viernes, 5 de febrero de 2010

El Dragón y El Héroe. Parte II.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte II.
By Chebing















Una Nueva Esperanza

Muchos crudos inviernos habían pasado sin que nadie tuviera noticias nuevas del dragón. Ellos sabían que él estaba allí, tan lejos pero a la vez tan cerca, no creían que fuera posible que el dragón abandone su castillo, pero, ¿Qué pasaría si lo hiciera? Sería el fin del pueblo y del mundo como ellos lo conocían.

En todos esos años, el pueblo conoció la desgracia, la miró a los ojos y reconoció al dragón detrás de todo eso. Muchos empezaron a decir que la única respuesta era ofrecerle al monstruo el sacrificio de un humano, para que pudiera calmar su apetito y no descargue su ira contra el pueblo. Las madres temían por sus hijos, los filósofos por su ética y los religiosos por su alma misma. Pero, con el pasar del tiempo, la locura desplazaba la razón y se escondía con su aroma, plagando el corazón asustado de almas inocentes.

El hombre, “el sobreviviente” –como lo habían llamado- hacía mucho había abandonado el pueblo, necesitaba ver a su familia, abrazarlos y rogarles por perdón, que lo perdonen por poner en riesgo lo más importante, la posibilidad de volver a verlos, a olerlos, a tenerlos entre sus brazos.

El pueblo empezó a ser conocido por el dragón, cada vez menos personas reunían el coraje suficiente para acercarse, lentamente estaban convirtiéndose en un pueblo fantasma. Entonces, un día frío de invierno, tan frío que cada vez que los residentes hablaban parecía que un pedacito de su alma escapaba de su cuerpo, llegó un carruaje con dos personas y muchas esperanzas. El pueblo estaba al tanto de los movimientos de los extraños visitantes, sin saber, que su destino estaría ligado al de ellos.

Eran dos personas normales, con poco que decir y mucho que hacer. Habían venido a matar al dragón, el primero era un experto en el exterminio de criaturas míticas, pero solo en la teoría, jamás en la práctica. El segundo, era un experto en Dragón, no en dragones, sino en Dragón. Toda su vida había estado estudiando al dragón, solo a él, y comparándolo con otros monstruos, anotando sus características, intentando descubrir su punto débil, observándolo como un pintor contempla su obra maestra.

Explicaron su plan, las cosas que necesitarían y su recompensa. Eran personas humildes, solo solicitaron lo necesario para encargarse de él y su recompensa seria un banquete con todos los aldeanos para festejar la muerte de sus problemas. La llegada de estos hombres despertó en el pueblo sus ganas de vivir, rápidamente consiguieron todo lo necesario, y mientras tanto, se ocuparon de sus huéspedes de la mejor forma que conocían. En las calles todos se saludaban con una sonrisa y estaban felices, la llegada del héroe era justo lo que necesitaban, un nuevo cuerpo donde poner su esperanza.

Pocos días después, el nuevo héroe y su asistente dejaron el pueblo en una de las noches más frías de la década, sin embargo, esto no fue impedimento para que todo el pueblo vaya a despedirlos. Todos los saludaban, les daban palabras de fe y aliento, les daban provisiones para el camino, encendían velas y rezaban por ellos. En medio de tan cálida muestra de afecto, los valientes emprendieron su camino.

Para llegar al castillo era necesario atravesar los bosques, a través de distintos senderos plagados de muchas más bestias, quizás no tan feroces, pero sí muy peligrosas. Sin embargo, utilizaron este viaje para repasar su plan una y otra vez, lo sabían de memoria, tenían calculado hasta el más mínimo detalle. No podían fallar, no debían fallar, la victoria sería suya.

Fue así que siguieron lenta pero firmemente, paso por paso, entre los arbustos, pantanos, barro y aullidos, incontables aullidos que parecían una advertencia, o quizás una amenaza de que aquellos no eran bienvenidos en tan salvaje lugar. Sin embargo, ambos siguieron su camino sin prestarle atención a nada, haciendo de cuenta que estaban solos en el bosque. Caminaron y caminaron, hasta que de pronto, pasando un pequeño claro, empezaron a divisar la torre del castillo. En este momento nuestro héroe dudó sobre su misión.

Dicen que ser valiente es no temer a nada, sin embargo, ser valiente significa afrontar los miedos, y en este sentido, nuestro nuevo héroe es el más valiente de todos. Aún cuando sus piernas flaqueaban, su corazón le rogaba para volver y su sentido común le decía que era suicidio, él tragó saliva, apretó el puño y siguió a paso firme hacia el castillo, que se veía tan silencioso que daba un augurio mucho peor a que si estuviera en llamas con el dragón sobrevolándolo. Fue así que después de un duro camino, las dudas, el miedo, el sirviente y el héroe llegaron a los pies del castillo, que era mucho más grande y tenebroso de lo que alguna vez se habían imaginado.