viernes, 5 de febrero de 2010

El Dragón y El Héroe. Parte VI.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte VI.
By Chebing












El Nuevo Comienzo.

La ira y la ansiedad resultaban una mala combinación en el corazón lleno de dudas de un héroe que no sabía qué era blanco y qué no. El dragón seguía sin moverse, con los ojos fijos en el ritual volcánico.

- ¡Te ordené partir!

El dragón se quedó inmóvil.

- Bueno, intenté por las buenas, no me queda otra opción.

La sangre impregnó la espada, caliente y roja como el fuego que se esparcía por debajo de ellos, la sangre de la bestia tenia aroma a muerte. El dragón hipnotizado reaccionó, contra su amo, contra su enemigo.

Lo tiró al suelo y empezó a volar en círculos, a una distancia respetable pero amenazadora, calculando el golpe de gracia, intimidando con los ojos, acechando con las garras.

- ¡Bestia inútil, no eres nada sin mi, nunca lo fuiste, nunca lo serás!

El héroe empezaba a perder la razón, la lógica, lo que lo diferenciaba de los animales, lo que lo hacia humano. La espada temblaba en sus manos mientras la apuntaba hacia el cielo, amenazando al dragón que sobrevolaba el sendero.

El calor era muy fuerte, cada vez se sentía más, nada detenía la lava y nada la detendría hasta consumir el sendero donde se encontraba el héroe. Pronto, su respiración no le permitió seguir ignorando este factor, pensó en la manera de escapar, miró a su alrededor, no había nada, no había nadie. Solo un dragón, y un héroe. Solo un dragón, y un tonto.

La venganza consumía al héroe, mas rápido que la lava consumía al pueblo que había hospedado al mismo, sólo le importaba matar al dragón, matar a aquel que fue más inteligente que él, matar a quien lo uso.

El dragón entendió la situación, reconoció la venganza en la cara del héroe y tomó distancia, distancia para embestirlo. Éste sostuvo la espada lo más fuerte que sus manos le permitieron, y cerró los ojos para no ver el miedo. El dragón lo embistió de frente, con sus garras, lastimándolo gravemente pero no demasiado y procurando salir ileso. El héroe había sido sentenciado a muerte.

En pocos minutos, la muerte llegaría al héroe, sólo había que esperar para saber de qué manera lo haría. Por la lava, por el calor, por las heridas, por el suicidio, por la locura, de cualquier manera su reloj de arena estaba marcando sus últimos granitos, cuando por fin pudo abrir los ojos y ver la realidad.

Los pensamientos lo golpearon en la cara, ahora todo era claro, él había sido usado, y cuando ya no era útil, lo habían eliminado. Finalmente comprendió que aquel dragón era más que una bestia, era algo casi humano, y había sido más inteligente que él.

Lágrimas escapaban de sus ojos, lamentos de sus labios y furia de sus puños. Golpeaba la tierra, golpeaba su cabeza, pero nada de ello volvería el tiempo atrás. Había sido un ingenuo.

El poder lo consumió, lo cegó. Traiciono a los que confiaban en él, a su amigo, a sus ideales y a si mismo. Ya no quedaba nada más, ni una segunda oportunidad, ni una primera oportunidad. El calor pronto se transformo en el agua bendita que perdona todos los pecados.

El dragón eligió un mejor lugar para ver las llamas. Se quedó parado mirando como el fuego hacía lo que mejor sabe hacer, consumir todo lo que esté a su alcance. Inclusive el héroe, especialmente el héroe.

El pueblo ahora no era más que cenizas. El dragón se mantenía impune, todopoderoso, omnipotente sobre terreno elevado, escondido entre el humo de la lava.

La hora del héroe se acercaba, no podía soportar el calor. Lágrimas caían de su cara, no porque su momento estuviera cerca, sino porque se había dado cuenta de que su papel no fue otra que el de una marioneta, siguiendo paso por paso todas las instrucciones de su amo, y esto es quizás lo que lo convierte en un héroe, el reconocimiento de sus errores.

El titiritero se mantenía extasiado mirando el ritual de fuego. Sabía que ahora todos sus sueños se volverían realidad, que podría gobernar absolutamente todo lugar donde se posaran sus ojos, y sin embargo, lo único que hizo fue soltar una pequeña flama de su boca.