nos apuramos a destrabarla, cada disparo de escopeta era seguido por otro, cada vez más y más rápido, cada vez más y más desesperado. Tiramos todas las maderas, abrimos la puerta y corrimos a toda prisa, mientras que un último disparo ahogaba el último grito de Rodrigo, clavándose como un puñal en mi corazón, quedándose para siempre en mi memoria.
Nos metimos en las cloacas y tuvimos que arrastrarnos por el agua sucia, pero todo era mejor que enfrentar a los muertos vivos. Ya me dolían los brazos cuando encontramos la salida. Empuje la tapa, asomé la cabeza y reconocí el lugar al instante, estábamos a unos cuantos metros del patio de nuestra casa, la cual ahora se encontraba con todas las luces apagadas.
Lo primero que pensé fue en Sofía, necesitaba saber qué había pasado con ella. Ayudé a salir a todos y subí a ambos chicos a la espalda de Gabriel y Javier, de esa manera escaparían más rápido. Mientras, yo estaba pensando mi próximo movimiento, pero no había llegado a una decisión. ¿Qué haría? ¿Iría con los chicos a intentar salvar mi pellejo? ¿O volvería a la casa para buscarla a Sofía para escapar juntos?
Si decides ir en busca de Sofía, busca el título: “El péndulo de la muerte”
Si decides escapar con los chicos, busca el título: “La noche de la eterna oscuridad”
1 comentarios:
Interesante, no se si lograste un estilo pero tenés un horizonte, no lo pierdas es mucho más de lo que tiene la mayoría de la gente.
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