Twisted Ink Productions Presents:La Saga de los Objetos Infernales. Intermedio I.
By Chebing
La Historia de Dohkko.
Nacido en algún momento del Siglo XVII, Dohkko rápidamente descubrió sus poderes y las obligaciones que éstos traían. Sus padres eran allegados a Luis XVI, máximo representante de la monarquía absoluta en la cual se sumergía Francia, país de residencia del Elegido.
Gracias a sus influencias políticas, sus padres se aseguraron de brindarle hospedaje y educación en el castillo real. Dohkko contaba con profesores especializados que pasaban todas las mañanas con él, preparándolo para el mundo que en un futuro no muy lejano debería enfrentar. Se especializó en biología humana, hierbas y astrología, sin dejar de lado ni la literatura ni la historia. Aprendió sobre la lengua y cultura de otras naciones vecinas y entendió su insignificancia en un mundo tan grande. Un hombre de letras, con una ética y moral intachables. Un pupilo perfecto.
Por las tardes, el desafío aumentaba considerablemente. Sus enemigos eran los espadachines más talentosos de toda Francia, pero poco conocían de compasión. Cortes, fracturas, esguinces, cicatrices, sólo un día más de práctica para el Elegido. Habilidoso con la espada, excelente jinete y gran estratega, Dohkko tenía un futuro asegurado en el ejército francés.
Un día como cualquier otro, sufrió un corte en la mano derecha, de gran profundidad y mucho dolor. Sin embargo, esta situación era perfectamente normal para Dohkko quien se dirigió con su profesor para que éste le aplique una mezcla de hierbas especial para detener la sangre. Fue en ese momento que comprendió que debía empezar a valerse por sí mismo, sin depender de los demás. Después de varias horas de pasear por los jardines y alrededores del castillo, consiguió casi todos los elementos necesarios para hacer una pomada que, en el mejor de los casos, tendría un efecto equivalente al cóctel de hierbas que le daba su profesor.
Lo único que faltaba para la mezcla era un extracto de Hyperycum Perforatum, que según había aprendido, era ideal para la rápida cicatrización. El problema es que esta planta sólo podía ser encontrada en los bosques al noroeste de Francia, cerca de la ciudad Mulhouse. Para esto, preparó un pequeño bolso donde llevar su ropa y afiló su espada, para así estar preparado ante todo riesgo que pudiese encontrar en el camino.
Su última noche en el castillo fue difícil. No pudo conciliar el sueño y su mente estaba obsesionada con el viaje, algo le decía que su vida cambiaría para siempre. Pensó cuidadosamente cada detalle de su jornada, era necesario evitar las rutas peligrosas, los pueblos rebeldes y los caminos en la mira de los delincuentes. Antes del amanecer se cambió, guardo las últimas cosas y fue al establo a buscar a su compañero.
Para el amanecer, Dohkko ya estaba cabalgando hacia Mulhouse. Debía cumplir con su cronograma al pie de la letra, ocho horas para dormir, tres horas para comer y recorrer las ciudades, una hora para que el caballo pueda comer y descansar en distintos momentos del día. Esto le dejaba doce horas de cabalgata en total, alcanzando los cien kilómetros diarios de recorrido. Si todo salía perfecto, tres días después estaría llegando a destino.
Acostumbrado a la agitada vida de la realeza, ahora el Elegido se encontraba con mucho tiempo libre para reflexionar y despejar su mente. La mayor parte de sus pensamientos estaban dirigidos a sus padres, a quienes nada les había dicho sobre el viaje. Se sintió culpable por ocasionarles semejante preocupación y decidió escribirles una carta en cuanto llegara al primer pueblo. Luego, con sus escritos sobre hierbas medicinales siguió trabajando en la formula para la poción de la juventud eterna.
Si bien en teoría era posible producir un extracto de hierbas capaz de rechazar la senescencia del organismo, favoreciendo la homeostasis y perfeccionando el sistema inmunológico, nada garantizaba que aquella sea la respuesta para la juventud eterna. Sin embargo, la mente inquieta de Dohkko estudiaba y modificaba la formula varias veces al día intentando alcanzar el que sería el invento más grande de toda la humanidad. Necesitaba adaptar los componentes para que puedan mezclarse en la sangre sin que pierdan sus propiedades y sin que resulten mortales para el huésped.
Pensó y pensó pero no podía dar con aquél elemento que reuniera todas las propiedades deseadas. Sin embargo esto no hacía más que alimentar la curiosidad de nuestro pequeño aventurero, que estaba decidido a alcanzar sus objetivos. Cuando el sol se escondía en el horizonte, el Elegido alcanzó la ciudad de Marseille, el primer punto seguro en su ruta. Lo primero que hizo fue conseguir un buen establo donde pudiera descansar su caballo y sea atendido adecuadamente, luego, escribió y despachó la carta a sus padres explicándoles la razón de su partida y el momento de su regreso. Por último, encontró una pequeña estancia donde pasar la noche, el día siguiente sería agitado.
Con la luz del alba, Dohkko ya estaba cabalgando hacia los bosques de Galfingue, su jornada todavía tenía dos días más por delante. Para evitar los caminos más peligrosos, la opción elegida era desviarse a los senderos más desolados de Francia, descartando la posibilidad de alcanzar una ciudad durante la tarde y con la esperanza de hacerlo bien entrada la noche.
Su única compañía era su fiel caballo. Atravesaron pantanos, bosques, senderos oscuros, caminos empedrados y todo tipo de obstáculos. En su jornada no encontraron a ningún otro ser humano. Hasta casi ningún animal se interponía en su camino. Por este motivo, ningún delincuente estaba dispuesto a desperdiciar valiosas horas de su vida vigilando lugares completamente despoblados. Era mucho más fácil acomodarse cerca de la entrada a las ciudades y tener un poco de paciencia.
Nuevamente el Elegido empezó a reflexionar sobre sus anotaciones en Hierbas y Pociones. Su cabeza no podía dar con aquél compuesto que aseguraría una fusión positiva y completa con la sangre sin representar riesgos para el inyectado y sin que se pierdan las propiedades de los demás compuestos.
Luego de varias horas de estudiar el problema decidió despejar su mente, y mientras hacían un descanso comprendió que no había bautizado a su caballo. Pensó y pensó, pero ningún nombre era lo suficientemente bueno. Dohkko creía que el nombre tenía que ser una fiel representación de la mente, cuerpo y alma, por ello, no podía ser tomado a la ligera. Pasado un buen rato emprendieron su camino, pero todavía no había sido elegido ningún nombre. El cálido sol empezaba a esconderse en el horizonte, lamentablemente todavía faltaban bastantes kilómetros para la próxima ciudad.
El camino comenzaba a volverse realmente tenebroso. Dohkko y su caballo se sumergían en la oscuridad de la noche cuando encontraron la entrada a la cueva que conectaba su ruta con la entrada de la ciudad. En sus cálculos olvidó considerar la absoluta oscuridad en la cual debería sumergirse. Según los libros, sólo tenían quinientos metros para recorrer antes de alcanzar el otro extremo de la cueva, lo cual era suficientemente tentador como para aventurarse.
Dohkko bajó del caballo, avanzó hasta la entrada. Observó una luz tenue a lo lejos. Pensó durante unos minutos y tiró de las correas de su acompañante. La decisión había sido tomada, cruzarían la cueva.
Al dar los primeros pasos en lo desconocido, su corazón comenzó a inquietarse, sin embargo, no era el único. Su caballo estaba tan nervioso como él. Siguieron caminando hacia la luz con pasos cortos y seguros. La salida se acercaba lentamente.
De pronto, cientos de pequeños ojos se hicieron visibles en las paredes de la cueva. Dohkko se quedó paralizado y su caballo relinchó ferozmente, lo cual sólo logró empeorar las cosas. Ante el amenazador ruido, los murciélagos comenzaron su vuelo mientras el relincho seguía retumbando en la cueva. Dohkko se subió al animal y empezaron la corrida hacia la luz. Nuestro protagonista cubría su cara mientras era golpeado una y otra vez por estos pequeños asesinos.
Rápidamente atravesaron la salida y detrás de ellos salió la nube negra formada por estos depredadores nocturnos. Siguieron avanzando hasta llegar a terrenos más seguros y luego Dohkko bajó del caballo y se desplomó en el suelo. Estaba exhausto. Luego se paró, abrazó a su compañero y susurro en su oído: “Eco”. Aquel sería el nombre que acompañaría al animal por el resto de su vida. Minutos después estaban descansando cómodamente en una casa con establo en las afueras de la ciudad. El próximo amanecer traería muchas sorpresas para ambos.
Con la luz del alba, Dohkko ya estaba cabalgando hacia los bosques de Galfingue, la primer parte de su jornada terminaría ese día. Cabalgó durante horas y horas, hasta q al atardecer llegó a su destino. El bosque era verdaderamente hermoso, y había todo tipo de flores. Buscó el dibujo que había hecho sobre la Hyperycum Perforatum y sus apuntes para encontrarla, luego, se bajó del caballo y empezó a caminar a ritmo lento, examinando las flores que encontraba en su camino.
Era un lugar tan bello y apacible, Dohkko estaba fascinado con lo que veían sus ojos. Eco aprovecha para comer y descansar, había sido un viaje muy duro para él también. Buscaron y buscaron, y cuando el sol empezaba a esconderse en el horizonte, Dohkko pudo encontrar su tesoro, la flor que había venido a buscar. Cortó varias Hyperycum Perforatum y las guardó entre sus cosas. Subió a la espalda de Eco y empezaron el viaje a casa.
Estaban abandonando el bosque cuando de repente aparecieron dos bandidos. Sus ropas estaban llenas de tierra, su cara manchada con barro. Desprendían un fuerte olor a alcohol y aparentemente no llevaban armas consigo. Sorpresivamente y sin decir palabra alguna embistieron contra Dohkko, quien cayó al piso. Luego, Eco empezó a correr y se perdió entre las sombras. Nuestro héroe rápidamente se re incorporó y se preparó para luchar. Antes de comenzar el combate, ellos fueron advertidos, él era un excelente guerrero y no tenía miedo de lastimarlos, ellos se rieron sin saber la suerte que corrían.
El más grande de los delincuentes se abalanzó sobre el pequeño Elegido, pero éste lo esquivó mientras el primero se estrellaba la cabeza contra un árbol. Mientras se levantaba el segundo empezó su ataque, midiendo los movimientos de Dohkko, quien estaba en una posición pasiva. Con varios movimientos de piernas, cortos pero rápidos, quedó enfrentando a ambos bandidos, quienes se miraron entre ellos y decidieron atacar juntos. Era ahora o nunca, Dohkko desenfundó su espada, fue contra ellos, y clavó su sable en el pecho del más pequeño de los agresores, luego, se tiró contra él esquivando el ataque del más grande. Rápidamente sacó su espada y volteó sólo para recibir un golpe en su cara, que lo derribó instantáneamente, ocasionando que suelte su arma.
Su cabeza giraba, no sabía donde se encontraba. Luego, un golpe en el estómago lo dejó sin aire, y unas manos empezaron a asfixiarlo, el gigante estaba sobre él. Con sus manos agarró las del enemigo y las apretó fuerte, pero no funcionaba. Se acababa el tiempo y no sabía que hacer, cada vez las luces se iban apagando más y más. Quizás por reflejo, aunque probablemente haya sido solo desesperación, con sus últimas fuerzas utilizó la rodilla para pegarle al bandido y sacárselo de encima. Se paró y vio la espada, cuando empezó a correr hacia ella sintió su tobillo pegado al suelo, era su enemigo sujetándolo. Dohkko cayó sobre sus narices. Se estiró para alcanzar el sable pero le faltaban unos cuantos metros. Entonces sintió que lo arrastraban hacia el lado contrario. Empezó a patear aquella mano que no le permitía re incorporarse pero no logró escapar. El gigante lo levantó por los aires, agarrándolo del cuello. Dohkko tiraba patadas pero poco conseguía con ello, la diferencia física era muy grande. Entonces, el bandido apretó con todas sus fuerzas y lo arrojó contra un árbol. El Elegido quedó tirado en la base del mismo.
Se despertó y sus ojos daban vueltas, sentía dolor en todo su cuerpo. El bandido estaba con su compañero, comprobando si éste tenía pulso. Dohkko no hizo ruido y buscó con los ojos el sable. No estaba lejos. El enemigo entendió que su compañero estaba muerto, le pegó al suelo y dejó escapar un grito de furia. En ese momento Dohkko se abalanzó sobre el sable. El bandido lo vio y fue en su búsqueda. Nuestro héroe se apuró, tomó el arma y giró intentando lastimar a su adversario sin estar siquiera seguro de su posición. Por suerte, los Dioses le sonrieron y el filo de su espada terminó provocándole la muerte a su enemigo, quien cayó agarrándose el estómago con sus rodillas en el suelo y sus ojos bien abiertos, con expresión de sorprendido.
Dohkko se sentó en el pasto, necesitaba recuperar aire. Estuvo unos minutos hasta que decidió levantarse. Fue en ese momento que sintió un fuerte dolor en el brazo izquierdo. Miró, y tenía una herida muy profunda a lo largo de su antebrazo, estaba perdiendo bastante sangre. Se asustó pero sabía lo que tenía que hacer. Revolvió sus cosas y encontró la fórmula para preparar la pomada cicatrizante. Ahora que había conseguido Hyperycum Perforatum tenía todo lo necesario para terminarla. Se apuró a combinar las plantas y con la ayuda de una pequeña rama mezcló las sustancias. Luego de quince minutos, el proceso había concluido. El resultado era una pasta verdosa que se podía manejar muy fácilmente.
Sin perder más tiempo, esparció parte de la pomada por sobre la herida, de manera uniforme y sin dejar sectores lastimados al descubierto. Lo primero que sintió fue que su sangre comenzaba a enfriarse, de pies a cabeza, sentía la sangre helada recorrer todas sus venas. Miró su herida, la pomada había cambiado de color, se había tornado roja como la sangre. De pronto, empezó a desaparecer, era como si estuviera siendo absorbida por la sangre misma. Siguió prestando atención a la pomada que cada vez se ponía más y más roja y que ya era difícil distinguirla de la sangre. A medida que iba desapareciendo se dio cuenta que sus heridas estaban sanando por completo. No podía creer lo que sus ojos veían. Al cabo de quince minutos, la pomada había desaparecido por completo y se había llevado sus heridas con ella. Dohkko estaba sano como si nunca nada le hubiera pasado.
Sin dolor ni sangre, se paró y juntó sus cosas. Estaba pensando en ir a la ciudad a buscar un nuevo caballo, puesto que el Eco se funde en el viento para nunca volver, y en ese momento fue cuando lo entendió, debía seguir el viento para encontrar el Eco. Fue así que caminó en sentido sureste, buscando a su acompañante. Durante su caminata, pensó en la reacción de su cuerpo ante la pomada. Él sabía que ningún componente presente en la mezcla podía haber alterado su cuerpo de esa manera, sabía que había algo más, algo que había cambiado dentro de él.
Pensó y pensó, sin embargo, la respuesta estuvo siempre consigo. Ninguna sustancia en el planeta podía curar las heridas con tanta rapidez, era su propia sangre la que lo había conseguido. Su sangre, mezclada con el ungüento, había conseguido la cicatrización instantánea de sus heridas, sino, no podría explicar la reacción de la pomada al producirse el contacto.
Entonces, su mente avanzó rápidamente y armó el rompe cabezas. Quizás su sangre sería el elemento necesario para completar la formula de la inmortalidad. Él sabía, pero no podía explicar, que ahí se encontraba la respuesta, sólo debía probarlo. Estaría vivo toda su vida, o no llegaría a ver el próximo amanecer, pero la decisión ya había sido tomada. Leyó sus apuntes y anotaciones. Hizo una lista con las cosas que necesitaba. Por suerte, él tenía la mayoría, y el resto podría conseguirlas en la ciudad.
Siguió caminando en dirección del viento en busca del Eco, para luego ir a la ciudad y preparar la poción de la inmortalidad. Él sabía que no era el mismo, que algo había cambiado. No podía explicarlo, lo único que tenía claro es que en un futuro llegaría su tiempo para pelear, su oportunidad para defender lo más sagrado. Sabía que el tiempo le preparaba grandes cosas, y debía estar preparado. El aire de las montañas quizás sería bueno para su entrenamiento.
Esa misma tarde murió el Dohkko que incluso él conocía, y nació Dohkko, el Maestro de las Almas, el Elegido.
