viernes, 5 de febrero de 2010

El Dragón y El Héroe. Parte I.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte I.
By Chebing














El Comienzo

Había una vez un dragón, el más temible y peligroso que jamás haya existido. Su primera aparición fue la más sanguinaria de todas. Una cálida noche de verano irrumpió en el castillo real y se las arregló para asesinar a todos los que fueron lo suficientemente idiotas como para no huir. Cuerpos descuartizados por doquier y una gran pila de cenizas que solían ser personas fue todo lo que quedo de los habitantes del castillo, que ahora había quedado en ruinas, con muchas personas atrapadas debajo de los escombros. En la torre más alta vivía la única sobreviviente y a la vez rehén del Dragón, la joven Princesa. Y en el interior del castillo, en la parte más profunda, se encontraba el hogar de la bestia.

Desde ese entonces las personas que huyeron se instalaron a unos pocos kilómetros del lugar, e intentaron re hacer su vida. Sin embargo, siempre tuvieron que convivir con la sombra del Dragón, que todos los meses sale a cazar para poder alimentarse. Además, durante las peores tormentas, se pueden observar gigantes bolas de fuego expulsadas al aire, como una amenaza a todos los sobrevivientes. Fue así que rápidamente se corrió la voz de que había un monstruo en el pueblo, y una jugosa recompensa por su cabeza. Desde entonces, guerreros de todos lados han ido en búsqueda de la victoria, pero pocos han vuelto con vida, y ninguno ha vuelto victorioso.

Con el pasar del tiempo, los valientes dejaron de ir. Se corría el rumor de que aquel Dragón era invencible, y que intentar derrotarlo era suicidio. Entonces, la gente del pueblo empezó a perder las esperanzas y poco a poco aprendieron a vivir con la amenaza en las colinas, vigilando todo el tiempo. Y así fue que pasaron los años, hasta que un día como cualquier otro, una persona apareció y juró que iba a asesinar a la bestia. Todos empezaron a hablar sobre él y rápidamente fue la persona más conocida en todo el lugar. Muchos creían en él, otros dudaban pero todos querían aferrarse a la idea de que este desconocido solucionaría su problema.

Durante su estadía en el pueblo, todos lo saludaban, le daban de comer, le regalaban ropa, el herrero afiló su espada y mejoró su escudo, todas las mujeres se le insinuaban, e incluso los altos comandantes hablaban con él y le preguntaban sobre su estrategia para acabar con el problema. Él simplemente se limitaba a contestar que le atravesaría la garganta con la espada, y si eso no funcionaba, que Dios lo ayude. Todos reían al escuchar eso, el Héroe era muy querido por todos.

Una mañana de verano él partió hacia su destino y una tarde de primavera el pueblo festejó su regreso. No traía la cabeza del dragón, pero si traía la suya. Luego de darle la bienvenida merecida, todos esperaban ansiosamente el momento cuando contara su experiencia, su historia, su “leyenda”

Este hombre habló sobre el dragón, era de treinta metros de largo, más rojo que las llamas del infierno, ocho metros de ancho con una cola de aproximadamente quince metros más, la cual utilizaba tan bien como un paladín desenfundaba su espada. De su boca salía fuego que era capaz de derretir el metal más resistente y de convertir en cenizas al caballero más valiente. Era la bestia más impresionante que había visto o escuchado en toda su vida.

Todo el pueblo estaba alrededor de este hombre, escuchando impacientemente su relato, algunos se agarraban de las manos, otro cerraban los ojos, los niños habían sido mandados a la cama, los pocos que escuchaban a la distancia lloraban como si les hubiera quitado su juguete preferido. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo, hasta que un alma (porque ya no eran hombres, eran almas) preguntó: “¿Por qué fallaste?”

El silencio fue absoluto, hasta el aire se movía entre las hojas de los árboles sin siquiera hacer un susurro, la gente tenia la vista clavada en el hombre, sin querer perderse una sola pausa de la que probablemente fuera la oración más importante que escucharían en mucho tiempo…

El hombre tragó saliva y valientemente dijo: “Cuando miré al dragón a los ojos, fue como si todo el miedo de todas las personas en este mundo se juntaran y vinieran hacia mi en cuestión de segundos. Nunca dudé de mí, hasta ese momento. No supe que hacer, estaba temblando, sabía que no lo iba a lograr, y me quedé petrificado. Entonces, el dragón se acercó hacia mí, se acercó tanto que su aliento se sentía como estar colgado de un volcán en erupción. El final estaba cerca y sin embargo, pasó algo milagroso, el dragón me dejo matarlo”.

Cuando el hombre terminó de pronunciar el punto final de su frase, los murmullos no se hicieron esperar, la gente estaba desesperada cambiando opiniones sobre lo escuchado, la pregunta que se hacían era: “Entonces, ¿Por qué no lo mató?”

El hombre abrió la boca y los murmullos se callaron por arte de magia. Prosiguió con su historia: “Me dejó matarlo, y lo intenté. Agarré mi espada, la desenfundé, la tuve en mis manos y tomé las fuerzas suficientes para clavarla en el estomago de ese monstruo, sin importar lo resistente de su piel. Tuve éxito y herí gravemente al dragón, el cual en el instante que sintió mi espada recobró conciencia y se encargó de hacerme sufrir todo lo que él había sufrido, solo que en una proporción diez veces mayor. Para cuando terminó conmigo, no era un hombre, era un muerto viviente deambulando por las tierras de nadie esperando que mi corazón deje de palpitar, porque, en cierta manera, ya lo había dejado de hacer. Pasó el tiempo, que supuestamente es el que cura todas las heridas, y efectivamente, curó muchas de ellas, es un misterio cómo esquivé la muerte, pero lo hice, tuve mi segunda oportunidad, y decidí venir aquí a contarles mi historia no para que teman del dragón sino para que escuchen la verdad de alguien que ha visto al monstruo a los ojos. Estuve en el infierno y regresé”.

El Dragón y El Héroe. Parte II.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte II.
By Chebing















Una Nueva Esperanza

Muchos crudos inviernos habían pasado sin que nadie tuviera noticias nuevas del dragón. Ellos sabían que él estaba allí, tan lejos pero a la vez tan cerca, no creían que fuera posible que el dragón abandone su castillo, pero, ¿Qué pasaría si lo hiciera? Sería el fin del pueblo y del mundo como ellos lo conocían.

En todos esos años, el pueblo conoció la desgracia, la miró a los ojos y reconoció al dragón detrás de todo eso. Muchos empezaron a decir que la única respuesta era ofrecerle al monstruo el sacrificio de un humano, para que pudiera calmar su apetito y no descargue su ira contra el pueblo. Las madres temían por sus hijos, los filósofos por su ética y los religiosos por su alma misma. Pero, con el pasar del tiempo, la locura desplazaba la razón y se escondía con su aroma, plagando el corazón asustado de almas inocentes.

El hombre, “el sobreviviente” –como lo habían llamado- hacía mucho había abandonado el pueblo, necesitaba ver a su familia, abrazarlos y rogarles por perdón, que lo perdonen por poner en riesgo lo más importante, la posibilidad de volver a verlos, a olerlos, a tenerlos entre sus brazos.

El pueblo empezó a ser conocido por el dragón, cada vez menos personas reunían el coraje suficiente para acercarse, lentamente estaban convirtiéndose en un pueblo fantasma. Entonces, un día frío de invierno, tan frío que cada vez que los residentes hablaban parecía que un pedacito de su alma escapaba de su cuerpo, llegó un carruaje con dos personas y muchas esperanzas. El pueblo estaba al tanto de los movimientos de los extraños visitantes, sin saber, que su destino estaría ligado al de ellos.

Eran dos personas normales, con poco que decir y mucho que hacer. Habían venido a matar al dragón, el primero era un experto en el exterminio de criaturas míticas, pero solo en la teoría, jamás en la práctica. El segundo, era un experto en Dragón, no en dragones, sino en Dragón. Toda su vida había estado estudiando al dragón, solo a él, y comparándolo con otros monstruos, anotando sus características, intentando descubrir su punto débil, observándolo como un pintor contempla su obra maestra.

Explicaron su plan, las cosas que necesitarían y su recompensa. Eran personas humildes, solo solicitaron lo necesario para encargarse de él y su recompensa seria un banquete con todos los aldeanos para festejar la muerte de sus problemas. La llegada de estos hombres despertó en el pueblo sus ganas de vivir, rápidamente consiguieron todo lo necesario, y mientras tanto, se ocuparon de sus huéspedes de la mejor forma que conocían. En las calles todos se saludaban con una sonrisa y estaban felices, la llegada del héroe era justo lo que necesitaban, un nuevo cuerpo donde poner su esperanza.

Pocos días después, el nuevo héroe y su asistente dejaron el pueblo en una de las noches más frías de la década, sin embargo, esto no fue impedimento para que todo el pueblo vaya a despedirlos. Todos los saludaban, les daban palabras de fe y aliento, les daban provisiones para el camino, encendían velas y rezaban por ellos. En medio de tan cálida muestra de afecto, los valientes emprendieron su camino.

Para llegar al castillo era necesario atravesar los bosques, a través de distintos senderos plagados de muchas más bestias, quizás no tan feroces, pero sí muy peligrosas. Sin embargo, utilizaron este viaje para repasar su plan una y otra vez, lo sabían de memoria, tenían calculado hasta el más mínimo detalle. No podían fallar, no debían fallar, la victoria sería suya.

Fue así que siguieron lenta pero firmemente, paso por paso, entre los arbustos, pantanos, barro y aullidos, incontables aullidos que parecían una advertencia, o quizás una amenaza de que aquellos no eran bienvenidos en tan salvaje lugar. Sin embargo, ambos siguieron su camino sin prestarle atención a nada, haciendo de cuenta que estaban solos en el bosque. Caminaron y caminaron, hasta que de pronto, pasando un pequeño claro, empezaron a divisar la torre del castillo. En este momento nuestro héroe dudó sobre su misión.

Dicen que ser valiente es no temer a nada, sin embargo, ser valiente significa afrontar los miedos, y en este sentido, nuestro nuevo héroe es el más valiente de todos. Aún cuando sus piernas flaqueaban, su corazón le rogaba para volver y su sentido común le decía que era suicidio, él tragó saliva, apretó el puño y siguió a paso firme hacia el castillo, que se veía tan silencioso que daba un augurio mucho peor a que si estuviera en llamas con el dragón sobrevolándolo. Fue así que después de un duro camino, las dudas, el miedo, el sirviente y el héroe llegaron a los pies del castillo, que era mucho más grande y tenebroso de lo que alguna vez se habían imaginado.

El Dragón y El Héroe. Parte III.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte III.
By Chebing














El Castillo

Una vez al pie del castillo miraron a su alrededor. Empezaron con el cielo, la noche estaba nublada, la luna tenía miedo y se escondía detrás de las nubes. Pocas estrellas se veían, era una noche negra, un mal presentimiento atravesaba el corazón del héroe. Luego miraron al castillo, estaba devastado, lo único que quedaba en pie era la torre, fuera de eso, lo demás eran todas ruinas. Para acceder a él había que atravesar un frágil puente de madera que estaba metros delante de ellos, luego, una puerta de madera hecha pedazos era lo único que los separaría del interior.

Cruzaron el puente, con mucho miedo y rezando por sus vidas. Le pedían a Dios que los ayude, que ilumine su camino. La mitad del puente lo pasaron con los ojos cerrados, para que el corazón no sienta miedo. Lo único que se escuchaba en la tranquila noche eran sus pasos sobre la madera podrida que crujía casi constantemente, como si se tratara de una risa, una risa que se reía de aquellos valientes que quizás no tengan la fortuna para volver a cruzar ese puente jamás.

Luego de atravesar el puente y escabullirse por los huecos de la gran puerta de madera, entraron en la cámara principal del castillo, hecha totalmente de piedra, extremadamente grande, el héroe no pudo evitar imaginarse cómo sería de hermosa aquella cámara en épocas de celebración. Sin embargo, el techo se había caído, habían escombros por doquier, llena de polvo y telarañas, había una oscuridad que les recordaba a los valientes la boca de un lobo. Solo podían ver en los lugares donde no había techo y se colaba la tímida luz de la luna, que estaba escondida detrás de las nubes. Tragaron saliva, tragaron sus miedos, se pusieron en guardia y se abrieron camino hacia la torre más alta del castillo, para encontrarse con algo más que el dragón, para encontrarse con su destino mismo.

Subieron incontables escalones, atravesaron numerosos salones y cuartos, miraron para abajo unas cuantas veces y solo vieron oscuridad, la misma oscuridad que encontraban cuando miraban hacia arriba, la misma oscuridad que caía sobre sus vidas, de las cuales ya no tenían control.

De repente, escucharon la respiración del monstruo, al principio como un susurro, luego como un gruñido. Con cada escalón el ruido aumentaba, el dragón se acercaba, el final se acercaba. Sin demostrar miedo y sin mirar atrás, siguieron subiendo escalones, porque eso es lo que los verdaderos héroes hacen, tienen miedo pero no dejan que influya en sus acciones. Sabían que el final de la escalera se acercaba, empuñaron sus armas con toda su fuerza, apretaron los dientes, sus mentes estaban en blanco, sus corazones agitados, era demasiado tarde para volver. Saldrían triunfantes o no saldrían jamás.

Finalmente empezaron a ver el interior de la cámara, quedaban los últimos escalones. Notaron otra escalera, en forma de espiral, que llevaba a la torre, prisión de la princesa. Siguieron subiendo, cada vez tenían mejor visión, pero a su vez, el ruido del Dragón se escuchaba más y más fuerte, casi como si estuviera al lado suyo. De repente, lo vieron, sumergido en la oscuridad. Estaba acostado, durmiendo, era de un color rojo oscuro, descansaba plácidamente y con cada respiración soltaba una pequeña flama. El héroe no pudo evitar sentir cierta simpatía por él. Se acercaron muy lentamente, casi sin hacer ruido, el plan era clavar la espada en sus ojos para dejarlo ciego, y una vez despierto, le clavarían la espada en el corazón. Pero por más callados que fueron, cuando faltaban tan solo unos pocos pasos para llegar, el Dragón abrió los ojos, y los vio.

El héroe miró fijamente a la bestia que le respondió la mirada, en una combinación de odio y respeto, mientras que el sirviente quedaba atónito ante semejante muestra de comportamiento por parte de la bestia.

Luego, el dragón se acercó a los hombres, a ritmo lento pero constante, sabia que estos tenían miedo y eran peligrosos, no podía asustarlos si deseaba acercarse más. Se acercó a nuestro héroe, lo miró a los ojos y el héroe supo que su llegada no era ninguna sorpresa para el dragón, de hecho, los estaba esperando. Sin embargo había algo en los ojos de la bestia, algo que hipnotizaba a nuestro héroe, no lo dejaba mover. Estaba paralizado mirando a esos ojos rojos, acercándose cada vez más y más, la hora del héroe estaba llegando.

Al ver que éste no se podía mover, el asistente tomó su espada y se escabulló por un costado de la bestia, sin que éste note su movida. Se acercó lo suficiente para apuñalarlo en el corazón, y con suerte, todos sus problemas terminarían con eso. Apretó bien fuerte la espada, miró al pecho de la bestia y tomó envión para apuñalarlo. Luego, cerró los ojos y clavó la espada en el corazón de la bestia.

Sin embargo, la espada no penetró piel, ni escamas, ni órganos, ni nada, al contrario, chocó contra algo metálico. El asistente, completamente muerto de miedo, abrió los ojos lentamente, para ver qué había pasado. Sabía que quizás aquello sería lo último que vería. Grande fue su sorpresa al ver lo que había interrumpido el recorrido de su espada.

El Dragón y El Héroe. Parte IV.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte IV.
By Chebing















El Renacer del Héroe

-¿Por qué lo hiciste? – Preguntó el asistente cuya espada había sido bloqueada por el escudo del héroe, cuya cara cambiaba con cada expresión. Ahora las sombras reflejaban la oscuridad de su alma.

-¿Acaso no lo ves? No soy nada sin él, mi vida depende de la suya, no puedo permitir que nos destruyas – Apretaba el puño en un intento de descargar la ira y la ansiedad que lo consumían por dentro.

-¡Es un monstruo! Vinimos a matarlo, ese es nuestro trabajo, ¿Qué hay de la gente que vive en el pueblo? ¿Qué será de la vida del mundo si el dragón se escapa? - En un rápido movimiento de manos, el héroe agarró su espada, en el más absoluto de los silencios.

-Yo lo puedo controlar, él me escucha, él me hace caso, somos aliados, siempre lo fuimos, solo que ahora lo veo con claridad. Este viaje no fue para nada más que para reunirme con él, me llamaba, me necesitaba, lo necesitaba. Y no puedo permitir que arruines nuestro plan, lo lamento mucho, pero no eres más que un simple peón. - El acero se sintió frío y a la vez caliente en el cuerpo del hombre.

-No lo controlas, nunca lo harás. - El asistente cayó al suelo, herido de gravedad. El dragón y su nuevo aliado tenían muchos planes en los que trabajar, y no había tiempo que perder.

La tierra estaba enojada ese día, el cielo también. Se arrepentían de haber dado vida a semejante monstruo que ahora estaba fuera de control. Necesitaban descargar su ira, y así fue como empezaron los truenos.

La luz de la luna se veía interrumpida por ráfagas blancas, al igual que el sonido de la lluvia, que era opacado por los estruendos en la tierra. El hombre herido recobró conciencia, no había parte de su cuerpo que no le doliera, pero sabía que tenía una última cosa por hacer antes de que llegue su fin, tenía que encargarse de la amenaza con alas.

A paso lento pero firme empezó su recorrido por el gigantesco castillo, en busca de sus presas, en busca de sus asesinos. Los encontró, estaban en uno de los tantos lugares que habían quedado sin techo, parecía que se preparaban para salir a hacer estragos en el pueblo. El asistente se acercó, la lluvia tapaba su ruido, y el blanco resplandor la furia en su cara. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para herir al héroe, desenfundó su arma.

La levantó lo más alto que sus brazos le permitieron y se preparó para dar el golpe mortal, para ese único golpe que haría la diferencia entre el fracaso y la victoria, no debía fallar, no podía fallar.

Sin embargo, en el momento en que el asistente herido iba a dejar libre toda su ira concentrada en su espada, la Madre Naturaleza decidió ayudar nuevamente, solo que esta vez, fue ventaja para la bestia y su aliado. El suelo empezó a gruñir, a agitarse, a temblar. El atacante perdió el equilibrio y cayó al suelo, el dragón y el héroe lo vieron, y ahí acabó toda ilusión de salvación para el pueblo.

Sin embargo, algo más importante robó la atención de la criatura y su aliado. La tierra y su enojo habían dado vida al volcán, el cual llevaba tanto tiempo dormido que despertó con la más absoluta furia que se pudieron imaginar. La erupción no se hizo esperar, ríos de sangre roja caliente como el sol empezaron a destruir caminos, casas, pueblos, todo lo que encontraban al alcance de su mano. Hasta las esperanzas se ahogaban en un mar de gritos de dolor.

La rivalidad entre los hombres pasó a un segundo plano, lo más importante era sobrevivir al magma que clamaba por ellos. El dragón, sin embargo, contemplaba la lava como su amiga, como una digna rival. Rápidamente el héroe subió a la espalda de la bestia, y el hombre herido hizo lo mismo. Forcejearon y lucharon en el lomo del Dragón, con el viento en su cara y la sangre en sus nudillos. Pero no contaban con los planes de la bestia.

El Dragón y El Héroe. Parte V.

Twisted Ink Productions Presents:

El Dragón y El Héroe. Parte V.
By Chebing














El Despertar

-Yo soy el héroe, ¿O todavía no te diste cuenta?

El dragón se detuvo sobre una piedra, una piedra en la cual pudiera mirar la destrucción de su castillo, la destrucción que provocaba la furia roja de la tierra.

-No sos nada

La bestia se movió de repente y de una manera muy brusca, como echando a sus invitados. Ambos hombres cayeron al suelo.

-Yo soy el héroe, yo puedo controlar a la bestia

La cola del dragón se movía nerviosa y chocaba contra el suelo, dejando caer tierra en el infierno bajo ellos, pronto su pequeño lugar para observar el volcán seria arrasado también.

-No la controlas, ella te controla a ti.

La pelea siguió entre el héroe y el hombre que estaba más cerca de la muerte que de la salvación, sin embargo, no podía permitir un fracaso. No tenían armas, excepto sus puños y su orgullo, ambos dieron una buena pelea, pero el héroe, con ventaja, y ante los ojos de la bestia, tiró al hombre herido al mar rojo, rojo de sangre, rojo de furia que se había desatado momentos antes.

Luego, el héroe subió a la espalda de la bestia hacia un lugar más elevado, donde pudieran pensar sus planes en forma más calma, más serena. El héroe caminaba sobre el sendero donde ahora se encontraban, la bestia seguía contemplando el ritual de fuego.

-Iremos norte, cuarenta kilómetros de aquí se encuentra una ciudad, será el lugar perfecto para mostrar de lo que somos capaces. La gente asustada no sabrá que hacer, el caos se esparcirá más rápido que la peste.

El héroe vio una espada tirada en el camino, fue a su encuentro, era una espada muy familiar para él, la espada del ejército de la Cruz del Sur, lugar donde él había servido a su gente, antes de dedicarse al estudio del dragón.

Recuerdos volvieron a su mente, recuerdos de una época más feliz, con la gente que lo quería, con su pueblo, con la paz. Pensó que el culpable era el ejército, por obligarlo a estudiar a la bestia, por obligarlo a volverse uno con la bestia, y ahora era demasiado tarde, deberían pagar por su error.

El héroe estaba impaciente, nervioso, quería emprender el viaje en ese momento, lo necesitaba para quitar las dudas que ahora envolvían su corazón y lo envenenaban como el beso de una cobra, lo necesitaba para saber de que lado se encontraba su lealtad.

Sin reflejo, sin sombra, sin alma, el héroe subió a la espalda del dragón, debían empezar su viaje.

-¡Vamos! ¡A volar! La ciudad del Norte nos espera, sentirán nuestro miedo, nuestro puño, nuestro fuego. El mundo sabrá de nosotros, nuestros nombres serán respetados, serán temidos, serán escritos con fuego en la tumba de cada uno de ellos. ¡Vamos dragón, nuestro tiempo ha llegado!

El dragón permaneció en su posición, contemplando el fuego que ahora había llegado al pueblo. No tenía intención de moverse. No tenía amo que lo hiciera mover.

El Dragón y El Héroe. Parte VI.

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El Dragón y El Héroe. Parte VI.
By Chebing












El Nuevo Comienzo.

La ira y la ansiedad resultaban una mala combinación en el corazón lleno de dudas de un héroe que no sabía qué era blanco y qué no. El dragón seguía sin moverse, con los ojos fijos en el ritual volcánico.

- ¡Te ordené partir!

El dragón se quedó inmóvil.

- Bueno, intenté por las buenas, no me queda otra opción.

La sangre impregnó la espada, caliente y roja como el fuego que se esparcía por debajo de ellos, la sangre de la bestia tenia aroma a muerte. El dragón hipnotizado reaccionó, contra su amo, contra su enemigo.

Lo tiró al suelo y empezó a volar en círculos, a una distancia respetable pero amenazadora, calculando el golpe de gracia, intimidando con los ojos, acechando con las garras.

- ¡Bestia inútil, no eres nada sin mi, nunca lo fuiste, nunca lo serás!

El héroe empezaba a perder la razón, la lógica, lo que lo diferenciaba de los animales, lo que lo hacia humano. La espada temblaba en sus manos mientras la apuntaba hacia el cielo, amenazando al dragón que sobrevolaba el sendero.

El calor era muy fuerte, cada vez se sentía más, nada detenía la lava y nada la detendría hasta consumir el sendero donde se encontraba el héroe. Pronto, su respiración no le permitió seguir ignorando este factor, pensó en la manera de escapar, miró a su alrededor, no había nada, no había nadie. Solo un dragón, y un héroe. Solo un dragón, y un tonto.

La venganza consumía al héroe, mas rápido que la lava consumía al pueblo que había hospedado al mismo, sólo le importaba matar al dragón, matar a aquel que fue más inteligente que él, matar a quien lo uso.

El dragón entendió la situación, reconoció la venganza en la cara del héroe y tomó distancia, distancia para embestirlo. Éste sostuvo la espada lo más fuerte que sus manos le permitieron, y cerró los ojos para no ver el miedo. El dragón lo embistió de frente, con sus garras, lastimándolo gravemente pero no demasiado y procurando salir ileso. El héroe había sido sentenciado a muerte.

En pocos minutos, la muerte llegaría al héroe, sólo había que esperar para saber de qué manera lo haría. Por la lava, por el calor, por las heridas, por el suicidio, por la locura, de cualquier manera su reloj de arena estaba marcando sus últimos granitos, cuando por fin pudo abrir los ojos y ver la realidad.

Los pensamientos lo golpearon en la cara, ahora todo era claro, él había sido usado, y cuando ya no era útil, lo habían eliminado. Finalmente comprendió que aquel dragón era más que una bestia, era algo casi humano, y había sido más inteligente que él.

Lágrimas escapaban de sus ojos, lamentos de sus labios y furia de sus puños. Golpeaba la tierra, golpeaba su cabeza, pero nada de ello volvería el tiempo atrás. Había sido un ingenuo.

El poder lo consumió, lo cegó. Traiciono a los que confiaban en él, a su amigo, a sus ideales y a si mismo. Ya no quedaba nada más, ni una segunda oportunidad, ni una primera oportunidad. El calor pronto se transformo en el agua bendita que perdona todos los pecados.

El dragón eligió un mejor lugar para ver las llamas. Se quedó parado mirando como el fuego hacía lo que mejor sabe hacer, consumir todo lo que esté a su alcance. Inclusive el héroe, especialmente el héroe.

El pueblo ahora no era más que cenizas. El dragón se mantenía impune, todopoderoso, omnipotente sobre terreno elevado, escondido entre el humo de la lava.

La hora del héroe se acercaba, no podía soportar el calor. Lágrimas caían de su cara, no porque su momento estuviera cerca, sino porque se había dado cuenta de que su papel no fue otra que el de una marioneta, siguiendo paso por paso todas las instrucciones de su amo, y esto es quizás lo que lo convierte en un héroe, el reconocimiento de sus errores.

El titiritero se mantenía extasiado mirando el ritual de fuego. Sabía que ahora todos sus sueños se volverían realidad, que podría gobernar absolutamente todo lugar donde se posaran sus ojos, y sin embargo, lo único que hizo fue soltar una pequeña flama de su boca.

jueves, 4 de febrero de 2010

Triste Relato de Amor

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Triste Relato de Amor
By Chebing







Triste Relato de Amor

Había una vez una chica capaz de hacer realidad absolutamente todo lo que escribía. No importaba la tinta, tampoco el papel, mientras lo escribiera ella, se hacía real. Suena perfecto, ¿No? Bueno, no para ella. Al contrario, era su maldición.

“3 de Noviembre: Hoy volví a verlo, al igual que todos los martes a la mañana se sentó en la última fila de la clase de Biología, un par de veces me volteé a verlo, pero no demasiadas. Noté que cada vez que lo miraba, me respondía la mirada. Sus ojos verdes, profundos como el océano, me miraban fijamente, cálidos, sinceros.”

Si uno tiene el poder de cambiar al mundo y a la gente de la manera que más le plazca, al principio va a disfrutarlo lo más posible, pero luego, ¿Qué satisfacción hay en obligar a la gente a hacer lo que uno quiere?

“7 de Noviembre: Hoy es la fiesta de María. Me pregunto si él irá. Claro que sería más fácil escribirlo, pero no sería lo mismo. Quiero saber que aunque sea por una vez, es real, es todo real.”

A ella le encantaba leer, pero más aun escribir. Sin embargo, solo podía escribir en su diario cosas que ya habían pasado, y que no alterarían la realidad. Cualquier cosa en presente o futuro que escribiera, se volvería realidad, sin importar qué.

“8 de Noviembre: El día más feliz de mi vida. Bailamos, me agarró la mano, puso sus brazos alrededor mío y lentamente se acercó cada vez más, hasta que, pasando la yema de sus dedos suavemente por mi cara, me dio el beso más perfecto de la historia. Lento, apasionado, romántico, sensual, jamás me sentí así en toda mi vida.”

Teniendo el poder de esta chica, si uno hace que le entreguen dinero, ¿No sería eso robar? Si hace que otra persona muera, inclusive si es a través de un suicidio, ¿No sería homicidio? Y si obligamos a que se enamoren de nosotros, ¿Sería amor?

“7 de Diciembre: Hoy cumplimos nuestro primer mes juntos. Estos 30 días fueron absolutamente fantásticos, jamás sentí nada parecido. Cuando estoy con él no tengo que pretender ser nadie más, no estoy nerviosa, me siento segura, me siento comprendida, me siento querida.”

Porque el autentico y genuino amor, no se puede “fabricar”, no se puede obligar, ni inventar ni escribir. Y ella lo sabía.

“6 de Enero: Llegué a su casa, y me encontré con la desagradable sorpresa de que Lucia estaba ahí. Supuestamente tenían que estudiar, pero no logro quedarme tranquila.”

Y quizás, lo que uno consigue por cuenta propia, si bien es mucho más satisfactorio, puede irse tan fácil como vino. No se tiene control sobre eso. Es probable que esto haya causado la tragedia que se desató después.

“23 de Enero: Estoy cansada de verlos todo el tiempo juntos. Ya no me presta atención, no me llama, no salimos, es todo sobre ella, ella y nadie más, la odio.”

Sin embargo, ella no era una chica mala, era simplemente eso, una chica. Y esta historia, al final de cuentas, es sobre un chico y una chica, nada más.

“25 de Febrero: Hoy me dijo que lo estaba sofocando, que era muy celosa, que no lo dejaba tranquilo, que necesitaba espacio, y no sé cuántas mentiras más. Es ella, ella le lavó el cerebro, lo alejó de mí, me lo robó, es mío, mío y de nadie más. La odio, la odio… ‘Ella camina desde el colegio hasta la casa de su amado, entra, se sienta en el sofá y se clava un cuchillo en la panza, revolviéndolo por todo el abdomen, sintiendo el mayor dolor que alguien se puede imaginar, hasta que de pronto, cae al piso su cuerpo sin vida’ Con eso bastará.”

El amor lleva consigo muchas emociones, lleva inseguridad, celos, odio, ira, no es simplemente estar abrazados y decirse cosas bonitas al oído, es peleas, malos momentos y discusiones, pero, al final del día, es saber que hay algo más grande que todas las peleas y discusiones, es saber que cuando se van a acostar, ambos quieren ser lo último que vea el otro cuando cierra los ojos, y lo primero que ve cuando despierta.

“26 de Febrero: Hoy fue su funeral. Hoy me arrepentí de haberla matado. Y me arrepentí mucho más cuando me enteré que el suicidio fue en la casa de su novio, y no en la casa del mío”

Claro, podría haber tomado todos los recados necesarios para que no la descubran, para que no la atrapen. Quizás hasta podría haber deshecho sus crímenes, no lo sabemos ya que no estamos completamente seguros de su funcionamiento. Pero sí sabemos que esto es lo que ella quería, puesto que entre tantas cosas que pudo haber hecho, decidió responder por sus pecados.

“28 de Febrero: Encontró mi diario. Lo leyó. Se fue espantado. Terminó todo. No tengo miedo de lo que vaya a pasar. Ya nada me importa. Nada. Después de la forma en la que me miró, mi alma murió y con ella todos mis sueños y esperanzas. Sentí el odio, el asqueo, la vergüenza. No queda nada para mí.”

A continuación transcribimos la última entrada que encontramos en su diario.

“2 de Marzo: Tengo miedo. Pero así debe ser. ‘Todos despiertan, excepto ella, quien sigue acostada con sus ojos cerrados. Pero ahora es imposible despertarla, el veneno hizo efecto en algún momento de la madrugada, y jamás volverá a lastimar a nadie. Extrañamente, todos ahora entienden por todo lo que tuvo que pasar aquella chica, y el chico, en lo más profundo de su corazón, sabe que ella siempre lo amó, y que lo que más quería era saber que él la amaba también.’

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2do Relato de la Saga: “Escribiendo la Realidad”. Dedicado a Julic

La Historia Inconclusa

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La Historia Inconclusa
By Chebing










La Historia Inconclusa

Todo empezó en una reunión, era una de esas donde te invitan para quedar bien, y vos llevas a un amigo para que te haga la gamba, engañándolo con la promesa de conocer gente del sexo opuesto con quien pasar un buen rato. Sin embargo, desde ese día que la frase: “Todo puede cambiar en un segundo” tomó sentido en mi vida.

Habíamos llegado tarde, siguiendo el manual de los caballeros codiciados que indicaba nunca llegar en el horario especificado a ninguna reunión, sino hacerse desear un poco, llegando algunos minutos más tarde. Entramos, saludamos a la única persona que conocíamos y rápidamente empezamos a hacer sociales con muchas de las personas que se encontraban allí. Así fue como la conocí a ella.

Al verla sentí algo que nunca había sentido antes, el amor a primera vista. En cuanto nuestros ojos se encontraron por primera vez, desatamos una guerra de miradas que duró una eternidad, pero quedó sólo en esos, miradas. Yo me encontraba contra una columna de mármol, ubicada cerca de la entrada, con un trago en la mano, mientras que ella estaba en el centro del salón, sosteniendo una pequeña cartera roja que combinaba con sus tacos del mismo color y juntos le daban vida a su vestido negro, que dejaba gran parte de la espalda al descubierto, extremadamente provocador.

Recuerdo haberla mirado mientras recorría con los ojos el salón, ella estaba conversando con una mujer algunos años mayor a ella, sin embargo no pasó mucho tiempo antes que se percate que la estaba mirando. Quizás fue coincidencia, quizás notó mi mirada. El hecho es que mantuvo su mirada por mucho tiempo, quizás un minuto. Obviamente yo no iba a mirar para otro lado, y se ve que ella tampoco iba a hacerlo, pero su compañía le tocó el brazo como demandando su atención, y tuvo que seguir con la charla. Sin embargo, aquello fue suficiente para que sus ojos queden grabados en mi memoria. El resto de la noche siguió con normalidad y no volví a cruzarla, aunque debo reconocer que tampoco la busqué.

Algunos días más tarde, me junté con el anfitrión de la fiesta, quien me preguntó cómo la había pasado, si la música y la comida eran de mi agrado y otras preguntas triviales sobre la organización. Yo respondí muy honestamente que estaba encantado con la manera en que habían resultado las cosas y le agradecí la invitación. Luego, pasamos a la charla de caballeros, por decirlo de alguna manera, y me preguntó si le había echado el ojo a alguna señorita. Independientemente de que aquella noche yo había hablado con varias personas, en la primera que pensé fue en aquella señorita con la que no pude cruzar una palabra, entonces, perdido por perdido, decidí comentarle sobre ella.

Fue una grata sorpresa que él supiera casi inmediatamente de quién estaba hablando, y me prometió ponerme en contacto con ella. Yo quedé bastante entusiasmado y luego seguimos charlando sobre otras cosas. Para el final de la semana, yo ya tenía el teléfono y el nombre de la muchacha. Al día siguiente, teníamos una cita.

Estaba muy nervioso, recuerdo que empecé a prepararme tres horas antes. Me pegué una ducha, me afeité, probé unos cuantos peinados, me puse perfume y me cambié unas cuantas veces. Además, hice reservaciones en el restaurant, las cuales las confirmé varias veces durante el día y cargué nafta y revisé el aceite del auto. Nada podía salir mal. Con tiempo de sobra emprendí el viaje hacia su casa.

Vivía en un departamento bastante agradable por fuera, ubicado en uno de los mejores barrios. Estacioné en la puerta, me bajé, toqué timbre, preguntó quién era, le contesté y luego dijo que ya estaba bajando. Encendí un cigarrillo mientras tanto. Estaba tranquilo pero a la vez nervioso. Miré hacia dentro del edificio, el ascensor había llegado a su piso, luego, empezaba a bajar, lentamente. Finalmente llegó a planta baja, y comenzó a abrir su puertas, yo miraba fijamente, con cara de seductor – aunque probablemente haya causado más gracia que otra cosa- hasta que la vi, estaba incluso más hermosa que la última vez. Vestía unos vaqueros azul oscuro con una remera bastante sobria, estaba muy simple, pero muy hermosa. La saludé, parecía que nos conocíamos de toda la vida. Fuimos al auto, le abrí la puerta y nos dirigimos al restaurant.

La cena fue excelente, ella era graciosa, simpática, inteligente. Jamás dejamos de hablar, y jamás me aburrí. Además, parece que tenemos un gusto parecido porque estuvimos compartiendo parte de la comida. El postre directamente lo pedimos juntos. Era una noche ideal. Ella se ofreció a pagar y yo no lo acepté, incluso se enojó un poco, pero la convencí diciéndole que aceptaba una taza de café en su lugar, siempre y cuando fuera invitación de ella.

De ahí en más empezamos a vernos cada vez más y más seguido, hacíamos de todo, cena, cine, paseos, plazas, cocinábamos, era increíble, jamás había estado tan contento. Ella tenía un trabajo de oficina, al igual que el mío, lo que también sumaba puntos. No podía creer lo rápido que estaban yendo las cosas.

Sin embargo, no todo era color de rosas. Yo sabía que lo nuestro era imposible, y que jamás daría resultado, sabía que no era más que un capricho, sabía que estaba traicionando su confianza, sabía que ella necesitaba mi ayuda, y fue así como dejé todo de lado, para convertirme en algo más, algo que la pudiera ayudar, algo creado por mi amor por ella.

Así fue como pasó el tiempo, cada vez que la veía moría de felicidad, pero al separarnos no quería saber más nada de ella, simplemente por no querer lastimarla. Yo sabía que en algún momento ella querría poner las cosas en claro, volver la relación en algo más serio, pero yo no podía, no quería, no lo haría. Incontables fueron las veces en que pensé en desaparecer y que ella lentamente se olvide de mí, aunque sabía que sería imposible para mi olvidarme de ella.

De esta manera llegamos hasta esta instancia, a horas de volver a verla, pero después de conocerla mucho mejor, después de decidir lo que sería de nuestra suerte.

Esperé hasta diez minutos pasadas las once, siguiendo el manual de los caballeros codiciados, y llegué a la playa, cerca de las orillas, donde ella estaba esperándome tirada en la arena y mirando las estrellas. Me acerqué, simplemente extendí mis brazos hacia ella y la ayudé a levantarse. Las sonrisas en nuestros rostros no nos permitían hablar y sólo pudimos abrazarnos, no demasiado pero si lo suficientemente para poder oler el aroma a perfume y arena que tenía en el pelo.

Nos separamos, pero nuestras manos quedaron unidas, a veces agarradas del todo, a veces simplemente de la punta de los dedos. Hacía un poco de frío, pero no mucho, es más, me atrevo a decir que era la temperatura perfecta para querer abrazarla y no dejarla ir, para sentir sus mejillas frías que lentamente se ponen tibias. Nos mirábamos, queríamos continuar la guerra de miradas de la otra vez, sólo que con una diferencia. Antes la mirada transmitía un poco de inocencia, ahora era amor.

Empezamos a hablar, recuerdo el viento moviendo su pelo, me encantaba como le quedaba. Cada vez hablábamos más y más cerca, cada vez más y más abrazados. Mis ojos se turnaban para contemplar el verde esmeralda que tenían los suyos y sus labios carnosos, provocadores.

No puedo recordar que decía mi boca, pero era simplemente una excusa para acercarme más a la suya, me acercaba tanto que podía sentir su respiración, que podía sentir su fría nariz chocar con la mía. Luego, mis brazos estaban alrededor de su cintura, y los suyos alrededor de mi cuello.

Estaba todo dado, no faltaba nada, bajo la luz de las estrellas había llegado el momento que tanto había ansiado, que tanto había esperado. Todo era perfecto, todo estaba en su lugar, de repente, me acerqué los últimos centímetros, y ella cerró sus ojos, manteniendo su boca abierta, pero sin decir una sola palabra.

Fue ese segundo donde todo se desmoronó, fue ese segundo el que cambió mi vida. En ese instante comprendí que estaba mal y que estaba reaccionando ante un capricho, que estaba haciendo lo equivocado y que debía irme lo más pronto posible de ahí. Fue en ese instante en el que pude ver toda su inocencia en su máxima expresión, inocencia que yo hacía mucho había perdido.

Retrocedí un poco, ella rápidamente abrió los ojos y me preguntó qué pasaba. Yo no podía hablar, ella esperaba mi respuesta. Estaba parada mirándome, y yo debía decirle algo, era lo mínimo que se merecía. La tomé de la mano, la miré a los ojos y le dije: “Te amo… Adiós”. Di media vuelta y empecé a caminar.

Ella quedó desmoronada sobre la arena, podía escuchar su lamento fundiéndose con el ruido de las olas, yo seguía caminando, la decisión ya había sido tomada, no podía arrepentirme ahora. De golpe comenzó un fuerte viento que me recorría de los talones hasta la nuca, erizándome la piel. Sentía mucho frío, pero seguía caminando. Entonces empecé a pensar en el por qué de mi decisión, qué era lo que estaba mal con ella o conmigo qué no hacía posible seguir adelante con esto. Lo sabía, lo sabía perfectamente, pero era demasiado morboso para decírselo o siquiera intentarlo. Las veces anteriores había podido controlarme, pero en ese momento, en la playa, sentí que perdía el control, y qué sería de ella si yo perdía el control, no, mi decisión era correcta, y debía mantenerme firme.

Ya estaba bastante alejado del lugar cuando decidí mirar hacia atrás. En medio de la oscuridad no pude distinguirla a ella ni el lugar donde estábamos. Miré hacia el mar y noté una sombra, entrando cada vez más y más en lo profundo. Sería verdad o un truco de mi mente, no lo sabía. Paré de caminar, no sabía si volver o seguir. Miré una vez más, la sombra parecía real, pero casi no se podía ver, el agua la estaba cubriendo por completo. Fue entonces que tomé la decisión.