viernes 5 de febrero de 2010

El Dragón y El Héroe. Parte III.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte III.
By Chebing














El Castillo

Una vez al pie del castillo miraron a su alrededor. Empezaron con el cielo, la noche estaba nublada, la luna tenía miedo y se escondía detrás de las nubes. Pocas estrellas se veían, era una noche negra, un mal presentimiento atravesaba el corazón del héroe. Luego miraron al castillo, estaba devastado, lo único que quedaba en pie era la torre, fuera de eso, lo demás eran todas ruinas. Para acceder a él había que atravesar un frágil puente de madera que estaba metros delante de ellos, luego, una puerta de madera hecha pedazos era lo único que los separaría del interior.

Cruzaron el puente, con mucho miedo y rezando por sus vidas. Le pedían a Dios que los ayude, que ilumine su camino. La mitad del puente lo pasaron con los ojos cerrados, para que el corazón no sienta miedo. Lo único que se escuchaba en la tranquila noche eran sus pasos sobre la madera podrida que crujía casi constantemente, como si se tratara de una risa, una risa que se reía de aquellos valientes que quizás no tengan la fortuna para volver a cruzar ese puente jamás.

Luego de atravesar el puente y escabullirse por los huecos de la gran puerta de madera, entraron en la cámara principal del castillo, hecha totalmente de piedra, extremadamente grande, el héroe no pudo evitar imaginarse cómo sería de hermosa aquella cámara en épocas de celebración. Sin embargo, el techo se había caído, habían escombros por doquier, llena de polvo y telarañas, había una oscuridad que les recordaba a los valientes la boca de un lobo. Solo podían ver en los lugares donde no había techo y se colaba la tímida luz de la luna, que estaba escondida detrás de las nubes. Tragaron saliva, tragaron sus miedos, se pusieron en guardia y se abrieron camino hacia la torre más alta del castillo, para encontrarse con algo más que el dragón, para encontrarse con su destino mismo.

Subieron incontables escalones, atravesaron numerosos salones y cuartos, miraron para abajo unas cuantas veces y solo vieron oscuridad, la misma oscuridad que encontraban cuando miraban hacia arriba, la misma oscuridad que caía sobre sus vidas, de las cuales ya no tenían control.

De repente, escucharon la respiración del monstruo, al principio como un susurro, luego como un gruñido. Con cada escalón el ruido aumentaba, el dragón se acercaba, el final se acercaba. Sin demostrar miedo y sin mirar atrás, siguieron subiendo escalones, porque eso es lo que los verdaderos héroes hacen, tienen miedo pero no dejan que influya en sus acciones. Sabían que el final de la escalera se acercaba, empuñaron sus armas con toda su fuerza, apretaron los dientes, sus mentes estaban en blanco, sus corazones agitados, era demasiado tarde para volver. Saldrían triunfantes o no saldrían jamás.

Finalmente empezaron a ver el interior de la cámara, quedaban los últimos escalones. Notaron otra escalera, en forma de espiral, que llevaba a la torre, prisión de la princesa. Siguieron subiendo, cada vez tenían mejor visión, pero a su vez, el ruido del Dragón se escuchaba más y más fuerte, casi como si estuviera al lado suyo. De repente, lo vieron, sumergido en la oscuridad. Estaba acostado, durmiendo, era de un color rojo oscuro, descansaba plácidamente y con cada respiración soltaba una pequeña flama. El héroe no pudo evitar sentir cierta simpatía por él. Se acercaron muy lentamente, casi sin hacer ruido, el plan era clavar la espada en sus ojos para dejarlo ciego, y una vez despierto, le clavarían la espada en el corazón. Pero por más callados que fueron, cuando faltaban tan solo unos pocos pasos para llegar, el Dragón abrió los ojos, y los vio.

El héroe miró fijamente a la bestia que le respondió la mirada, en una combinación de odio y respeto, mientras que el sirviente quedaba atónito ante semejante muestra de comportamiento por parte de la bestia.

Luego, el dragón se acercó a los hombres, a ritmo lento pero constante, sabia que estos tenían miedo y eran peligrosos, no podía asustarlos si deseaba acercarse más. Se acercó a nuestro héroe, lo miró a los ojos y el héroe supo que su llegada no era ninguna sorpresa para el dragón, de hecho, los estaba esperando. Sin embargo había algo en los ojos de la bestia, algo que hipnotizaba a nuestro héroe, no lo dejaba mover. Estaba paralizado mirando a esos ojos rojos, acercándose cada vez más y más, la hora del héroe estaba llegando.

Al ver que éste no se podía mover, el asistente tomó su espada y se escabulló por un costado de la bestia, sin que éste note su movida. Se acercó lo suficiente para apuñalarlo en el corazón, y con suerte, todos sus problemas terminarían con eso. Apretó bien fuerte la espada, miró al pecho de la bestia y tomó envión para apuñalarlo. Luego, cerró los ojos y clavó la espada en el corazón de la bestia.

Sin embargo, la espada no penetró piel, ni escamas, ni órganos, ni nada, al contrario, chocó contra algo metálico. El asistente, completamente muerto de miedo, abrió los ojos lentamente, para ver qué había pasado. Sabía que quizás aquello sería lo último que vería. Grande fue su sorpresa al ver lo que había interrumpido el recorrido de su espada.