jueves, 7 de febrero de 2008

Raccoon City


Twisted Ink Productions &
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:

Raccoon City
By Chebing


Estábamos en el cuarto descansando, acostados en la cama debajo de la ventana, mientras que Marcelo y Jazmín estaban en la cama contra la pared. Abajo, en el living, Gabriel y Javier cuidaban de los hijos de Rodrigo, mientras él tenía unos asuntos pendientes en la ciudad.

Caí en un profundo sueño, sin embargo, no puedo recordar qué fue lo que soñé, lo que sí recuerdo fue el sobresalto que tuve al momento de despertarme. Un grito desgarrador rompió mi trance y me asustó como nada lo había hecho hasta entonces. Rápidamente miré alrededor, Sofía seguía al lado mío y se notaba que también se había despertado con el grito. En el otro lado de la habitación, Marcelo parecía estar en las mismas condiciones que nosotros. De quien no había noticias era de Jazmín.

Marcelo se levantó de la cama y fue corriendo hacia abajo, Sofía y yo hicimos lo mismo. El living estaba a oscuras, y en un rincón, cerca de la ventana, Jazmín estaba tirada en el suelo, con su mano en el corazón. Al lado de ella se acomodó Marcelo, que le preguntaba qué había pasado. Sin importar cuán fuerte la movió y cuán fuerte le gritó, no pudo conseguir que Jazmín diga palabra alguna, sólo consiguió una seña, aunque eso sería suficiente para entender la situación.

Jazmín sólo atinó a señalar la ventana con su dedo índice, acto seguido Marcelo se asomó a ver qué pasaba. No pudimos resistir la curiosidad y con Sofía también nos acercamos al objeto de la discordia. Al principio no entendimos qué había asustado a Jazmín de esa manera, puesto que afuera estaba todo a oscuras y era muy difícil distinguir las siluetas que se veían a lo lejos. Pero luego, lo entendimos a la perfección.

En el suelo, a unos cincuenta metros aproximadamente, se encontraba nuestro vecino tirado boca arriba, y a su costado se encontraban dos personas más cuya identidad no pudimos reconocer. Al principio pensamos que él se había lastimado y que los desconocidos lo estaban ayudando, ya que parecía que le practicaban una suerte de resucitación, sin embargo, luego entendimos que no lo estaban intentando salvar, sino que lo estaban mordiendo.

Sofía cayó en el suelo, con la misma cara de perturbación que Jazmín, y Marcelo se quedó impactado, en estado de shock. Yo quise estar seguro de lo que veían mis ojos así que abrí muy lentamente la ventana y salí a través de ella, todo sin hacer ningún ruido. Fui gateando muy suavemente hasta poder comprender mejor la situación. No necesite acercarme mucho para poder distinguir las mandíbulas de estos caníbales arrancando pedazos de los intestinos y órganos del vecino. Contuve mis ganas de vomitar y volví a la casa, cerré la ventana detrás mió y empecé a rezar.

Lo primero que pensé fue en Gabriel y Javier, que estaban cuidando a los pequeños. Grité su nombre, los busqué por toda la casa, y nada, no estaban por ningún lado. Los llamé al celular pero no funcionaba la línea telefónica, intenté llamar a la policía pero el resultado fue el mismo. Sólo quedaba ir a buscarlos a la casa de Rodrigo, ya que seguramente habían ido a llevar a los chicos. Cuando estaba por salir, Sofía agarró mi brazo y me dijo que lo piense mejor, que no era seguro abandonar la casa, y que ellos volverían en cuanto pudieran. Yo no estaba de acuerdo y quise irme de todas maneras, sin embargo me di cuenta que allí también necesitaban mi ayuda, así que prometí darles una hora, y que si no volvían en ese tiempo, que los iría a buscar.

Nuestra desesperación nos llevó al galpón en busca de maderas y herramientas para trabar las puertas y ventanas. Nos repartimos las habitaciones y los materiales y empezamos con el trabajo. Un rato después, éste había concluido. Volví a probar suerte con la policía pero el resultado no varió, lo mismo pasó cuando probé con el celular de los muchachos. Luego encendimos la televisión tan sólo para aumentar nuestra preocupación.

De los ochenta canales que había para elegir, ninguno estaba transmitiendo. Algunos estaban con dificultades técnicas, otros decían que volvían en un momento, pero la mayoría presentaban una pantalla en negro. Fuimos a la computadora sólo para descubrir que tampoco andaba la Internet y miramos nuestros celulares para confirmar que estos no eran la excepción a la crisis de comunicación.

Volvimos al living para espiar a través de los espacios entre las maderas de las ventanas y así ver qué estaban haciendo esos caníbales. Para nuestra sorpresa no estaban ni ellos ni el cuerpo del vecino. Nos sentamos en el sofá y sin decir una palabra nos quedamos mirando al vacío, pensando en lo que sucedía. El disparo de una escopeta rompió nuestra concentración. Rápidamente volvimos a la ventana, esta vez el paisaje era completamente distinto.

Decenas de personas estaban caminando de una manera muy rara hacia la casa de los otros vecinos, quienes también habían cerrado sus puertas y ventanas y les disparaban a estos visitantes del infierno desde las terrazas y techos. Estos caníbales formaban un grupo muy numeroso que a medida que pasaba el tiempo iban ganando reclutas. Era cuestión de minutos hasta que lleguen a nuestra casa. Miré a mis amigos y les dije que debía ir a buscar a Gabriel y Javier antes de que sea demasiado tarde. Ellos me dijeron que era una tontería, que ellos probablemente estaban a salvo con Rodrigo y que si salía de la casa, que me matarían. Yo sabía que era un peligro, pero estos monstruos todavía no habían llegado a la casa de Rodrigo, y yo era muy ágil, tenía una buena chance de llegar hasta allí sin ser visto. Era cuestión de decidir mi próximo paso.

Si decides quedarte en la casa, busca el título: “La última resistencia”

Si decides ir en busca de Gabriel y Javier, busca el título: “La casa de los horrores”