
Twisted Ink Productions Presents:
Trick 'r Treat
By Chebing
Trick 'r Treat
“La noche de brujas es más que un simple día festivo. Su celebración viene de hace miles de años atrás, cuando en el día que separaba el otoño del invierno se hacían distintos rituales y sacrificios en nombre de los muertos. Esto era así porque decían que aquel día la barrera entre los mundos de los vivos y los muertos se hacía muy delgada.” – Gordon apretó la mano de Lucía muy fuerte. Ella devolvió el apretón. “Es por eso que hoy vinimos aquí, para rendirle homenaje a los muertos.” – Sentenció Natalie.
“¿Pero, qué es este lugar?” – Preguntó tímidamente Gordon. “¡Yo sé!” – Dijo Stephanie “Es donde ocurrió el acci…” – No pudo terminar de completar la frase cuando Natalie interrumpió “¡Cállate!” – Una mirada envenenada acompañaba su grito. “Es verdad. Esta es la cantera donde pasó el accidente” – Dijo John. “Basta. Yo contaré la historia” – Dijo Natalie.
“Hace exactamente treinta años, en una tarde de Halloween, un micro volvía de la escuela con todos sus pasajeros disfrazados para la ocasión. Sin embargo, no era un micro normal, y tampoco eran pasajeros normales.” Natalie hizo una pausa. Los niños estaban al aire libre, al borde de un lago en una vieja cantera abandonada. Mientras ella se preparaba para retomar su historia, el silencio que rodeaba a los niños les erizaba la piel, como un suspiro de muerte en la nuca.
“En el micro habían ocho niños, todos provenientes de distinguidas familias. Sin embargo, compartían otra característica. Eran diferentes, especiales, motivo de vergüenza para sus padres y familiares. Y por eso, debían ser mantenidos en secreto” Lucia tragó saliva y se sacó los lentes para limpiarlos. Algo en ese lugar despertaba sus miedos más profundos. “Los padres habían pagado mucho dinero para que todos esos niños sean puestos en clases especiales, separados de los demás, y transportados en un micro exclusivo para ellos. No se les permitía jugar en la calle ni ir a los cumpleaños de sus amigos, vivían puertas para adentro.” Un aullido interrumpió el relato.
“Tanta era la vergüenza que sufrían sus padres, que un día se reunieron y decidieron librarse de aquella maldición de una vez por todas. Disfrazaron a sus niños como cualquier padre lo haría en Halloween y los despidieron igual que siempre. La única diferencia residía en que le habían pagado al conductor lo máximo que pudieron juntar para que aquel día tome un camino diferente.” Gordon dijo que se quería ir y amagó con irse.
“Entonces, cuando volvían del colegio, el conductor se desvió en la calle principal y condujo hacia las afueras de la ciudad. Llegó a una cantera abandonada –esta cantera- y paró el micro. Se levantó de su asiento, caminó por los pasillos del micro y le entregó a cada niño un dulce. Los disfraces que tenían eran horribles, pero aun así, era mejor que ver su cara desfigurada. Había un payaso psicótico, un vampiro, un encapuchado, y un enmascarado, entre otros. Cada uno tenía una mirada tan vacía que no era raro preguntarse si había algo ahí dentro, o si las sombras se habían apoderado de todo” – Los niños escuchaban atentamente cada palabra, imaginándose la situación, paralizados de miedo.
“Luego de repartirle a cada uno un dulce, el conductor sacó los frenos, abrió la puerta y descendió del vehículo. Los miró por última vez a través de la ventanilla, y desde la parte trasera del micro, empezó a empujarlo hacia el lago. Los niños, sin saber qué estaba pasando, se quedaron sentados, inmóviles, sin decir nada. Sentían como el micro se movía hacia el vacío, pero aun así, no intentaron escapar. Hay algunos que dicen que cuando el micro tocó el agua, los lamentos y gritos retumbaron en toda la cantera. Otros dicen que jamás ninguno abrió la boca.” Stephanie había comenzado a llorar.
“¿Y qué pasó con el micro?” – Preguntó Gordon. “El chofer los empujó al río, los vio hundirse, esperó un rato y desapareció con todo el dinero. Nadie jamás lo ha vuelto a ver. Y por mucho que buscaron después de eso, jamás pudieron encontrar ni al micro ni a los niños” – Las palabras de Natalie hacían eco en la desolación. “Entonces, hoy, nosotros llevaremos una vela en memoria de estos pobres niños, ya que se cumple treinta años del día de su desaparición. Rápido, tomen sus velas y síganme” – Cada uno agarró una vela y siguió a Natalie hasta el ascensor.
“Por aquí bajaremos hasta la orilla del río. Solo tiene lugar para tres, así que primero iremos John, Stephanie y yo y luego, ustedes dos.” – A Gordon no le gustó para nada que lo dejen solo con Lucía. “Una vez abajo mandaremos el ascensor con la llave para que puedan bajar”. Dicho y hecho, la primer tanda de niños empezó a descender hasta la parte inferior de la cantera, que llegaba a la orilla del río, lugar donde había caído el micro escolar. Minutos más tarde, el ascensor volvía a la parte superior para que los dos niños que habían quedado rezagados pudieran bajar.
Mientras descendían, notaron la absoluta oscuridad en la que se sumergía el lugar, por lo menos en la parte de arriba habían ciertas luces, pero allá abajo no había nada, estaba todo absolutamente oscuro, completamente muerto. Lo único que se alcanzaba a distinguir eran las velas que sostenían los chicos que habían bajado en el primer viaje. De repente, se escuchó un grito, un grito tan fuerte que hizo que Gordon deje caer su vela, y agarre a Lucia fuertemente de la mano. Además, una de las tres luces que se veían allá abajo se apagó instantáneamente. “¿Qué pasó? ¿Estás bien?” – Se escuchaba preguntar a John cerca de donde había sido el grito, pero no había respuesta. “Stephanie te juro que si es una de tus bromas te voy a …” – El discurso de Natalie se vio interrumpido por otro grito, pero esta vez, de ella, y luego, su vela se apagó.
Todo quedó en silencio, el ascensor seguía bajando lentamente. Gordon apretaba tan fuerte a Lucia que le causaba dolor. Abajo se veía solo una luz, proveniente de la vela de John, pero éste no hablaba ni se movía. Luego, un tercer grito, esta vez masculino, de John, y a continuación, se apagaba su luz. Los tres niños habían desaparecido igual, y Gordon claramente no quería ser uno de ellos pues le rogó a Lucia de volver, mientras el ascensor recién llegaba a destino, sin embargo la respuesta fue negativa y lo único que consiguió fue permiso para quedarse allí mientras ella iba a investigar.
Gordon no lo pensó dos veces y se quedó en el ascensor con la puerta cerrado listo para marcharse, mientras veía como la figura de Lucia iba desapareciendo en la oscuridad. Ella llevaba un vestido de bruja, con capa y sombrero. Se limpió los anteojos y agarró firme la vela mientras se acercaba a la orilla del río. El lugar estaba lleno de arbustos y plantas, era una suerte de pantano. Arriba, en el cielo, una fantástica luna llena resplandeciente junto a las estrellas. Siguió caminando, lenta pero firmemente, de pronto, empezó a escuchar ruidos, pero no distinguía qué eran, siguió acercándose al río. Con cada paso, los ruidos empezaban a escucharse más fuerte, hasta que pudo distinguir ruido a cadenas y a voces humanas, pero tristes, muertas. Tragó saliva, levantó la vela como si se tratase de un escudo, y avanzó aun más, hasta que de golpe, salieron de la oscuridad tres almas en pena, con las caras cubiertas y cadenas en sus brazos y empezaron a perseguirla. Lucia se dio vuelta y empezó a correr como jamás lo había hecho. No soltaba la vela, pero tampoco podía ver por dónde caminaba, no pasó mucho antes de que tropiece con una roca y caiga de nariz al suelo. Mientras los tres fantasmas se acercaban, y la conciencia de Lucia se alejaba, se alcanzó a escuchar “Nos van a matar por esto”
No pasó mucho antes que Lucia se despierte, lo primero que vio fue a los tres fantasmas y pegó un grito, pero luego se calmó al ver que no era más que una broma de sus amigos. Todo había sido preparado con mucha antelación, los disfraces, la historia, la actuación fenomenal de Gordon. Se sintió muy mal, era la primera vez que la iban a buscar a su casa para salir, y cuando por fin pensaba que iba a ser aceptada, le juegan menuda broma de mal gusto, su corazón todavía latía a mil por hora. Rápidamente entendió que Natalie era quien había preparado todo, los demás la siguieron, como siempre, pero sin malas intenciones. John era el que se veía más apenado de todos, y hasta discutió con Natalie remarcándole que él no quería hacer la broma. Como consecuencia, ella agarró sus cosas, hizo un último comentario sagaz y fue para la orilla del río a buscar su ropa para cambiarse, le dijo a Gordon y Stephanie que vayan con ella.
“Yo le dije que era demasiado, pero no quería entender. Espero sepas entender Lucía, yo no quería llevar esto a cabo, fui un tarado” – Dijo John mientras ayudaba a la víctima a incorporarse. Fue entonces que empezaron a charlar sobre un montón de cosas, la vida, los amigos, el colegio, se estaban volviendo grandes amigos cuando fueron interrumpidos por tres gritos al unísono y cargados de terror. John pensó que era otro chiste, pero algo le decía que no, estos gritos eran diferentes, cargados de pánico, de desesperación. Le dijo a Lucia que se quede ahí mientras él iba a investigar. Fue corriendo hasta la orilla del río, tropezó y se levantó inmediatamente, miró para atrás, había chocado con el cuerpo de Gordon, que yacía sin vida en la tierra a metros del río. A su lado, Natalie y Stephanie, descansando en un charco de sangre. Miró hacia el lago, el micro escolar había salido a flote, todo podrido y oxidado. No podía creer lo que veían sus ojos, estaba en estado de shock. De repente, de entre los arbustos vio a un niño, con una mascara de vampiro que se acercaba hacia él, del otro lado, el payaso maldito, empezó a correr hacia el ascensor, hasta que recordó a Lucia y fue en su búsqueda. Miró hacia atrás, ahora eran 5 los niños que lo perseguían, pero él era más rápido. Siguió corriendo, pasó el ascensor, alcanzó a distinguir la sombra de Lucia, miró para atrás, habían siete niños persiguiéndolo, faltaba uno, pero él seguía siendo más rápido, necesitaba llegar con Lucia y luego pensar en una forma para volver al ascensor sin enfrentarse con los fantasmas, siguió corriendo, el cuerpo de Lucia ya se distinguía completamente. Miró una vez más para atrás y cayó contra el pasto. Una rama se había enredado en su pie. Un poco mareado se dio vuelta y miró al cielo, la luna se veía tan grande y hermosa, todavía confundido acomodó sus manos para impulsarse y pararse, cuando de pronto alguien se paró al lado de él, y tapó la luna con su sombrero de bruja. “Lucia, pronto, ayúdame que vienen por nosotros” – Dijo John, pero el rostro de la chica estaba distinto, tenía arrugas, estaba sucio, no era la misma que hace un rato. John intentaba observar qué pasaba. Notó que agarraba un palo con sus manos. Le preguntó qué pasaba, por qué no lo ayudaba, y cuando él hizo fuerza para pararse, Lucia llevó el palo hacia arriba, para luego estrellarlo en la cabeza de John. Su grito se perdió en la cantera, y los niños volvieron al micro escolar, con Lucia a la cabeza.
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Basado en una de las historias de Trick ‘r Treat
2 comentarios:
Muy bueno Kev estoy muy sorpredida tiene efectos rebueno pero la familia unida me gusto mas. Triste con un relato fantastico!!!!
Mis mas sinceras felicitaciones
Felicitaciones !!!!1
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