viernes, 5 de febrero de 2010

El Dragón y El Héroe. Parte IV.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte IV.
By Chebing















El Renacer del Héroe

-¿Por qué lo hiciste? – Preguntó el asistente cuya espada había sido bloqueada por el escudo del héroe, cuya cara cambiaba con cada expresión. Ahora las sombras reflejaban la oscuridad de su alma.

-¿Acaso no lo ves? No soy nada sin él, mi vida depende de la suya, no puedo permitir que nos destruyas – Apretaba el puño en un intento de descargar la ira y la ansiedad que lo consumían por dentro.

-¡Es un monstruo! Vinimos a matarlo, ese es nuestro trabajo, ¿Qué hay de la gente que vive en el pueblo? ¿Qué será de la vida del mundo si el dragón se escapa? - En un rápido movimiento de manos, el héroe agarró su espada, en el más absoluto de los silencios.

-Yo lo puedo controlar, él me escucha, él me hace caso, somos aliados, siempre lo fuimos, solo que ahora lo veo con claridad. Este viaje no fue para nada más que para reunirme con él, me llamaba, me necesitaba, lo necesitaba. Y no puedo permitir que arruines nuestro plan, lo lamento mucho, pero no eres más que un simple peón. - El acero se sintió frío y a la vez caliente en el cuerpo del hombre.

-No lo controlas, nunca lo harás. - El asistente cayó al suelo, herido de gravedad. El dragón y su nuevo aliado tenían muchos planes en los que trabajar, y no había tiempo que perder.

La tierra estaba enojada ese día, el cielo también. Se arrepentían de haber dado vida a semejante monstruo que ahora estaba fuera de control. Necesitaban descargar su ira, y así fue como empezaron los truenos.

La luz de la luna se veía interrumpida por ráfagas blancas, al igual que el sonido de la lluvia, que era opacado por los estruendos en la tierra. El hombre herido recobró conciencia, no había parte de su cuerpo que no le doliera, pero sabía que tenía una última cosa por hacer antes de que llegue su fin, tenía que encargarse de la amenaza con alas.

A paso lento pero firme empezó su recorrido por el gigantesco castillo, en busca de sus presas, en busca de sus asesinos. Los encontró, estaban en uno de los tantos lugares que habían quedado sin techo, parecía que se preparaban para salir a hacer estragos en el pueblo. El asistente se acercó, la lluvia tapaba su ruido, y el blanco resplandor la furia en su cara. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para herir al héroe, desenfundó su arma.

La levantó lo más alto que sus brazos le permitieron y se preparó para dar el golpe mortal, para ese único golpe que haría la diferencia entre el fracaso y la victoria, no debía fallar, no podía fallar.

Sin embargo, en el momento en que el asistente herido iba a dejar libre toda su ira concentrada en su espada, la Madre Naturaleza decidió ayudar nuevamente, solo que esta vez, fue ventaja para la bestia y su aliado. El suelo empezó a gruñir, a agitarse, a temblar. El atacante perdió el equilibrio y cayó al suelo, el dragón y el héroe lo vieron, y ahí acabó toda ilusión de salvación para el pueblo.

Sin embargo, algo más importante robó la atención de la criatura y su aliado. La tierra y su enojo habían dado vida al volcán, el cual llevaba tanto tiempo dormido que despertó con la más absoluta furia que se pudieron imaginar. La erupción no se hizo esperar, ríos de sangre roja caliente como el sol empezaron a destruir caminos, casas, pueblos, todo lo que encontraban al alcance de su mano. Hasta las esperanzas se ahogaban en un mar de gritos de dolor.

La rivalidad entre los hombres pasó a un segundo plano, lo más importante era sobrevivir al magma que clamaba por ellos. El dragón, sin embargo, contemplaba la lava como su amiga, como una digna rival. Rápidamente el héroe subió a la espalda de la bestia, y el hombre herido hizo lo mismo. Forcejearon y lucharon en el lomo del Dragón, con el viento en su cara y la sangre en sus nudillos. Pero no contaban con los planes de la bestia.