jueves, 24 de julio de 2008

El Elegido


Twisted Ink Productions Presents:

El Elegido

By Chebing



Cuenta la leyenda que cuando el cielo se ponga negro, y el futuro de la humanidad se vea amenazado, él será quien nos rescate de la oscuridad y haga brillar el sol una vez más, Él, sólo él, es capaz de destruir la maldad que atormenta los hombres, de asesinar a las criaturas del infierno. Él, el único, el inmortal, el salvador, el elegido. Dicen los viejos sabios que él no puede ser herido por ningún hombre mortal, y que la llama de su vida se extinguirá al devolver la esperanza a la gente. A él necesitábamos para poner fin a la “Era de la Oscuridad”.


Durante años nuestro objetivo fue encontrar al elegido y procurar que la profecía se cumpla. Hacía ocho años que la oscuridad se había apoderado de los cielos y todavía no habíamos sido capaces de dar con él. Recorrimos todo el mundo en su búsqueda, esquivando a las criaturas que rondaban en busca de sangre fresca, arriesgando nuestra vida por una simple leyenda. Sin embargo, sabíamos que algunas leyendas eran más que eso, así como también sabíamos que si nos quedábamos de brazos cruzados, la humanidad estaría sometida hasta el fin de los tiempos.


No teníamos rumbo fijo, simplemente viajábamos de un lugar a otro según los rumores que escuchábamos. Los monstruos infernales eran inmunes a los ataques de los mortales, y cuando fallecían, un trueno descendía de los cielos, iluminando un poco la oscuridad, causando destrucción por última vez. Así que, básicamente, estábamos condenados a mirar el cielo, esperando por una lluvia de truenos, que nos ilumine no con su luz, sino con su esperanza.


Sin embargo, los años pasaban y la tripulación estaba cada vez más cansada de viajar. Los pocos que tenían familia no la habían visto desde que empezó nuestra misión, y no recuerdo cuando fue la última vez que pudimos descansar más de cinco horas. Si no encontrábamos al elegido pronto, la humanidad tendría que buscarse a otros pobres diablos que hagan su trabajo.


Quizás, uno de los mayores problemas era la constante presión que teníamos causada por los monstruos infernales. Estas bestias adoptaban las formas de los animales, pero su pelaje era reemplazado con llamas, sus ojos se volvían rojos, su tamaño aumentaba hasta casi el doble y su instinto asesino se multiplicaba hasta convertirse en una verdadera maquina asesina. Si estas criaturas te encontraban, tu única opción era correr, puesto que eran invencibles, o sino, podías rezar para tener una muerte rápida.


Nuestro secreto para mantenernos con vida era “El furtivo”. Así habíamos apodado al hombre más valioso del grupo. Él era el encargado de escuchar, y a veces oler, a estas criaturas para así protegernos. El plan era encontrar refugio y quedarnos bien callados hasta que pase el peligro. Mientras tanto, nos bañábamos en el sudor de estas bestias, para que no nos detectaran con el olfato. Pocas fueron las veces que no pudimos encontrar refugio a tiempo, e, irremediablemente, en todas esas ocasiones perdimos a un compañero en la escapatoria.


En nuestros años de búsqueda, varias veces habíamos notado el trueno que anunciaba la muerte de las criaturas, y cuando eso pasaba nos dirigíamos de inmediato a la zona de impacto, hablando con todos los sobrevivientes que encontráramos en el camino. Todos sabían todo, pero en realidad, nadie sabía nada. Si veíamos tres sobrevivientes, tendríamos tres versiones distintas de lo ocurrido. Algunos decían que habían visto a un hombre de dos metros luchando con una espada y cortando la cabeza de esas criaturas. Otros decían que las criaturas se habían asesinado entre ellas, otros no habían visto ni escuchado nada y algunos ni siquiera podían articular dos palabras seguidas. Nuestro trabajo era difícil, y no había nadie para ayudarnos.


Un día, caminando a través de las montañas de fuego, vimos caer un trueno. Por instinto empecé a correr lo más rápido que pude, y mis compañeros me siguieron. Mientras nos acercábamos cada vez más y más a la zona de impacto, nos adentrábamos aun más entre las montañas de fuego, hasta un lugar donde ya no era seguro caminar. Seguimos nuestro recorrido, ya no había espacio para correr, sino que teníamos que medir nuestros pasos y pasar por donde hubiera lugar. Si no teníamos cuidado, abajo había un río de fuego hambriento, esperando por alguno de nosotros.


Todos los peligros no parecían nada comparados con la idea de encontrar al elegido, así que no tenía más remedio que cerrar la boca, apretar el puño y seguir mi camino. A media que el calor aumentaba yo podía sentir que nos acercábamos, tan sólo faltaban unas pocas horas más para llegar a destino. De pronto, El Furtivo nos dijo que el peligro se aproximaba. Sabíamos que no había tiempo para perder, pero tampoco era cuestión de ser descuidados. Así que rápidamente pero sin hacer ruido nos tiramos cuerpo a tierra mientras él se arrastraba en dirección norte, agudizando sus sentidos al máximo.


Se alejo tanto que al poco tiempo lo perdimos de vista. Lo único que podíamos hacer era esperar su regreso y desear que traiga buenas noticias. Mientras tanto, ahí estábamos, tirados en el suelo, oliendo la tierra que antes habíamos pisado, mirando el miedo en la cara de la persona de al lado, sintiendo el corazón que se había convertido en un tambor que palpitaba cada vez más fuerte, escuchando el ruido de las llamas debajo nuestro.


La preocupación empezó a apoderarse de nosotros, había pasado mucho tiempo y todavía no teníamos noticias de nuestra única esperanza de escape, algo había salido mal, lo presentía. Estaba a punto de decir que iría en su búsqueda, cuando de repente escuché algo. Cada segundo que pasaba podíamos sentir el ruido más y más cerca de nosotros pero no lo podíamos distinguir, todavía se escuchaba muy bajo. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que pude identificar aquel sonido, y entonces, dije suavemente: “Pasos”. Efectivamente, alguien se acercaba bastante rápido, y por la manera de correr, no era ninguna criatura.


Esperamos un poco más, estábamos preparados para todo. Los pasos se acercaban de prisa, y cuando superaron la roca que tapaba nuestra visión, pudimos ver, con alegría, que El Furtivo había vuelto de su misión de reconocimiento. Sin embargo, según su cara, no traía buenas noticias. Él estaba agitado, casi no podía hablar, nos dijo rápidamente: “No podemos volver, porque este camino esta apestado. Si no queremos que estas montañas se conviertan en nuestra tumba, tenemos que seguir camino lo más rápido posible y sin mirar atrás. Nunca había visto tantas abominaciones juntas” Nos paramos de inmediato, y uno de mis compañeros preguntó: “¿No hay lugar para escondernos?” y El Furtivo respondió: “No, porque en estas montañas…” Y en ese preciso momento algo tiró de su pierna, tan rápido y fuerte que apenas pudimos ver como desaparecía por detrás de la roca, ya no había nada que hacer por él.


Empecé a correr y todos me siguieron, todos excepto uno, que fue hacia la roca a ver si podía ayudar al desaparecido y probablemente difunto, El Furtivo. Pero no pudo hacer más de cinco metros que las criaturas saltaron sobre él. Ni siquiera intenté llamarlo, ya era demasiado tarde. Seguimos nuestro camino, con las criaturas atrás nuestro, corriendo por cualquier lugar donde hubiera espacio. Cada vez se hacía más difícil pasar a través de las rocas de la montaña y sus estrechos senderos, y el calor nos sacaba lentamente nuestras fuerzas. Por suerte, al ser caminos complicados, las bestias más grandes no podían pasar, y sólo nos perseguían las más pequeñas, pero a la vez, las más rápidas.


En pleno escape, un compañero tropezó y lo siguiente que escuchamos fue su grito de terror. Había sido un buen hombre, una lástima que haya tenido que terminar así. Cada vez éramos menos, según mis cuentas quedaban sólo 2 más corriendo conmigo. Luego, el grito de un monstruo que parecía el Diablo en persona, no recuerdo haber estado más asustado en mi vida. Apuré el paso, casi no veía el camino delante de mi. Estaba tan asustado y apurado que no noté la curva que pegaba la montaña, estaba corriendo hacia las llamas cuando un compañero se tiró y me empujó al sendero correcto, evitando que caiga en lo que sería mi irremediable muerte. Sin embargo, mi otro compañero no tuvo tanta suerte. Él había visto la curva, pero una criatura lo había empujado al abismo, resultando en la muerte de ambos. Luego, la tierra y la montaña entera se estremecieron mientras un haz de luz caía desde los cielos a unos pocos metros nuestros.


Estábamos aturdidos, pero igual sabíamos que esa era nuestra única oportunidad. Miramos atrás, las criaturas estaban mareadas, pero pronto recobrarían su plena capacidad. Adelante nuestro estaba la salida de la cueva, corrimos hasta allí, había una colina abajo que descendía hasta los comienzo de la selva. En el centro de la misma, se veía el rayo que había caído horas antes. Yo sabía que probablemente las criaturas nos seguirían, pero había una gran oportunidad de llegar, tan sólo había que entrar en la selva, allí sería todo más fácil. Lo miré al único compañero que me quedaba y le dije: “Saltemos”. Él me miró y dijo: “Yo me quedo aquí”, a lo cual respondí: “No seas idiota, podemos escapar. Estás eligiendo el camino equivocado” y él dijo: “Es el único que conozco” y me empujó hacía la colina. Empecé a girar, cubrí mi cara con mis brazos, los choques dolían mucho. De repente, un golpe, y luego, la oscuridad.


Desperté con un fuerte dolor de cabeza, era de noche. Miré hacía la montaña, las criaturas se alimentaban de los restos de mi compañero. Había dado su vida por salvarme, no podía desperdiciar su esfuerzo. Me adentré en la selva, fui en busca de los restos del trueno. Estaba oscuro y no podía ver bien, pero no me importaba, sabía que debía hacer el último esfuerzo para completar la profecía.


A medida que me adentraba más y más ni siquiera la luz de la luna podía iluminar mi sendero. Sólo debía confiar en que más adentro, en el mismísimo corazón de la selva, encontraría al elegido. Seguí abriéndome paso a través de árboles y pantanos. Intentaba prestar atención a cualquier indicio de criaturas, pero sabía que debía encontrarlo a él antes de que ellas me encuentren a mí. Luego, un olor a quemado inundó mi nariz de esperanza. La zona de impacto estaba muy cerca. Apuré el paso, ya nada importaba, estaba decidido a encontrarlo.


Pasaron treinta minutos más hasta que al fin encontré el lugar tan esperado. El pasto estaba quemado, los árboles sin hojas, se hacía difícil respirar. La luz de la luna volvía a iluminar mi camino. Seguí caminando, la tierra ya no parecía tierra, parecía cemento, los árboles habían desaparecido, todo estaba muerto.


Llegué al centro, donde el trueno había caído. El diámetro de la zona de impacto era de aproximadamente veinticinco metros, jamás había visto algo parecido. Se notaba que durante mucho tiempo no iba a haber vida en ese círculo de la muerte. Sin embargo, lo más importante era encontrar al elegido, y, lamentablemente, no había indicios de él. Miré a mí alrededor, hice silencio e intenté escuchar algo, esperé y esperé, pero nada sucedía. Ya desesperanzado, irritado y desilusionado grité con toda la fuerza de mis pulmones, necesitaba descargarme. Caí sobre mis rodillas, miré al cielo, la luz de la luna iluminó mi cara. Estuve un rato contemplándola y recordando a los caídos en la misión, pensando que todo había sido un gran error. Luego, miré hacia la selva, las criaturas se habían reunido y rodeaban toda la zona de impacto, disfrutando el momento antes de atacar. Estaba perdido.


Bajé la cabeza y acepté mi destino, mi muerte sería la más noble de todas, aquel que dejó su vida para buscar al elegido. Las bestias se inquietaron, empezaron a gruñir, a gritar, a aullar. Yo estaba nervioso, sabía que en instantes todo habría terminado. Mi única oportunidad era pelear con las bestias y ganarles, lo cual significaría que yo era el elegido. Me paré, di una vuelta mirando a los ojos a todas las bestias, sentía una fuerza interna brotando dentro de mí, un poder que jamás había sentido. Me preparé, debía aceptar mi destino, yo era el elegido.


No había nada que dudar, pelearía con los monstruos y saldría victorioso. La leyenda sería verdad, yo la haría verdad. Me saqué mi campera, me preparé psicológicamente y fui corriendo a toda velocidad a enfrentarme con la más grande y monstruosa de todas las criaturas que me rodeaban. Rápidamente sentí las otras criaturas viviendo hacia mí. Iba a ser una pelea épica, digna de un capítulo en la historia de la humanidad. Apreté el puño, reuní todas mis fuerzas, dejé escapar un grito de batalla y de repente, un haz de luz me cegó y luego, la oscuridad se apoderó de mí.


Me desperté pensando que estaba muerto. Mi cabeza dolía. Lentamente logré levantarme del suelo, toda daba vueltas. La oscuridad seguía allí, amenazadora como siempre, sólo la luna ofrecía un poco de luz. No sabía dónde estaba, pero había pasto, así que algo había pasado con la zona de impacto. Me apoyé contra un árbol, no podía estar mucho más de pie. Sin querer tiré un objeto que yacía cerca de mí, me agaché y lo levanté. Era un sable dorado, lleno de sangre. Lo dejé en su lugar y me agarré la cabeza, noté una nueva herida que había sido curada de una manera muy precaria y escuché: “Si la tocas correrás la sutura”


Con mi vista intenté localizar la fuente de la vos, pero me era difícil enfocar en los objetos distantes. Con mi vista nublada, lo único que pude identificar fue a una especie de hombre gigante, con una gran espalda y verdaderamente imponente, con una presencia que me asustaba de solo verlo. Luego, aquel gigante pronunció: “Unos segundos antes y no hubiera llegado a tiempo. No sé si estabas intentando suicidarte o jugar a ser Dios, pero eso fue algo verdaderamente estúpido. Ahora más que nunca la tierra necesita de ustedes para que vuelvan a poblarla.”


Lo miré fijamente, de a poco sus rasgos se volvían más claros. Tenía dos protuberancias en la espalda y su cara transmitía cierta paz y tranquilidad. Me incorporé y fui hacia él. Mientras más me acercaba, más cálido se sentía mi corazón. No dije nada, sin embargo, él no me detuvo. Seguí mi camino, me acerqué lo suficiente para notar un par de alas sobresaliendo de su cuerpo y pregunté: “¿Eres el elegido?” y me respondió: “Soy un Ángel que ha venido a traer luz a este mundo de oscuridad, puedes llamarle como quieras” y me dio la espalda.


Yo me quedé pensativo, contemplando el hermoso plumaje de aquellas alas. Eran blancas como la nieve, y tenían un brillo peculiar, que las hacía perfectamente visibles en el medio de la noche. Luego, recordé la leyenda, por primera vez una leyenda había estado en lo cierto. Él sería el responsable de traer la paz al mundo, de liberarnos del mal. Entonces, decidí cumplir la profecía.


El ángel llevó ambas de sus manos hacia su estomago, sintió el filo de su espada y el calor de su sangre entre sus dedos. Su propia arma había atravesado sus alas, espalda y estómago, causando que caiga sobre sus rodillas, y luego sobre su boca, esparciendo su vida entre el pasto de una triste noche oscura.


Cuenta la profecía que en épocas de oscuridad, cuando llegue aquel que no puede ser derrotado, la humanidad conocerá al elegido. El elegido por los Dioses para restaurar la paz, o el elegido por las sombras para reinar en el caos. Sólo es cuestión de elegir y ser elegido.

1 comentarios:

Cher! dijo...

No me imaginaba que eras vos pibeeeeeee

Muy buenas en serio las historias (al menos las que leí) jaja

Saludos

Cher!