
Twisted Ink Productions Presents:
El Dragón y El Héroe. Parte I.
By Chebing
El Comienzo
Había una vez un dragón, el más temible y peligroso que jamás haya existido. Su primera aparición fue la más sanguinaria de todas. Una cálida noche de verano irrumpió en el castillo real y se las arregló para asesinar a todos los que fueron lo suficientemente idiotas como para no huir. Cuerpos descuartizados por doquier y una gran pila de cenizas que solían ser personas fue todo lo que quedo de los habitantes del castillo, que ahora había quedado en ruinas, con muchas personas atrapadas debajo de los escombros. En la torre más alta vivía la única sobreviviente y a la vez rehén del Dragón, la joven Princesa. Y en el interior del castillo, en la parte más profunda, se encontraba el hogar de la bestia.
Desde ese entonces las personas que huyeron se instalaron a unos pocos kilómetros del lugar, e intentaron re hacer su vida. Sin embargo, siempre tuvieron que convivir con la sombra del Dragón, que todos los meses sale a cazar para poder alimentarse. Además, durante las peores tormentas, se pueden observar gigantes bolas de fuego expulsadas al aire, como una amenaza a todos los sobrevivientes. Fue así que rápidamente se corrió la voz de que había un monstruo en el pueblo, y una jugosa recompensa por su cabeza. Desde entonces, guerreros de todos lados han ido en búsqueda de la victoria, pero pocos han vuelto con vida, y ninguno ha vuelto victorioso.
Con el pasar del tiempo, los valientes dejaron de ir. Se corría el rumor de que aquel Dragón era invencible, y que intentar derrotarlo era suicidio. Entonces, la gente del pueblo empezó a perder las esperanzas y poco a poco aprendieron a vivir con la amenaza en las colinas, vigilando todo el tiempo. Y así fue que pasaron los años, hasta que un día como cualquier otro, una persona apareció y juró que iba a asesinar a la bestia. Todos empezaron a hablar sobre él y rápidamente fue la persona más conocida en todo el lugar. Muchos creían en él, otros dudaban pero todos querían aferrarse a la idea de que este desconocido solucionaría su problema.
Durante su estadía en el pueblo, todos lo saludaban, le daban de comer, le regalaban ropa, el herrero afiló su espada y mejoró su escudo, todas las mujeres se le insinuaban, e incluso los altos comandantes hablaban con él y le preguntaban sobre su estrategia para acabar con el problema. Él simplemente se limitaba a contestar que le atravesaría la garganta con la espada, y si eso no funcionaba, que Dios lo ayude. Todos reían al escuchar eso, el Héroe era muy querido por todos.
Una mañana de verano él partió hacia su destino y una tarde de primavera el pueblo festejó su regreso. No traía la cabeza del dragón, pero si traía la suya. Luego de darle la bienvenida merecida, todos esperaban ansiosamente el momento cuando contara su experiencia, su historia, su “leyenda”
Este hombre habló sobre el dragón, era de treinta metros de largo, más rojo que las llamas del infierno, ocho metros de ancho con una cola de aproximadamente quince metros más, la cual utilizaba tan bien como un paladín desenfundaba su espada. De su boca salía fuego que era capaz de derretir el metal más resistente y de convertir en cenizas al caballero más valiente. Era la bestia más impresionante que había visto o escuchado en toda su vida.
Todo el pueblo estaba alrededor de este hombre, escuchando impacientemente su relato, algunos se agarraban de las manos, otro cerraban los ojos, los niños habían sido mandados a la cama, los pocos que escuchaban a la distancia lloraban como si les hubiera quitado su juguete preferido. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo, hasta que un alma (porque ya no eran hombres, eran almas) preguntó: “¿Por qué fallaste?”
El silencio fue absoluto, hasta el aire se movía entre las hojas de los árboles sin siquiera hacer un susurro, la gente tenia la vista clavada en el hombre, sin querer perderse una sola pausa de la que probablemente fuera la oración más importante que escucharían en mucho tiempo…
El hombre tragó saliva y valientemente dijo: “Cuando miré al dragón a los ojos, fue como si todo el miedo de todas las personas en este mundo se juntaran y vinieran hacia mi en cuestión de segundos. Nunca dudé de mí, hasta ese momento. No supe que hacer, estaba temblando, sabía que no lo iba a lograr, y me quedé petrificado. Entonces, el dragón se acercó hacia mí, se acercó tanto que su aliento se sentía como estar colgado de un volcán en erupción. El final estaba cerca y sin embargo, pasó algo milagroso, el dragón me dejo matarlo”.
Cuando el hombre terminó de pronunciar el punto final de su frase, los murmullos no se hicieron esperar, la gente estaba desesperada cambiando opiniones sobre lo escuchado, la pregunta que se hacían era: “Entonces, ¿Por qué no lo mató?”
El hombre abrió la boca y los murmullos se callaron por arte de magia. Prosiguió con su historia: “Me dejó matarlo, y lo intenté. Agarré mi espada, la desenfundé, la tuve en mis manos y tomé las fuerzas suficientes para clavarla en el estomago de ese monstruo, sin importar lo resistente de su piel. Tuve éxito y herí gravemente al dragón, el cual en el instante que sintió mi espada recobró conciencia y se encargó de hacerme sufrir todo lo que él había sufrido, solo que en una proporción diez veces mayor. Para cuando terminó conmigo, no era un hombre, era un muerto viviente deambulando por las tierras de nadie esperando que mi corazón deje de palpitar, porque, en cierta manera, ya lo había dejado de hacer. Pasó el tiempo, que supuestamente es el que cura todas las heridas, y efectivamente, curó muchas de ellas, es un misterio cómo esquivé la muerte, pero lo hice, tuve mi segunda oportunidad, y decidí venir aquí a contarles mi historia no para que teman del dragón sino para que escuchen la verdad de alguien que ha visto al monstruo a los ojos. Estuve en el infierno y regresé”.






