viernes, 5 de febrero de 2010

El Dragón y El Héroe. Parte V.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte V.
By Chebing














El Despertar

-Yo soy el héroe, ¿O todavía no te diste cuenta?

El dragón se detuvo sobre una piedra, una piedra en la cual pudiera mirar la destrucción de su castillo, la destrucción que provocaba la furia roja de la tierra.

-No sos nada

La bestia se movió de repente y de una manera muy brusca, como echando a sus invitados. Ambos hombres cayeron al suelo.

-Yo soy el héroe, yo puedo controlar a la bestia

La cola del dragón se movía nerviosa y chocaba contra el suelo, dejando caer tierra en el infierno bajo ellos, pronto su pequeño lugar para observar el volcán seria arrasado también.

-No la controlas, ella te controla a ti.

La pelea siguió entre el héroe y el hombre que estaba más cerca de la muerte que de la salvación, sin embargo, no podía permitir un fracaso. No tenían armas, excepto sus puños y su orgullo, ambos dieron una buena pelea, pero el héroe, con ventaja, y ante los ojos de la bestia, tiró al hombre herido al mar rojo, rojo de sangre, rojo de furia que se había desatado momentos antes.

Luego, el héroe subió a la espalda de la bestia hacia un lugar más elevado, donde pudieran pensar sus planes en forma más calma, más serena. El héroe caminaba sobre el sendero donde ahora se encontraban, la bestia seguía contemplando el ritual de fuego.

-Iremos norte, cuarenta kilómetros de aquí se encuentra una ciudad, será el lugar perfecto para mostrar de lo que somos capaces. La gente asustada no sabrá que hacer, el caos se esparcirá más rápido que la peste.

El héroe vio una espada tirada en el camino, fue a su encuentro, era una espada muy familiar para él, la espada del ejército de la Cruz del Sur, lugar donde él había servido a su gente, antes de dedicarse al estudio del dragón.

Recuerdos volvieron a su mente, recuerdos de una época más feliz, con la gente que lo quería, con su pueblo, con la paz. Pensó que el culpable era el ejército, por obligarlo a estudiar a la bestia, por obligarlo a volverse uno con la bestia, y ahora era demasiado tarde, deberían pagar por su error.

El héroe estaba impaciente, nervioso, quería emprender el viaje en ese momento, lo necesitaba para quitar las dudas que ahora envolvían su corazón y lo envenenaban como el beso de una cobra, lo necesitaba para saber de que lado se encontraba su lealtad.

Sin reflejo, sin sombra, sin alma, el héroe subió a la espalda del dragón, debían empezar su viaje.

-¡Vamos! ¡A volar! La ciudad del Norte nos espera, sentirán nuestro miedo, nuestro puño, nuestro fuego. El mundo sabrá de nosotros, nuestros nombres serán respetados, serán temidos, serán escritos con fuego en la tumba de cada uno de ellos. ¡Vamos dragón, nuestro tiempo ha llegado!

El dragón permaneció en su posición, contemplando el fuego que ahora había llegado al pueblo. No tenía intención de moverse. No tenía amo que lo hiciera mover.